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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
 tales adoradores busca que le adoren.
Jn..4:23

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Comentario a Salmos 43

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Salmos 43 -Plegaria pidiendo vindicación y liberación-

1 Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa;
Líbrame de gente impía, y del hombre engañoso e inicuo.

2 Pues que tú eres el Dios de mi fortaleza, ¿por qué me has desechado?
¿Por qué andaré enlutado por la opresión del enemigo?

3 Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán;
Me conducirán a tu santo monte,
Y a tus moradas.

4 Entraré al altar de Dios,
Al Dios de mi alegría y de mi gozo;
Y te alabaré con arpa, oh Dios, Dios mío.

5 ¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.

____________________________________________________

Comentario a Salmos 43

Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.

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Es muy probable que este salmo se compusiese en la misma ocasión que el anterior y, al no tener título, puede considerarse como un suplemento de él; al reaparecer la enfermedad, el salmista echa mano del mismo remedio que en la vez anterior, porque lo tenía consignado en su diario con un «dio resultado». Cristo mismo, en Getsemaní, oró por segunda y por tercera vez «diciendo las mismas palabras» (Mt. 26:44).

En este salmo, el salmista:

I. Apela a Dios con respecto a las injurias recibidas de sus enemigos (vv. 1, 2).
II. Ora a Dios que le devuelva el favor de acudir a las santas solemnidades, prometiendo mejorar su actuación en ellas (vv. 3,4).
III. Hace lo posible por acallar el tumulto de su espíritu con una viva esperanza y confianza en Dios (v. 5).

Versículos 1-5

El salmista apela aquí a Dios, por fe y oración, como a su juez, su fuerza, su guía, su gozo y su esperanza.

1. Como a su juez (v. 1):Júzgame, oh Dios, y defiende mi causa. Había quienes le odiaban y perseguían. Los llama «gente maligna» (lit, nación sin piedad) También se les llama «hombres engañosos e inicuos» pues aun cuando en el original aparece en singular no cabe duda de que tiene un sentido colectivo. En cuanto al desagrado de Dios hacia él, dice: Júzgame, pues yo sé que saldré absuelto; defiende mi causa, pues es justa; ponte de mi parte y manifiéstate en tu providencia a mi favor.

2. Como a su fuerza todo suficiente: «Tú eres el Dios de mi fortaleza» (más exactamente, de mi protección). El salmista se veía destituido de fuerzas y de amigos, «como enlutado por la opresión del enemigo» (v. 2), pero encuentra en Dios su fortaleza y su protección. Le atenaza, con todo, una terrible duda: Si Dios era su protector, ¿por qué le había desechado?

Al no obtener respuesta a su oración anterior, llega a concluir que Dios le había desechado. ¡Tremenda equivocación! Dios no desecha jamás a los que confían en El, cualesquiera sean las melancólicas aprensiones que puedan sufrir en una situación determinada.

3. Como a su guía fiel (v. 3): «Envía tu luz y tu verdad; éstas me guiarán; me conducirán a tu santo monte y a tus moradas. » Su corazón no está puesto en comodidades, riquezas ni honores humanos, sino en Sión y en el Templo, morada de Dios. El plural es una amplificación que expresa la dignidad del santuario como morada de Yahweh. Para obtener esta gracia, pide luz a fin de disipar la oscuridad espiritual en que está sumido, y verdad contra los engaños del enemigo. Quitados los obstáculos, volverá a gozar de los antiguos beneficios. Hemos de orar a Dios que es la luz (l Jn. l: 5) y al espíritu de la verdad (Jn. 14:17; 15:26; 16:13), quien suple la falta de la presencia corporal de Cristo, para guiamos a toda verdad y conducirnos por el camino del cielo.

4. Como a su gozo sobreabundante. Si Dios nos guía hasta su santuario, si nos restaura los antiguos favores, sabremos, como el salmista, lo que debemos hacer (v. 4): «Entraré en el altar de Dios, al Dios (que es) la alegría de mi gozo» (lit.). Nótese así el énfasis del original. Los que se acercan a Dios, han de ir a El como a su gozo sobreabundante, no sólo como al objeto de una futura bienaventuranza, sino como a un gozo actual, y no común, sino extraordinario y sobreabundante, pues supera con mucho a todos los gozos de este mundo.

5. Como a su esperanza nunca fallida (v. 5). Aquí, como antes, el salmista se regaña a sí mismo por su depresión y desconfianza: « ¿Por qué te abates, alma mía?» E inmediatamente se calma con la fe expectante que tenía de dar gloria a Dios: «Espera en Dios, porque aún he de alabarle» (más exactamente, «le daré gracias»). Muy notable es la frase con que acaba el salmo (v. también 42:5, 11). Dice literalmente: «Salvaciones de mi rostro y Dios mío.» El plural de hebreo es, sin duda, un plural intensivo para denotar una «gran salvación». «De mi rostro» podría señalar el cambio de un rostro que expresa luto y duelo, triste y ceñudo, en un rostro lleno de gozo y alegría por la gran salvación que Dios le otorga, «su Dios».


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