Abba es la palabra siro-caldea por
padre; a ésta se junta en el original la palabra griega «pater» que también
significa padre.
Pablo escribe aquí de los creyentes, poseídos del Espíritu de adopción,
siendo adoptados hijos de Dios, por el nacimiento de arriba. La palabra
clamamos es enfática expresando lo espontáneo, poderoso y abundante en los
sentimientos filiales.
En Gal. 4:6 se dice que este grito procede del Espíritu en nosotros, así que
nosotros clamamos, bajo la energía vivificadora del Espíritu cual elemento
propio de la vida nueva que poseemos (Mat. 10:20). Abba, la palabra griega
pater, acompaña la siro-caldea Abba, para explicarla, como parece, o para
decir al lector que ambas significan lo mismo, por la misma razón que hace a
Jesús usar las dos en su agonía en el huerto (Marc. 14:36). Sin duda le
gustaba expresar el nombre del Padre en las dos formas comunes, empezando
por la de la lengua madre y luego por la de la lengua extranjera de los
sabios. Acordándonos de esto, las dos palabras por «padre» aquí empleadas,
adquieren un significado íntimo, tierno, de sentimiento profundo.
Quizá fue recordando esta doble expresión de Jesús en el huerto de Getsemaní
(que probablemente conocía por los evangelios sinópticos, o bien de sus
conversaciones acerca de Cristo y su pasión con los cristianos de
Jerusalén), que el apóstol Pablo la emplea también en este pasaje.