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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 102 | Ver Comentario al Salmo 102 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Ni del titulo ni del texto del salmo se puede colegir quién lo compuso ni en qué ocasión. La opinión más probable lo sitúa en la época de la deportación. La epístola a los hebreos (He. 1:10-12) aplica a Cristo los vv. 25 y 26 de este salmo, lo cual no es motivo para tener por «mesiánico» el salmo entero. Aquí tenemos: I. Los lamentos del salmista (vv. 1-11). II. El consuelo que obtiene, 1. De la eternidad de Dios (vv. 12,24,27); 2. De su fe en que Dios, a su debido tiempo, enviará liberación para él y para Israel (vv. 13-22, 28). Versículos 1-11 El título del salmo es «Oración del que sufre». Es, pues, una oración puesta en las manos de los afligidos. Pónganla éstos no en sus manos, sino en su corazón y preséntenla a Dios. Cuando nos hallamos decaídos, debemos orar «derramando nuestro lamento delante de Yahweh», lo cual insinúa el permiso que Dios nos otorga para ir a Él con toda libertad para exponerle nuestras cuitas. Es un pensamiento que debe tranquilizar nuestra alma. 1. El salmista ruega humildemente a Dios que tome nota de su aflicción y de la súplica que le dirige en su aflicción (vv. 1,2): «Llegue a ti mi clamor y, con él, mi alma.» Si oramos con fe, con fe podemos decir a Dios: «Señor, escucha mi oración; escúchala y contéstala; otórgame el alivio que necesito y busco en el día de mi angustia.» 2. Se lamenta del estado al que ha sido reducido por su aflicción. Nótense los símiles que emplea para presentar de manera vivida su condición: (A) Sus días se consumen en el humo (v. 3. Lit.), como un enfermo consumido por la fiebre. (B) Así que sus huesos (su cuerpo) están quemados cual tizón (v. 3b). (C) Su corazón está marchito como el heno (v. 4), que se ha secado y encogido con el calor del sol. Aquí, el corazón representa la fuente del vigor físico. (D) Estas angustias le han quitado el apetito (v. 4b): «Y me olvido de comer mi pan.» (E) Al estar mal nutrido, se ha quedado en la piel y los huesos (v. 5, comp. con Job 19:20). (F) Como todos los afectados de melancolía, buscaba la soledad como el pelícano (v. 6), ave solitaria, sombría y austera. (G) Se ve a sí mismo como buho entre ruinas (v. 6b). Dice Cohén: «Los árabes llaman al buho "madre de las ruinas", porque hace su casa en lugares desolados y edificios abandonados.» (H) Se desvela y gime como gorrión solitario (v. 7), que ha perdido a su pareja y queda triste en el tejado de la casa). (I) Sus amigos le han abandonado, pero sus enemigos están cerca de él para insultarle (v. 8—, mofándose de su situación (comp. 42:5). (J) En señal de duelo, llora y se echa ceniza en la cabeza. Ése es el sentido, como en 80:5. (K) Es muy bella la imagen del v. 11: «Mis días son como sombra que se alarga.» Dice Cohén: «Las sombras se alargan al atardecer, cuando el sol está a punto de ponerse. Se da cuenta (el salmista) de que su vida pronto va a ser devorada por la oscuridad de la muerte.» Versículos 12-22 A continuación, se nos ofrecen muchos y grandes consuelos con los que contrarrestar las quejas precedentes. 1. Somos mortales, y nuestros consuelos son consuelos de moribundo, como lo son nuestros bienes terrenales, pero nuestro Dios es eterno (vv. 11, 12): «Mis días son como sombra... Mas tú, Yahweh, permaneces entronizado (lit.) para siempre, y tu nombre (lit.), etc.» (comp. con Lam. 5:19, donde aparece la variante de «tu trono», en lugar de tu nombre»). La eternidad de Dios, Rey del Universo, es la mejor garantía de que se han de acabar nuestros sufrimientos. 2. Sión está ahora en grave aprieto (v. 13), pero llegará pronto el día de ser aliviada y socorrida. Lo garantiza el amor de Dios hacia ella. La esperanza de la liberación se basa en el amor y el poder de Dios. Sión estaba ahora en ruinas y, con Sión, el templo construido en ella. El salmista ofrece tres poderosas razones para que Dios se apresure a socorrer a Sión: (A) «Tus siervos aman sus piedras, etc.» Lejos de haberse olvidado de Sión, los exiliados están pensando constantemente en su reconstrucción. Las ruinas y el polvo mismo de la desolación, lejos de desanimar a los buenos israelitas, les incitaban a desear con mayor ardor el verla de nuevo reedificada, tan hermosa como antes: «bella por su situación» (48:2). (B) Las naciones paganas temerán el nombre de Yahweh, etc.» (vv. 15, 16). Será tremendo el efecto que producirá en el mundo entero la reconstrucción de Jerusalén (comp. con Is. 59:19; 60:3), lo cual redundará en gloria y honor para el Dios de los judíos. (C) Servirá de gran estímulo y ánimo para la generación venidera (v. 18); será una nueva era de prosperidad, una nueva vida para Israel. 