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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 35 | Ver Comentario al Salmo 35 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." E n este salmo, David apela al justo Juez de cielos y tierra contra los enemigos que le odiaban y perseguían. Parece ser que lo escribió a raíz de la persecución que sufría de parte de Saúl (v. 1 S. 24:15). I. Se queja a Dios de las injurias y ataques con que le acometieron sus enemigos (vv. 1-3). II. Da testimonio de su inocencia y de que nunca les provocó en modo alguno (vv. 7, 19), sino que, por el contrario, se portó con ellos como si fueran amigos (vv. 12-14).III. Ora a Dios que le proteja y le libre (vv. 17, 22-27). IV Profetiza la destrucción de sus perseguidores (vv. 4-6, 8). V. Se promete a sí mismo ver días mejores (vv. 9, 10) y promete a Dios alabarle agradecido (vv. 18, 28).Versículos 1-10 1. David presenta a Dios su caso, poniendo de relieve la maldad y el furor incansable de sus perseguidores, quienes buscaban afanosamente su vida (v. 4) como quienes van persiguiendo una alimaña nociva para acabar con ella de una vez. No se conformaban con menos que con darle muerte. 2. Apela a Dios interponiendo el testimonio de su inocencia y de la justicia de su causa. Si le hubiese perjudicado un súbdito, habría podido apelar al rey, como apeló S. Pablo al César; pero, siendo el rey mismo quien le perseguía, tenía que apelar al Juez y Soberano de cielos y tierra (v. 1): «Pleitea, oh Yahweh, con los que contra mi contienden, etc.» 3. En su oración ruega a Dios que pelee a favor de él contra sus perseguidores, de forma que éstos queden inhabilitados para hacerle daño y no puedan seguir adelante con sus malvados planes. Si Dios es amigo nuestro, no importa cuántos y cuán poderosos sean nuestros enemigos. 4. Predice y contempla la destrucción de sus enemigos, no con ánimo de venganza, sino porque lo tienen merecido. Serán como el tamo que se lleva el viento (v. 5 Comp. 1:4); su camino será tenebroso y resbaladizo (v. 6). Aun cuando se entienda todo esto en forma de imprecación, el Dr. Ryrie hace notar que «la imprecación no va contra el propio Saúl (pues David le había perdonado la vida), sino contra los que fomentaban la insana envidia de Saúl hacia David. 5.La perspectiva de su liberación, de la que no dudaba después de haber encomendado a Dios su causa (vv. 9, 10). (A) Esperaba tener ese consuelo: «Entonces mi alma se alegrará en Yahweh, etc.» Más que en su liberación y comodidad, se iba a alegrar en Dios y en su favor. (B) Promete darle a Dios la gloria por ese favor (v. 10): «Todos mis huesos dirán: Yahweh, ¿quién como tú, etc.?» Versículos 11-16 De dos graves pecados acusa aquí David a sus enemigos: de perjurio e ingratitud. 1. De perjurio (v. 11). Cuando Saúl quería prender a David bajo pretexto de traición, a fin de acabar con él, se levantaron testigos malvados (lit, violentos, más bien que «mentirosos»), dispuestos a declarar, de todos modos, en falso: «de lo que no sé (esto es, de lo que ni siquiera le había pasado por las mientes) me preguntan, esto es, me culpan». Esto se cumplió igualmente en Cristo, de quien David era tipo, como puede verse en Mt. 26:60. 