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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
 tales adoradores busca que le adoren.
Jn..4:23

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Comentario a Salmos 32

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Salmos 32 (RV60) -La dicha del perdón
Salmo de David.

1 Bienaventurado aquel cuya transgresión ha sido perdonada, y cubierto su pecado.
2 Bienaventurado el hombre a quien Jehová no culpa de iniquidad,
Y en cuyo espíritu no hay engaño.
3 Mientras callé, se envejecieron mis huesos
En mi gemir todo el día.
4 Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano;
Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
5 Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad.
Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová;
Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. Selah
6 Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado;
Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
7 Tú eres mi refugio; me guardarás de la angustia;
Con cánticos de liberación me rodearás. Selah
8 Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar;
Sobre ti fijaré mis ojos.
9 No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento,
Que han de ser sujetados con cabestro y con freno,
Porque si no, no se acercan a ti.
10 Muchos dolores habrá para el impío;
Mas al que espera en Jehová, le rodea la misericordia.
11 Alegraos en Jehová y gozaos, justos;
Y cantad con júbilo todos vosotros los rectos de corazón.

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Comentario al Salmo 32

Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.

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Este salmo, como dice Ryrie, es probablemente una secuela del salmo 51. Aquí vemos, I. La gracia del perdón (vv. 1,2), con la protección y la dirección que Dios otorga al perdonado (vv. 7, 8). II. El deber del hombre: en confesar sus pecados (vv. 3-5), orar a Dios (v. 6), comportarse como es propio de una persona sensata (vv. 9, 10) y regocijarse en Yahweh (v. 11).

Versículos 1-6

Este salmo de David es llamado, en su título, rnaskil, que, con la mayor probabilidad, significa «contemplación», y viene a ser una «meditación sapiencial», como la llama Arconada, o, como escribe Ryrie, «probablemente significa poema contemplativo o didáctico.)) Y, verdaderamente, en ninguna otra cosa tenemos mayor necesidad de ser enseñados que en la naturaleza de la genuina felicidad o bienaventuranza. Esta felicidad no consiste en la posesión de los bienes de este mundo, sino en el favor de Dios: su perdón, su gracia, sus bendiciones espirituales (Ef. 1:3). Cuando leemos aquí (v. 1): «Bienaventurado aquel a quien es perdonada su transgresión.», es como si se nos dijera: «El perdón del pecado es el fundamento de toda bendición del pecador, pues es el privilegio fundamental del que fluyen todos los demás ingredientes de su verdadera felicidad.» Veamos lo que David dice aquí:

1. En cuanto a la naturaleza de la remisión del pecado. (A) Es el perdón de la transgresión (hebr. pesha, rebelión, como puede verse por el verbo correspondiente—ls. 1:2: «...se rebelaron»). Sin embargo, cuando hay verdadero arrepentimiento, también la rebelión es perdonada y su castigo es cancelado, de forma que ya no pesa sobre el pecador la mano de Dios (v. 4). (B) Es una «cobertura» del pecado (hebr. jattah), de la misma forma en que se cubre la desnudez, para que no aparezca nuestra vergüenza (Ap. 3:18). Cuando es perdonado el pecado, es cubierto con la justicia de Cristo (2 Co. 5:2 1). (C) Es no imputarse la iniquidad (hebr. avón) (v. 2), no tenerse en cuenta al pecador su maldad. No nos es imputada nuestra iniquidad al ser hechos justicia de Dios en Cristo (2 Co. 5:2 1), puesto que «Yahweh cargó sobre El la iniquidad (hebr. avón) de todos nosotros» (Is. 53:6).

2. En cuanto al carácter de aquellos cuyos pecados han sido ya perdonados: «En cuyo espíritu no hay engaño» (lit. Comp. con Jn. 1:47, donde los traductores del N.T. al hebreo han vertido por remiyáh —el mismo vocablo que sale aquí— el griego dolos). No dice: «no hay pecado», sino «no hay engaño»; esto es, no hay doblez, sino sinceridad, pues, ¿quién hay sin pecado, excepto Cristo? (Ro. 3:9, 10; in. 8:46; 2 Co. 5:21 «no conoció pecado»; He. 4:15). El pecador perdonado está de acuerdo con Dios (1 in. 1:9 «confesamos» gr. homologomen = lit, decimos lo mismo que Dios) en su profesión de arrepentimiento —odio al pecado— y fe —recepción del Salvador y complacencia en El—. Estos dos primeros versículos están citados por Pablo en Ro. 4:7, 8. «Mientras callé, se consumieron mis huesos» (v. 3), añade David, aludiendo al tiempo en que no confesaba su pecado (lo hizo tras la reprensión del profeta Natán, v. 2 5. 12:13 y comp. con v. 5 del presente salmo). Callan el pecado los que, consciente o inconscientemente, silencian su convicción desviando la atención a otras cosas, sin descargar su conciencia mediante una confesión digna de un arrepentido, o prefieren languidecer en su iniquidad antes que adoptar el único remedio establecido por Dios para hallar el descanso espiritual y la genuina paz de la conciencia.

