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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 29 | Ver Comentario al Salmo 29 |
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Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Es probable que David compusiera este salmo con ocasión de una tempestad de truenos, relámpagos y lluvia, así como el salmo 8 era una meditación a la luz de la luna, y el salmo 19 otra meditación en una mañana soleada. I. Convoca primero a los grandes del mundo a dar gloria a Dios (vv. 1, 2). II. Para convencerles de la bondad del Dios a quien debían adorar, hace notar su poder en los truenos, los relámpagos y la lluvia de una tempestad (vv. 3-9), su dominio soberano sobre el Universo (v. 10), y las bendiciones especiales que otorga a su pueblo (v. 11). Versículos 1-11
I. David demanda a los grandes de la tierra
que rindan homenaje al gran Dios, aunque la expresión «hijos de Dios»
apunta, con la mayor probabilidad —nota del traductor— a los ángeles;
no carece, sin embargo, de probabilidad la opinión de que podría aplicarse
(a la vista del v. 2b) a los sacerdotes en la celebración de sus
servicios en el templo, englobando quizás a toda la congregación de
Israel. «Dad a Yahweh la gloria y el poder» (v. 1b) no
quiere decir que se le haya de dar a Dios algo que no tiene, sino el
reconocimiento de que a El le pertenecen, como expresa explícitamente la
primera parte del v. 2 (comp. con Ap. 4:11; 5:13). Como diciendo: «
Dadle vuestras coronas; arrojadlas a sus pies (Ap. 4:10); ponedlo todo en
manos de El, a fin de que, al usarlo vosotros, lo hagáis para alabanza de
su nombre. » Lo que se dice aquí a ellos (v. 2b): II. Las buenas razones que David usa al hacer esa demanda: 1. La majestad y autosuficiencia que se implican en el nombre de «Yahweh.» Nada menos que 18 veces se repite este nombre en el salmo (¡en sólo 11 versículos!). 2. Su soberanía sobre todas las cosas. El salmista declara aquí el dominio de Dios: (A) En el reino de la naturaleza. En los maravillosos efectos de las causas naturales y en las operaciones de los poderes de la naturaleza. El que truena es el Dios de la gloria (v. 3); tanto es así que al trueno se le llama aquí «voz de Yahweh» nada menos que siete veces (vv. 3,4 —dos veces—, 5, 7, 8, 9). Todo el que oye el trueno debe reconocer que es «la voz de Yahweh con majestad» (v. 4b. Lit.). Si su voz es tan terrible, ¿qué será su brazo? Esa voz de Yahweh, que es el trueno, es tan fuerte que quebranta y desgaja los cedros del Líbano (v. 5), los cuales eran ejemplo de derechura, robustez y altura entre todos los cedros del país. Por supuesto, se ha de entender que, con la voz del trueno, iban los demás elementos de la tempestad: el rayo, el huracán y hasta las sacudidas de la tierra que hacían temblar los montes (v. 6) y el desierto (v. 8); fenómenos todos que, a lo largo de la Biblia, expresan simbólicamente una actuación extraordinaria del poder de Dios (esto explica su mención —o de señales análogas— en varios lugares de Ap. y hasta en Hch. 2:20). «Siryón» (y. 6b) es el nombre sidonio del Monte Hermón (Dt. 3:9), en la frontera de Israel. No faltan eruditos que opinan que se ha perdido una primera parte del v. 7, al constar sólo de un estico. «Voz de Yahweh que corta (lit.; hebr. jotseb —participio) llamas de fuego» (v. 7), refiriéndose gráficamente al zigzaguear de los relámpagos. El v. 9 resulta algún tanto dudoso en la forma en que nos ha llegado. El texto actual dice literalmente en su 1." parte: «Voz de Yahweh que hace parir (acelera el parto) a las ciervas y desnuda los bosques. El sentido es: La tempestad que Dios envía causa tal terror a los animales del bosque que huyen espantados de allí, dejándolo «desnudo», es decir, sin animales. (B) En el reino de la providencia (v. 10): «Yahweh está entronizado sobre el diluvio, y se sienta Yahweh como rey para siempre. » Las olas y mareas, las agitaciones y revoluciones de este mundo, por grandes y terroríficas que sean, no perturban en modo alguno el poder y el reposo de la Mente Eterna ni son capaces de sacudir ninguno de los designios de Dios. La administración de su reino se ajusta a sus eternos designios. Nada lo expresa mejor que el vocablo «diluvio», el cual aparece únicamente aquí y en los caps. 6 al 11 del Génesis, como hace notar Ryrie. Por consiguiente, David parece referirse aquí a la mayor catástrofe que hasta entonces había experimentado la humanidad. (C) En el reino de la gracia. Aquí es donde más resplandece el brillo de la gloria de Dios (v. 9b): «En su templo, todo proclama su gloria. » Allí, donde su pueblo se reúne para cantar sus alabanzas, todo proclama la gloria del Señor. Todas las obras de Yahweh le alaban, pero sólo sus santos le bendicen (145:10), es decir, sólo ellos pueden expresar conscientemente, y poner en palabras con sentido, las alabanzas que, de forma callada e inconsciente, le tributa la naturaleza. El v 11 parece una aclamación comunitaria. Dice Arconada: «Pudo cantarla el pueblo, pudo ser pronunciada por los sacerdotes a modo de bendición o puede tratarse de una consideración redaccional del autor del salmo. » La «fuerza» sirve para dar vigor al pueblo de Dios, a fin de que puedan dedicarse a toda obra buena y hacer frente a todo mal; la «paz» es el conjunto de bienes que Dios dispensa a los suyos.
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