2. De ingratitud. Llamemos «ingrato» a un hombre, y ya no le podemos llamar cosa peor. De esta clase eran los enemigos de David (v. 12): «Me devuelven mal por bien. » Merecía ser bien tratado, no sólo por el pueblo en general, sino especialmente por aquellos que con mayor furia le odiaban. Aunque no se le menciona por su nombre, se adivina aquí a Saúl, quien reconoce haber obrado así (1 S. 24:18). Véase: (A) Con qué ternura y afecto cordial se había portado con esos enemigos durante las aflicciones de ellos (vv. 13, 14). David había orado por ellos. A la oración había añadido el ayuno y el lamento, vestido de saco, como quien hace duelo por un amigo, por un hermano, y aun por su madre (lit, luto de madre, lo que ha hecho que algunos lo entiendan, según Arconada, «sin tanta razón», por la madre que llora al hijo, o viceversa). La última parte del v. 13 —nota del traductor— que literalmente dice: «Y mi oración se volvía a mi seno» (RV 1960), no se ha de entender como una oración que Dios «devuelve» sin responderla, sino en el sentido de que «se volvía y revolvía en su pecho», es decir, la andaba repitiendo continuamente, como aclaran la mayoría de las versiones (v. la RV 1977). (B) Con qué vileza, insolencia y brutalidad se portaban con David sus enemigos (vv. 15, 16): «Pero ellos se alegraron en mi adversidad (lit, en mi tambalearme, denotando un peligro de caer que no se declara)...crujieron contra mí sus dientes (aquí, en señal de satisfacción). » David les servía de entretenimiento en su aflicción y hasta de refrán en boca de ebrios. Tal fue el caso del Señor con los soldados del pretorio y ante Herodes, y tal ha sido muchas veces el caso de las mejores personas. Los apóstoles fueron hechos espectáculo al mundo (1 Co. 4:9). Versículos 17-28 1. David describe la gran injusticia, la malicia y la insolencia de sus perseguidores, alegando esto ante Dios como un motivo por el que esperaba que le protegiese de ellos. Le aborrecían sin causa (v. 19), precisamente por lo que deberían haberle amado y honrado. No le hablaban paz (v. 20), es decir, no le guardaban la más elemental cortesía, sino que le trataban mal. Como los hermanos de José (Gn. 37:4), no podían hablarle pacíficamente; más aún, precisamente contra los mansos, la gente más tranquila de la tierra, tramaban engaños, trampas en que hacerles caer. Guiñaban el ojo (v. 19) y ensanchaban contra él su boca (v. 21), signos de burla y desprecio, diciendo: «Ja, ja (hebr. heaj, heaj), nuestros ojos lo han visto», acusándole falsamente de algún crimen. Contrasta con el comienzo del v. 22: «Tú lo has visto...» Apela a Dios contra ellos, al Dios a quien pertenece la venganza (Dt. 32:35; Ro. 12:19; He. 10:30), el cual todo lo ve, y le urge a que salga en su defensa para hacerle justicia (v. 23). Además de a la justicia, apela al poder y a la soberanía de Dios: «Dios mío y Señor mío» (hebr. Elohay vadonay), así como a Yahweh el Dios del pacto (hebr. Yahweh Elohay): «Yahweh Dios mío» (v. 24). 2. Ora fervientemente a Dios para que se manifieste a favor de él y de sus amigos, actuando y no como un espectador (v. 17): «Señor, ¿hasta cuándo verás ésto? Rescata mi alma de sus destrucciones, mi preciada vida (lit. mi única) de los leones.» «Teniendo una sola vida —viene a decir— necesita mayor protección y sería tanto mayor mi vergüenza si la echase a perder.» Desea David que su inocencia quede manifestada a todos, a fin de que sus enemigos queden cubiertos de vergüenza y confusión (v. 26), al ver que eran falsas las acusaciones que hacían contra él. No obstante las malas artes que se ponían en juego para denigrar a David y hacerle odioso a los ojos del pueblo, había también quienes estaban a favor de su justa causa (v. 27), y por ellos pide a Dios a fin de que puedan cantar, alegrarse y alabar a Yahweh por la protección que prestaba a su siervo y la complacencia que tenía en él. 3. El favor que esperaba obtener por medio de la oración prometía disfrutarlo por medio de la alabanza (vv. 18, 28), dándole gracias en medio de la gran asamblea del pueblo (v. 18) y entonando sus alabanzas «todo el día» (v. 28), lo cual «supone —dice Arconada— la costumbre religiosa en todo oriental de orar públicamente a Dios determinadas horas del día».
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