3. Las oraciones del pueblo de Dios parecen ahora no ser tenidas en cuenta, pero pronto sé demostrará que no era ese el caso (v. 17): «Habrá considerado la oración de los desvalidos.» El vocablo hebreo usado aquí para «desvalido» es muy elegante, pues significa «brezo», un arbusto muy humilde, como el hisopo de la pared (v. 1 R. 4:33). Así también éstos se hallaban en miserable estado, enriquecidos con bendiciones espirituales, pero destituidos de bienes temporales. Si consideramos nuestra bajeza, nuestra tibieza espiritual y los muchos defectos de nuestras oraciones, tendremos motivos para sospechar que nuestras oraciones serán recibidas con desdén en los cielos, pero aquí se nos asegura de lo contrario, pues tenemos un Abogado con el Padre. 4. Los cautivos gimen bajo la opresión de los que los llevaron prisioneros, como ovejas llevadas al matadero, pero aquí se les dice que hay quien cuida de ellos (vv. 19,20): «Yahweh miró (pretérito profetice) desde lo alto de su santuario celestial... para escuchar el gemido de los cautivos, para soltar (lit.) a los sentenciados a muerte.» Dios toma nota no sólo de las oraciones de los afligidos, que es el lenguaje de la gracia, sino también de sus gemidos, que es el lenguaje de la naturaleza (v. Hch. 12:6). Si Dios, mediante su Providencia, declara su nombre, nosotros debemos, mediante nuestro reconocimiento, declarar su alabanza (v. 21), que habría de ser el eco de su nombre. Esta alabanza que aquí se menciona va a ser expresada, no sólo por el pueblo de Israel, sino también, con la mayor probabilidad, por los pueblos mencionados en el v. siguiente. En otras palabras, como hace notar Cohén, «el regreso a Sión será el preludio del reconocimiento universal de Dios, en cumplimiento de la profecía de Isaías 2:2 y ss.». Y Kirkpatrick añade: «Podría preguntarse: ¿Pero no quedó el acontecimiento por debajo de las expectaciones del profeta y del salmista?... La respuesta es doble. La significación espiritual del regreso para la historia del mundo no podría exagerarse; y la profecía combina constantemente en una sola perspectiva una figura cercana y otra remota, dibujando el resultado final, sin indicar los pasos por los que ha de cumplirse.» Versículos 23-28 1. El peligro inminente en que se hallaba el salmista de que su enfermedad le llevara al sepulcro. Vuelve aquí (vv. 23 y ss.) a su lamento por su condición personal, como había hecho al comienzo del salmo. «Debilitó (Dios) —dice— mi fuerza en el camino»', se entiende, en el camino de esta vida. Teme el salmista que al ser acortados sus días, no pueda disfrutar de la dicha de ver a Sión reedificada. 2. Esta consideración le hace prorrumpir en una oración (v. 24): «Dios mío, no me cortes en la mitad de mis días» (comp. 55:23), es decir, en la flor de la vida, cuando pueden esperarse todavía muchos goces y servicios. Y, como en los vv. 11 y 12, contrasta lo huidizo de su vida con la eternidad de Dios. 3. Refuerza su oración apelando a la eternidad del Mesías prometido, como lo sabemos por la cita que He. 1:10-12 hace de los vv. 25-27. Al considerar los cambios y los peligros de esta vida, sirve de gran consuelo recordar que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (He. 13:8). Cuando pensamos en lo efímero de nuestra vida terrenal y en la partida de nuestros parientes y amigos, hemos de recordar también que Dios es un Dios que vive eternamente y, por tanto, si es nuestro Dios, en Él tendremos vida eterna y feliz. El cielo y la tierra, símbolos de permanencia a pesar de las vicisitudes de la historia, perecerán (v. 26) un día; se envejecerán, se gastarán, como una vestidura. La última frase del v. 26 dice textualmente: «Como un vestido los harás pasar y pasarán.» Dice Cohén: « La idea aquí no es de un nuevo mundo que sustituya al antiguo.» Esto no quiere decir que tal idea no sea bíblica (v. Is. 65:17; 66:22; 2 P. 3:13; Ap. 21:1). 4. No es fácil decidir si el último versículo del salmo forma parte de la oración del salmista: «Habiten... se consolide», como traduce Arconada, o indica una súbita seguridad (¿profética?) que el salmista abriga acerca de un próspero retorno de los cautivos a Sión, y de la consolidación de su establecimiento en el país reedificado delante de Dios, es decir, con el restaurado favor de Dios, como traducen nuestras versiones y la versión autorizada judía. Esto último es más probable, a la vista de 69:36, que contiene fraseología similar.
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