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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 97 | Ver Comentario al Salmo 97 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." «Este salmo —dice Cohén— desarrolla el tema del último versículo del salmo precedente. Nos refiere los efectos que resultan cuando Dios ejerce su juicio sobre el mundo: el desmayo que produce en los malvados, y la luz que concede a los justos.» I. Infunde terror a los enemigos (vv. 2-7). II. Infunde consuelo a sus súbditos leales (vv. 8-12). III. Su reino produce gozo en toda la humanidad (v. 1). Versículos 1-7 Lo que, en el salmo precedente, se decía con respecto a las naciones (96:1), se repite aquí de nuevo (v. 1) y se convierte en el tema de todo el salmo y del siguiente. «Yahweh reina» (v. lo dicho sobre 93:1). 1. «Regocíjese la tierra» (v. 1, de 96:11). No sólo el pueblo de Israel, no sólo la hija de Sión, ha de alegrarse en el Mesías Rey de los judíos, sino toda la tierra y la multitud de las islas y zonas costeras del Mediterráneo (v. 72:10), todas las cuales se han de beneficiar del reinado del Mesías, ya que los efectos de su gobierno tendrán alcance universal. «Nubes y oscuridad alrededor de él» (v. 2). Estos fenómenos (v. por ej. 18:9 y ss.) muestran el contexto de poder y soberanía en que Dios se mueve. «Justicia y juicio son el cimiento de su trono» (comp. con 89:14). En el fondo, son detalles que indican el carácter escatológico del salmo. 2. Aunque el gobierno del Mesías será motivo de gozo para todos, infundirá terror a los malvados, quienes se le habrán sometido por la fuerza (vv. 3-5,7) tanto como a los que haya derrotado antes de llegar al trono (v. 3): «Abrasará a sus enemigos» (comp. 50:3) el fuego que va delante de él. Aun los montes (v. Miq. 1:4) se derretirán con tal fuego. Si lo más sólido de la tierra se derrite ante la presencia de Dios, ¿cómo podrán resistirle los impíos? ¿Quién podrá contradecir lo que tos cielos proclaman? (v. 6). ¿Quién podrá oponerse al reinado del Mesías, cuando todos los pueblos vean su gloria? (v. 6b, comp. con Is. 35:2; 40:5). Especialmente confundidos quedarán los idólatras (v. 7): «/os que sirven a imagen de talla, los que se jactan en naderías (lit. Comp. 96:5). Postraos ante Él, dioses todos» (lit.). Nótese que todo aquello en que el hombre pone la prioridad de su afecto y de su interés es un ídolo, un «dios» de dinero, de carne, de diversión, etc., que ocupa en el corazón el lugar del verdadero Dios. Versículos 8-12 1. Los motivos que se exponen para que Sión se regocije en el gobierno del Redentor: (A) Dios es glorificado, y todo lo que redunda en honor de Dios, redunda también en gozo de su pueblo (vv. 8,9). (B) Dios guarda, custodia, las almas (es decir, las personas) de sus devotos (hebr. jasidaiv)» (comp. 4:3). Dios les preserva la vida y, si llega el momento en que han de dar la vida por él, él les preserva el alma, a la que no pueden llegar los que matan el cuerpo (v. Mt. 10:28). (C) Aunque de momento se muevan en la oscuridad y en aflicción, los justos pueden consolarse en que la luz y la alegría están sembradas (lit.) para ellos (v. 11). Dice Hertz: «Es posible que la luz esté al presente escondida como la semilla en la tierra, pero es seguro que ha de brotar. Sigan, pues, los justos odiando el mal.» Y M. Henry comenta: «Los súbditos del reino de Cristo han de esperar tribulación en este mundo, pero han de saber, para consuelo suyo, que hay luz sembrada para ellos. Lo que se siembra brota a su debido tiempo; aunque, como la semilla en invierno, haya de yacer por largo tiempo bajo los terrones, volverá con aumento rico y abundante.» Antes de partir de este mundo, dijo Jesús a sus Apóstoles: «Vosotros os entristeceréis, pero vuestra tristeza se convertirá en gozo» (Jn. 16:20). 2. Las normas que se dan para que Sión se alegre. Ha de ser un gozo limpio y santo (v. 10): «Los que amáis a Yahweh, aborreced el mal» (lit.). Los que aman la venida del Señor, han de aborrecer el pecado. Donde no hay verdadero odio al pecado, no puede haber amor genuino a Dios (comp. Pr. 8:13). Y el gozo que comenzó con el amor de Dios, ha de terminar también en Dios (v. 12): «Alegraos, justos, en Yahweh, y dad gracias al memorial de su santidad» (lit. comp. con 30:4), es decir, al nombre que nos recuerda constantemente que Yahweh es santo.
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