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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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Comentario a Salmos 15 | Ver Comentario al Salmo 15 |
Salmos 15 -Los que habitarán en el monte santo de Dios ____________________________________________________
Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia." Este es uno más de los salmos de David. El objeto de este breve, pero excelente salmo es mostrarnos el camino del Cielo y convencernos de que, si queremos ser felices de veras, hemos de ser santos y honestos. Cristo, quien es Él mismo el camino (Jn. 14:6) y en quien hemos de andar nuestro camino (Col. 2:6), nos mostró también el mismo camino cuando dijo: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos» (Mt. 19:17). En este salmo, I. Mediante una pregunta (v. 1), se nos instruye e incita a buscar el camino. II. Mediante la respuesta a dicha pregunta, se nos exhorta, en el resto del salmo (vv. 2-5) a andar por ese camino. III. Mediante la seguridad que se nos concede al final del salmo de que iremos a salvo por tal camino, se nos anima a andar por él (v. 5). Versículos 1-5 I.
Una pregunta muy seria y grave concerniente al carácter de un ciudadano de
Sión (v. 1): «Yahweh, ¿quién habitará en tu tabernáculo? Hazme saber
quiénes irán al Cielo.» No pregunta por el nombre de los que se han de salvar,
pues solo el Señor conoce a los que son suyos, sino por la descripción de su
carácter, como diciendo: «¿Qué clase de personas son las que has de reconocer
como tuyas y a las que vas a coronar con especiales y eternos favores?». Todos y
cada uno debemos hacernos a nosotros mismos esta pregunta: «Señor, ¿qué haré
para heredar la vida eterna?» (Lc. 18:18); «¿Qué debo hacer para ser
salvo?» (Hch. 16:30).
II. Una respuesta muy clara y concreta a dicha pregunta sobre el carácter de
un ciudadano de Sión. - 3. Ha de esforzarse en hacer a sus prójimos todo el bien que pueda, teniendo sumo cuidado en no hacer daño a nadie; de modo especial, ha de salvaguardar la reputación de su prójimo (v. 3). Ha de echar a buena parte todo lo que vea en los demás. Si le cuentan algo malo de su prójimo, lo rechazará si le es posible o lo guardara en secreto hasta su muerte. Su amor cubrirá multitud de pecados (Sal. 32:1; Pr. 10:12; Stg. 5:20; 1 P.4:8). - 4. Ha de apreciar a los hombres y evaluarlos por su virtud, no por lo que aparenten ante el mundo. No ha de pensar que los hombres pierden algo de su piedad por ser pobres o de baja condición social; sólo ha de menospreciar a los que son viles en la presencia de Dios, y honrar a los que temen a Yahweh. Tal persona reconoce que la verdadera piedad, donde quiera se halle, honra al hombre y hace brillar su rostro más y mejor que lo que pueden hacerlo la riqueza, el talento o el prestigio humano. - 5. Ha de preferir siempre tener buena conciencia por encima de cualquier interés o ventaja materiales, de forma que, si ha prometido bajo juramento hacer algo, ha de atenerse a ello sin cambiar, aunque de ello se le siga después algún perjuicio para sus intereses materiales (v. 4b). - 6. Finalmente, no ha de tratar de incrementar sus ingresos por medio de prácticas injustas (v. 5): «Quien su dinero no dio a usura, para vivir a expensa de las labores y fatigas de otros.» No es que se quebrante la ley de la justicia ni la de la caridad por prestar con un provecho similar al que recibe el que toma dinero a préstamo, lo mismo que e amo de una finca que cobra dinero del arrendatario, ya que el dinero puede incrementarse, mediante el trabajo y el comercio, lo mismo que el fruto que se le saca al suelo. Pero un ciudadano de Sión ha de prestar a los pobres sin exigirles interés, de acuerdo con sus posibilidades, no siendo riguroso ni severo con quienes han sido reducidos a tal estado por los avatares de las circunstancias. Tampoco admitirá cohecho contra el inocente; si está empleado en la administración de la justicia pública, no se dejará sobornar por ningún medio para hacer algo con que salga perjudicada una causa justa. III. El salmo concluye con una ratificación de este carácter del ciudadano de Sión. Tal persona será como el propio Monte Sión, que no puede ser removido. Todo miembro vivo de la Iglesia está, como la Iglesia misma, edificado sobre una roca, contra la que no pueden prevalecer los poderes de la muerte (Mt. 16:18 "del Hades", no "del Infierno" como traducen equivocadamente muchos): «El que hace estas cosas, no vacilará jamás» (Lit. no será sacudido por siempre v. 5b).
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