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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 109
(RV60) -Clamor de venganza
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Nota del
traductor: Este salmo ha sido vehementemente criticado por las terribles
maldiciones de los vv. 6-19, que, aun dentro de la mentalidad del A.T.,
suenan demasiado mal, especialmente si se acepta la autoría de David. Si
se hace un cuidadoso análisis del texto, es menester —como advierte
Bullinger— rellenar una elipsis al final del v. 5, lo cual, como en otros
lugares, se hace añadiendo el verbo decir, del modo que veremos en
su lugar. Esto significa que el comentario de M. Henry a dichos versículos
6-19 no nos sirve, pues lo supone en boca de David. Cohén hace notar que
el salmista dice en el v. 28: «Maldigan ellos, pero bendice tú», «y
es natural entender sus palabras como referentes a las imprecaciones que
se hallan en el salmo. Serían extraordinarias (o "asombrosas") si
procediesen de los labios de alguien que se había entregado precisamente a
una orgía de maldiciones». Versículos 1-5 El inefable consuelo de todos los buenos es que, quienquiera esté contra ellos. Dios está por ellos. 1. El salmista apela aquí al juicio de Dios (v. 1): «No calles, sino de tu presencia proceda mi vindicación (17:2). No difieras hacer justicia, pues a ti apelo.» El título que da aquí a Dios es: «Oh Dios de mi alabanza, esto es, el Dios a quien he alabado en el pasado por los favores que me ha concedido.» En esa experiencia se apoya para acudir de nuevo a El. 2. Se queja de sus enemigos. (A) «Son malvados, que se deleitan en hacer el mal (vv. 2-5). (B) Son engañadores (v. 2) en sus protestas de buena voluntad, mientras a mi espalda hablan contra mí con lengua mentirosa. (C) Son injustos, pues pelean contra mí sin motivo (v. 3); nunca les provoqué. (D) Son ingratos, pues me odian (v. 3) en pago de mi amor (v. 4) y me devuelven mal por bien» (v. 5). Cuanto más bien les hacía, más mal tramaban contra él. 3. Resuelve continuar en oración (v. 4b), no sólo para mantenerse en comunión con Dios, sino también para interceder por sus enemigos. Así lo sugiere la semejanza con 35:13, y la letra del original, pues dice: « Y yo (soy) oración» (comp. con 120:7: «Yo (soy) paz.» Lit.). A pesar de ser adversarios suyos y tramar toda clase de males contra él, él continuaba orando por ellos. Así lo hizo el Señor en la cruz (Le. 23:34), y así debemos hacer nosotros con quienes nos odien y hagan el mal, no pecando contra el Señor en cesar de orar por ellos (1 S. 12:23). Versículos 6-19 Como ya insinuamos en la introducción del salmo, al final del v. 5 es preciso añadir el gerundio «diciendo». Todo lo que sigue hasta el v. 19 inclusive, ha de entenderse como puesto en boca de los enemigos del salmista. Las imprecaciones que dirigen contra él son terribles: 1. Piden que sea entregado a un juez sin conciencia, impío, y que un acusador (hebreo, satán) inclemente (comp. con Zac. 3:1) esté a su diestra; uno de sus peores adversarios (v. 4, donde sale el vocablo yisteneni, de la misma raíz). 2. Piden que sea condenado en el juicio, de forma que esto sea una prueba de que es realmente culpable y, por eso, su oración no ha sido oída por Dios, sino «tenida por pecado» (v. 7). 3. Piden que sea cumplida en él la sentencia de muerte (v. 8), de forma que se le acorte la vida y pase a otro el oficio que, según ellos (vv. 16 y ss.), tan injustamente desempeñó. Con el empleo, se llevarán también sus posesiones (ése es el sentido del vocablo en Is. 15:7), con lo que su viuda y sus hijos quedarán, no sólo huérfanos, sino en la miseria, con todas las terribles consecuencias que estos implacables enemigos contemplan y desean: sus hijos mendigando, su hogar desolado (v. 10), el acreedor apoderándose de lo poco que les quede y extraños gozando de los frutos del trabajo ajeno (v. 11), que nadie se apiade de ellos (v. 12) y que, finalmente, su posteridad quede exterminada en la segunda generación (v. 13). Dice Kirkpatrick: «Un israelita, con su fuerte sentimiento de solidaridad familiar, anhelaba sobrevivirse en sus descendientes; y la extinción de la familia era tenida por la más terrible de las calamidades.» 4. Para justificar las terribles imprecaciones que lanzan contra él, se basan: (A) En la injusta e infundada excusa de que no hacía sino pagar los crímenes de sus antepasados (vv. 14, 15), de acuerdo con Ex. 20:5, y piden que esos pecados no se borren de la memoria de Dios ni del registro que Dios guarda de las acciones humanas (comp. con 51:1b). (B) En la falsa imputación de que había abusado de su cargo para perseguir a los afligidos y menesterosos (v. 16). Esto es lo que hizo Simeí contra David (2 S. 16:7, 8). (C) En la también falsa imputación de que él acostumbraba maldecir a los pobres, hasta el punto de serle la maldición como el vestido de cada día (vv. 17, 18); por lo que piden que sus maldiciones se vuelvan contra él, cubriéndole como la ropa diaria (v. 19). Versículos 20-31 1. El salmista reacciona contra estas calumniosas acusaciones, y comienza su defensa exponiendo ante Dios lo que ellos desean. El v. 20 dice literalmente: «Esta (es) la obra (que) mis adversarios (demandan) de Yahweh y los que hablan el mal contra mi alma.» 2. A continuación, pide a Dios: «Favoréceme en atención a tu nombre» (v. 21) y, más detalladamente, en el v. 26: «Ayúdame, Yahweh Dios mío; sálvame conforme a tu amor misericordioso.» Pide (v. 28): «Maldigan ellos, pero bendice tú.» Si Dios nos bendice, no nos ha de importar que nos maldigan los hombres. 3. Expone ante Dios su triste situación (vv. 22-25). (A) Está pobre (lit.) y necesitado, con el corazón herido (v. 22), no por conciencia de pecado, sino por la maldad de sus enemigos. (B) Se siente cerca de la muerte («Me voy»), como la sombra cuando se alarga (lit. Comp. 102:11), y sacudido como la langosta (v. 23), que uno se sacude cuando se le pega al vestido. (C) Se siente sumamente débil (v. 24): Las piernas le flaquean y todo su cuerpo está macilento por falta de aceite, tan importante en la dieta de los orientales. Aun así, es mejor tener un cuerpo macilento por el ayuno si el alma está ganando salud, que estar bien cebados, como Israel, y tener el alma rebelde (Dt. 32:15). 4. Pide a Dios que sus enemigos sean avergonzados (v. 28), vestidos de ignominia (v. 29), cubiertos de confusión como de un manto (v. 29b), de forma que su insensatez quede a la vista de todos, pues el manto era la vestidura exterior. Si esa confusión les lleva al arrepentimiento, no hay duda de que el salmista se verá satisfecho, pues eso es lo que debemos pedir a Dios con respecto a nuestros enemigos. 5. Apela a la gloria de Dios y al honor de su nombre, como ya lo había hecho en el v. 21. Allí había dicho: «Líbrame, porque tu amor misericordioso es bueno.» Y esto es lo que quiere alabar (lit. dar gracias) en gran manera con su boca (v. 30), es decir, en voz alta y públicamente. Y añade que tendrá buen motivo para ser agradecido a Dios, pues Dios estaba a su diestra, no para acusarle, sino para protegerle (v. 31) y librarle de los que le juzgaban, es decir, querían que se le condenara a muerte.
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