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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 38 | Ver Comentario a Salmos 38 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." E ste es uno de los salmos llamados penitenciales; está lleno de pesar y lamentación desde el comienzo hasta el final, por lo que su carácter penitencial resalta todavía más que en los salmos 6 y 32. No hay duda de que David tiene aquí ante su vista sus pecados y sus aflicciones, por lo que su redacción es posterior a la época en que ocurrieron los acontecimientos narrados antes de 2 S. 13. Se lamenta aquí David, I. Del desagrado de Dios y de su propio pecado que provocó el desagrado de Dios hacia él (vv. 1-5). II. De su debilidad corporal (vv. 6-10). III. De la falta de amabilidad de sus amigos (v. 11). IV. De las injurias que le hicieron sus enemigos, apelando a su amistoso comportamiento con ellos, pero confesando también sus pecados contra Dios (vv. 12-20). V. Finalmente, concluye el salmo con una ferviente oración a Dios, a fin de que se digne otorgarle su presencia y su ayuda (vv. 21, 22).Versículos 1-11 El título de este salmo es «Para hacer recordar» (el verbo está en la forma causativa activa Hiphil—nota del traductor). La misma expresión aparece en el título del salmo 70. 1. Pide a Dios que aparte de él su ira (v. 1): «Yahweh, no me reprendas en tu furor... » Aun cuando Dios nos reprenda y castigue, es posible que no lo haga con enojo y furor, pues eso es como hiel y ajenjo en medio de la aflicción. Quienes deseen escapar de la ira de Dios, han de orar por ello más que por cualquier otra aflicción que puedan sufrir, y estar contentos con soportar cualquier otra aflicción que les pueda sobrevenir, si ésta procede del amor, no de la ira, de Dios. 2. Se lamenta amargamente de las manifestaciones del desagrado de Dios contra él (v. 2): «Porque tus saetas (comp. Dt. 32:23; Job 6:4; Lam. 3:12, 13; Ez. 5:16) se han clavado en mí, y sobre mí está pesando tu mano. » Bajo estas metáforas expresa el salmista la enfermedad que le aflige, como lo aclara, ya sin metáforas, el v. 3: «Nada hay sano en mi carne, etc. » La amargura que le causaba la enfermedad no era lo peor; desfallecía su corazón (v. 8) y gemía quejumbrosamente, olvidando su bravura de soldado, su dignidad de rey y el gozo del dulce cantor de Israel. 3. Reconoce su pecado como causa de todos sus males y gime bajo el peso de su culpa más que por el peso de cualquier otra aflicción (v. 3): «No hay reposo en mis huesos, a causa de mi pecado. » A ello se debe la indignación de Dios (y. 3a), que David reconoce como justificada y bien merecida, pues continúa (v. 4): «Porque mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza, como las bravías olas del mar sobre una persona que se está hundiendo; como carga pesada gravitan sobre mí más de lo que puedo soportar. » El pecado impide al hombre elevarse y avanzar. «Hieden y supuran mis llagas», continúa David, como una herida infectada a la que no se ha prestado el necesario cuidado; y eso, «a causa de mi locura» (v. 5). Los pecados son heridas (Is. 1:6); heridas mortales y dolorosas. Aun la más leve herida de éstas, si se descuida, puede tener fatales consecuencias cuando falta el arrepentimiento. 4. Gime David a causa de sus aflicciones y da salida a sus penas derramando sus quejas en la presencia del Señor: (A) Su mente se hallaba turbada, su conciencia estaba dolorida y no encontraba reposo para su espíritu, pues ¿quién puede soportar un espíritu herido? Se veía encorvado, abatido en gran manera (v. 6), debilitado y molido (v. 8). (B) Estaba enfermo y débil de cuerpo, con una llaga semejante a la de Ezequías, con fiebre e inflamación (v. 7): «Porque mis lomos están ardiendo de fiebre, y nada hay sano en mi carne. » La enfermedad puede destemplar el cuerpo más fuerte y vigoroso. David era famoso por su valentía, pero cuando Dios contendió con él por medio de la enfermedad y de la impresión que su ira hizo en la mente de él, su corazón desfallecía y se hizo más débil que el agua. (C) Sus amigos se portaban muy mal con él (v. 11): «Mis amigos y mis compañeros se mantienen lejos de mi llaga, y mis allegados (sus parientes) se han alejado», a pesar de que seguramente su enfermedad nada tenía de infecciosa. 