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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 116 | Ver Comentario al Salmo 116 |Salmos 116 (RV60) --Acción de gracias por haber sido librado de la muerte
1 Amo a Jehová, pues ha oído ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." salmo 116 comentario Este es un salmo de acción de gracias, en el que un individuo, no la nación de Israel, recuerda su experiencia personal del poder salvador de Dios. I. El gran apuro en que se veía (vv. 3, 10, 11). II. La oración que elevó a Dios en dicha situación (v. 4). III. La respuesta de Dios a su oración (vv. 1, 2, 5, 6, 8). IV. Su agradecimiento a la bondad de Dios (vv. 1,2,7,9, 13-19). Versículos 1-9 1. El salmista declara aquí en general su experiencia y su piadosa resolución (vv. 1, 2), que luego detallará a lo largo del salmo, «tía escuchado la voz de mis súplicas», dice. «Ha inclinado a mí su oído cuantas veces le he invocado en mi vida» (mejor, literalmente: « Y, por eso, en (todos) mis días le invocaré»). Gran condescendencia es de parte de Dios el inclinar su oído para escuchar nuestras oraciones. Por eso, el salmista comienza de modo abrupto: «Amo (a Él), porque Yahweh escucha» (lit.). De ahí su resolución (v. 2b. Lit.). ¿Por qué hemos de espigar en otro campo, cuando tan bien hemos sido tratados en éste? 2. A continuación, refiere en detalle su experiencia: (A) Estaba en gran apuro (v. 3, comp. con 18:4); se veía ya atrapado por la muerte, no sabemos por qué causa. (B) Entonces elevó a Dios una breve oración (v. 4), cuyo resultado aparece en los vv. 5-7, donde, tras la ya bien conocida descripción del carácter de Dios (v. Ex. 34:6; Sal. 111:4; 112:4, etc.) y de su amor a los «sencillos» (19:7), da testimonio de la bondad de Dios hacia él (v. 6b), dialoga consigo mismo (v. 7): «\Vuelve, alma mía, a tus sosiegos (plural de intensidad), pues Yahweh ha sido benéfico hacia ti» (lit.). (C) En tres breves, pero expresivas, frases condensa los detalles de su liberación: (a) Dios ha librado (comp. con 56:13) su vida de la muerte; (b) sus ojos, de las lágrimas, y (c) sus pies, de resbalar (comp. con 73:2). Gran favor de Dios es ser librado de la muerte, pero también es grande ser librado de la depresión de ánimo y del resbalón del pecado, que suele ser, con frecuencia, fruto de la depresión (v. 8). (D) Por eso, renueva su propósito de vivir devotamente: «delante de Yahweh» (v. 9, comp. con Gn. 17:1), en la tierra de los vivientes (contraste con el v. 3), es decir, en esta vida, pues es (a) tierra de bendiciones, por las que debemos estar agradecidos; (b) tierra de oportunidades, de las que hemos de sacar provecho. Versículos 10-19 La Septuaginta (los LXX) y otras versiones antiguas (entre ellas, la Vulgata Latina) hacen de estos versículos un salmo aparte —el 115—. Aquí el salmista hace profesión: 1. De su fe (v. 10): «Mantuve mi fe, aun cuando decía: Estoy afligido en gran manera.» El apóstol cita, en 2 Co. 4:13, la primera parte de este versículo, basado en los LXX, pero muy oportunamente, porque también él mantenía bien su fe en medio de las aflicciones a las que se refiere. El v. 11, cuya primera frase está tomada de 31:22, da a entender que el salmista había sido presa del pánico (esto es lo que significa aquí «apresuramiento»), al faltarle el apoyo de quien más lo esperaba, por lo que, convencido de la futilidad de toda ayuda humana, sentencia: «Todo hombre es mentiroso», es decir, falaz: no es fiable, su ayuda es vana (60:11, comp. con Jer. 17:5). De aquí saca Pablo su frase de Ro. 3:4, y a esta luz hay que entenderla. 2. De su gratitud (vv. 12 y ss.). Dios le había colmado de favores y beneficios; más de los que había pedido y esperado cuando se veía afligido (v. 10). Sabia que no podía dar a Dios nada que guardase alguna proporción con lo que de él había recibido; por eso dice (v. 12): «¿Qué pagaré, etc.?», como diciendo: «¿Cómo podré demostrar, con algo que le sea aceptable, que le estoy sumamente agradecido?» (A) «La copa de salvación» (v. 13) parece aludir a la ofrenda de libación que vemos en Nm. 15:5,7, 10, aunque también podría—menos probablemente— aludir a la del sacrificio pascual, memorial de la salvación de Egipto. Esto es lo primero que ofrece en agradecimiento por el gran beneficio que Dios le ha concedido. También nosotros hemos de levantar la copa de salvación, pues Dios nos ha librado de la muerte eterna, gracias a la copa de aflicción (Jn. 18:11), que Cristo bebió por nosotros, y así hemos de invocar el nombre de Yahweh (v. 13b), es decir, proclamar que El es nuestro Salvador. (B) A continuación (v. 14, repetido en v. 18, y comp. con 22:17), promete cumplir a Yahweh los votos que hizo cuando se halló en extremo peligro, y lo hará delante de todo su pueblo para testificar públicamente que le debe la vida a Dios. El v 15 se entiende bien en este contexto, a la luz de 72:14. El sentido no es que a Dios le agrada, sino que le duele (le pone gran precio) la muerte de sus piadosos, por lo cual se apresura a librarles de ella, pues no quiere ponerla de balde en manos de sus enemigos. (C) Para el futuro, y animado por la experiencia del pasado, apela a su continua dependencia de Dios (v. 16), con acentos parecidos a los de 86:16. Comp. la segunda parte del versículo con el v. 3, para entender lo de las «ligaduras» (el verbo «soltar» está en perfecto, es decir, pretérito). De dos maneras se hace el hombre «siervo de Dios»: (a) Por nacimiento («Soy hijo de tu siervo», nacido en tu casa); gran beneficio es haber nacido de padres cristianos, (b) Por redención, esto es, por compra personal: «Señor, tú has soltado mis ligaduras', así que soy tu siervo, tanto para servirte como para ser protegido por ti; las ligaduras que me has soltado me ligarán a ti más fuertemente.» (D) Finalmente (vv. 17-19), promete ofrecer a Dios sacrificio de acción de gracias (lit.), conforme se describe en Lv. 7:11 y ss. y según la exhortación del Sal. 107:22. Como en el v. 13, lo hará invocando el nombre de Yahweh, esto es, proclamando públicamente que Dios es su Salvador de los peligros y apuros en que se ha encontrado, en tos atrios del templo, a los que tenían acceso todos los israelitas, pues sólo los sacerdotes podían entrar en el santuario propiamente dicho; en medio de ti (como centro religioso, más bien que geográfico), oh Jerusalén. Así tratará de dar mayor prestigio a la verdadera devoción.
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