3. En cuanto al uso que, por fin, hizo David de ese medio establecido por Dios (v. 5): «Mi pecado te declaré y no encubrí mi iniquidad.» El pecador inconverso necesita creer para ser salvo (Hch. 16:31), pero el creyente pecador ha de confesar (arrepentido, por supuesto) su pecado para ser perdonado (1 in. 1:9).

4. En cuanto a la pronta disposición de Dios a perdonar el pecado a quienes de veras se arrepienten de él (v. 5b): «Dije: Confesaré mis transgresiones (lit. mi rebelión; hebr. Peshaí) a Yahweh; y tú perdonaste la maldad (hebr. avón) de mi pecado (hebr. jattatí).» Como diciendo: «Tan pronto como te confesé mi pecado, tú me perdonaste y hallé así la paz para mi alma. » Así fue como el padre del pródigo vio y reconoció a su hijo cuando aún estaba lejos y corrió a su encuentro para sellar con un beso el más absoluto perdón (Lc. 15:20). «Por esto orará a ti todo santo en el tiempo en que puedas ser hallado» (v. 6). Toda persona piadosa es una persona orante. Tan pronto como Saulo fue convertido, dice el propio Dios: «¡Mira, está orando!» (Hch. 9:11). Quienes sinceramente abundan en oración, hallarán en tiempo de apuro el beneficio que de ella se obtiene (v. 6b): «Ciertamente en la inundación de muchas aguas (lo cual siempre es una terrible amenaza) no llegarán éstas a él. »

Versículos 7-11

1. Sigue David dirigiéndose a Dios y expresa la confianza que tiene en él y lo que de él espera (v. 7): «Tú eres mi refugio (lit. escondedero para mí); cuando por fe acudo a ti, tengo toda la razón posible para sentirme cómodo y fuera del alcance de cualquier mal que merezca tal nombre; tú me guardarás de la angustia, de su aguijón y de sus golpes, en la medida en que sea conveniente para mí, especialmente de la angustia en que me hallaba cuando guardaba silencio» (v. 3). Cuando Dios nos ha perdonado los pecados, pronto volveremos a estar en deuda como antes si El nos deja de su mano; por consiguiente, cuando hayamos recibido el consuelo del perdón, hemos de volar hasta el trono de la gracia de Dios para ser preservados de volver a caer. « No sólo me guardarás, dice ahora David, sino que con cánticos de liberación me rodearás; cantando te alabaré por la admirable liberación que me has proporcionado» (v. 7b). En el v. 8, David cita —respuesta divina a su oración— palabras de Dios, como se ve por el singular (tres veces repetido), que contrasta con el plural del v. 9 («No seáis...»). Esta es la opinión de Arconada, a la que el traductor se adhiere sin dudar, contra lo que opinan otros autores. Nótese el tono de todo el versículo: «Te haré entender y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos», y comp. con 25:8 y 73:24, por ejemplo. M. Henry cita, en favor de su punto de vista (que son palabras de David a otros), Lc. 22:32 y Ec. 1:1, diciendo que es muy propio de los recién convertidos hacer de predicadores. Esto es muy cierto, pero en opinión del traductor no tiene validez para el versículo que comentamos.

2. Se dirige después a sus compatriotas, y a los demás hombres, con esta amonestación (v. 9): «No seáis como el caballo o como el mulo, sin entendimiento, que han de ser sujetados con cabestro y con freno, porque si no, no se pueden dominar (lit. no se acercan a ti).» Es un honor y una dicha para nosotros tener entendimiento, pues así somos capaces de razonar y ser gobernados por la razón. Donde hay gracia renovadora (Ro. 12:2) de la mente, no hay necesidad del cabestro y del freno de la ley. David ofrece esta precaución para que los hombres no se causen a sí mismos muchos dolores mediante su impiedad (v. 10). Añade a continuación una palabra de consuelo para los fieles hijos de Dios: «Más al que espera en Yahweh, le rodea la misericordia», es decir, le protege y consuela por todos los lados.


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