5. En medio de sus quejas, se consuela con el pensamiento de que Dios toma nota de sus aflicciones lo mismo que de sus oraciones (v. 9):«Señor, delante de ti están todos mis deseos, y mi suspiro no te es oculto. » Como diciendo: «Tú conoces las bendiciones por las que suspiro y el peso que me abate.» Versículos 12-22 1. Se queja ahora David del poder y de la perversidad de sus enemigos, los cuales, al parecer, no sólo aprovecharon la ocasión de su debilidad corporal y mental para insultarle, sino que vieron en ello la oportunidad para hacerle daño. Muchas cosas tiene que decir contra ellos, y las presenta como razón por la que Dios habría de manifestarse a favor el él, como decía en otro lugar: «Mira mis enemigos)) (24:19). Aquí dice de ellos: «Tienden lazos... hablan de iniquidades.., maquinan engaños» (v. 12). En estas tareas se muestran «activos y poderosos y... aborrecen mi causa (v. 19), aprovechándose de cualquier desliz mío (vv. 16, 17), aumentándolo y divulgándolo con toda insolencia y alegrándose de mis fallos. No sólo son injustos, sino también ingratos, pues yo no les he hecho ningún mal; me pagan mal por bien (y. 20. Comp. con 109:4, 5); me son contrarios por seguir yo lo bueno. » Le odiaban precisamente por la amabilidad que les dispensaba y por la devoción y obediencia a su Dios; le odiaban a él porque odiaban a Dios y a cuantos son imitadores de Dios. 2. Se consuela con la reflexión sobre su apacible y piadosa conducta bajo todas las injurias e indignidades que le eran hechas. Si tenemos celo por el bien, ¿quién es el que nos podrá hacer daño?(l P. 3:13). Esto es lo que hizo David aquí: Se mantuvo tranquilo y no se descompuso por ninguna de las injurias que le fueron hechas y dichas (vv. 13, 14), en lo cual fue tipo de Cristo, quien fue como una oveja que delante de sus trasquiladores está muda (Is. 53:7), quien cuando le maldecían, no respondía con maldición (1 P. 2:23). David se mantenía en comunión con su Dios por medio de la fe y de la oración. Sus amigos, que deberían haber estado a su lado y a favor de la causa, se apartaban de él (v. 11); pero Dios es un amigo que nunca nos abandonará si ponemos nuestra esperanza en El: «Tú responderás, Yahweh Dios mío» (v. 15). 3. Se siente David a punto de resbalar, zozobrar y caer (vv. 16, 17), no sólo bajo el peso de su enfermedad, sino también ante el mal trato que recibe de sus enemigos. Son acentos parecidos a los de Asaf en el salmo 73:2 y ss. Aun las personas buenas, si persisten en considerar la aflicción en que se hallan, se ven tentados a resbalar, cuando se habrían mantenido firmes en su posición si hubiesen tenido fija su atención en Dios. Aun cuando delante de los hombres podía justificarse, delante de Dios se ve obligado David a condenarse a sí mismo (v. 18): «Por tanto, confieso mi maldad, y me contrista mi pecado.» Esto le ayudaba grandemente a permanecer en silencio bajo las reprensiones de la Providencia y los reproches de los hombres. 4. Concluye con una ferviente oración a Dios, a fin de que le otorgue su presencia y su favor (vv. 21, 22): «No me desampares, oh Yahweh. Aun cuando mis amigos se alejen de mí y aunque merezco ser desamparado por ti, Dios mío, no te alejes de mí, conforme al temor de mi incrédulo corazón, sino apresúrate a ayudarme, oh Señor, salvación mía.»
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