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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Salmos 46 -Dios es nuestro amparo y fortaleza ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este
salmo nos anima: Versículos 1-5 El salmista nos enseña con su ejemplo: 1. A triunfar en Dios yen su presencia entre nosotros, especialmente cuando hemos tenido experiencias recientes de su manifestación a favor nuestro (v. 1): «Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza» (lit.). ¿Nos hallamos en apuros? El es un auxilio siempre presto (lit. un auxilio hallado cuando había necesidad de El en tan grave aprieto) y bien probado, así como se llama a Cristo una piedra probada (Is. 28:16). 2. A triunfar sobre los mayores peligros: Dios es nuestra fuerza y nuestro auxilio, el Dios Todo-suficiente para nosotros; «Por tanto, no temeremos)) (v. 2). Es nuestro deber, así como nuestro privilegio, estar’ libres de temor; es evidencia de una conciencia limpia, de un corazón honesto y de una fe viva en Dios, en su providencia y en sus promesas, el no temer «aunque la tierra sea removida, etc.» (vv. 2, 3). Ni terremotos ni inundaciones, ni guerras ni persecuciones, aunque todos los poderes del mundo conspiren contra la Iglesia, han de hacernos temer, pues al fin y a la postre, todo ha de conducir al bien de los que aman a Dios (Ro. 8:28). Aunque sean sacudidos los cielos y la tierra, la ciudad de Dios no será conmovida, pues Dios está en medio de ella (vv. 4, 5); Dios la ayudará al clarear la mañana; después de la noche llena de peligros, vendrá el alborear de la liberación obrada por Dios. Mientras la Iglesia se mantenga fiel a Dios, no habrá poder humano que pueda prevalecer contra ella (comp. con Is. 12:6). Versículos 6-11 Estos versículos glorifican a Dios como a Rey de las naciones y como a Rey de los santos. 1. Como a Rey de las naciones. El frena la furia y quebranta el poder de las naciones que se oponen a El y a sus intereses en el mundo ( v. 6): Las naciones, es decir, los paganos, bramaban cuando subió David al trono, lo mismo que al establecerse el reino del Hijo de David (comp. 2:1). Los reinos se tambaleaban llenos de indignación y se alzaban de forma tumultuosa para oponerse a Dios, pero lanza Dios su voz, la voz de sus truenos, y se derrite la tierra; los reinos se tambalean ahora de modo diferente, llenos de confusión y consternación. Ese derretirse de los ánimos de los enemigos se describe en varios lugares (v. por ej. Jue. 5:4, 5y comp. con Lc. 21:25,26). Cuando le place, puede causar gran estrago y desolación entre las naciones (v. 8): «Venid, ved las obras de Yahweh, que ha puesto asolamiento en la tierra. » Era cosa de ver y asombrarse, de observar e investigar (66:5; 111:2). La guerra es una tragedia que de ordinario destruye el escenario en el que se desarrolla. David llevó la guerra al país de los enemigos ¡y qué desolaciones causó allí! Y cuando place a Dios envainar su espada, pone fin a las guerras y corona de paz a las naciones (v. 9), a veces para que, al menos, tengan algún respiro después de consumirse unas a otras en prolongadas guerras. La total destrucción de Gog y Magog se describe proféticamente mediante la quema de las armas en el fuego (Ez. 39:9, 10), lo cual insinúa la paz perfecta y la total seguridad que la Segunda Venida del Señor traerá a la tierra cuando vaya a establecer su reino mesiánico. El final de una guerra es obra de Dios, y lo habríamos de considerar con gratitud y admiración. 2. Como a Rey de los santos y, en cuanto tal, hemos de reconocer que grandes y maravillosas son sus obras (Ap. 15:3). El hace y hará grandes cosas. Que se calmen sus enemigos y dejen de amenazar, reconociendo el poder de Dios, infinitamente sobre el de ellos; que no se enfurezcan más, porque toda su furia es en vano. El que se sienta en los Cielos, se ríe de ellos (2:4); y, a pesar de toda la maldad impotente de ellos, Dios será enaltecido en la tierra, entre las naciones, y no sólo en la Iglesia y en los Cielos. No tiemble más el pueblo de Dios, sabiendo, para consuelo suyo, que él es Dios ( v. 10). Todos los creyentes deben sentirse triunfadores por estas dos razones: (A) Tienen consigo la presencia de un Dios de poder, de infinito poder (y. 11): «Yahweh de las huestes está con nosotros.» El Dios Soberano del Universo está con nosotros, está de nuestra parte, actúa con nosotros y por medio de nosotros, y ha prometido que nunca nos abandonará. Muchas y malignas huestes pueden estar contra nosotros, pero no tenemos por qué temerlas, si Yahweh de las huestes está con nosotros. (B) Están bajo la protección del Dios del pacto, quien no sólo tiene poder para ayudarles, sino que se ha comprometido, en su honor y fidelidad, a ayudarles. Es el Dios de Jacob (v. lib); no sólo de la persona de Jacob, sino del pueblo de Jacob.
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