NACIDOS DE AGUA Y DEL ESPIRITU
Tomado del libro Enciclopedia Explicativa de dificultades bíblicas.
Pág. 119 - Editorial CLIE-.
«El que no
naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios.» (Juan
3:5.)
Pregunta:
Todos los creyentes sabemos lo que significa «nacer de nuevo», pero ¿por qué
dice Jesús «el que no naciere de agua»? ¿Se refiere al bautismo?
Respuesta:
Es necesario hacer notar aquí que la mayor parte de los manuscritos antiguos
dicen «el que no naciere de arriba» (véase nota en revisión 1977), pero
todos entendemos que significa la conversión por el poder del Espíritu
Santo, que ciertamente es el nacimiento de arriba, así que esta versión es
más exacta aunque la expresión «de nuevo» es más comprensible.
El lenguaje
figurado de Jesús, es en este caso la esencia del mensaje del Evangelio; la
nueva vida que el Espíritu de Dios produce en aquellos que aceptan a
Jesucristo como su Salvador, al exponer el cual, Jesús emplea figuras
humanas, porque era una doctrina tan nueva para Nicodemo y el pueblo judío
en general, de su tiempo, que era necesario expresarlo por medio de figuras.
La figura que
nos parece un tanto rara a nosotros aquí, es la palabra agua. ¿A qué se
refiere Jesús al decir «el que no naciere de agua»?
Se usan tres
interpretaciones para explicar esta frase.
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La Iglesia Católica Romana, y también unos pocos cristianos evangélicos que
dan exagerada importancia al rito del bautismo, suelen aplicar la palabra
agua a dicha ordenanza. Pero esta interpretación tiene en su contra la
rotunda frase de Cristo: «No puede ver el Reino de Dios.» ¿Cómo podía
tratarse del bautismo de agua cuando Jesús dijo al ladrón que murió
crucificado con Él, sin posibilidad alguna de recibir el bautismo: «De
cierto te digo que hoy estarás conmigo en el Paraíso»? La Iglesia Católica
enseña que en este caso el bautismo de agua fue sustituido por el de sus
sufrimientos en la cruz, pero éste es un subterfugio poco convincente para
afirmar la imprescindibilidad del bautismo del agua. Además ha habido muchos
miles más de cristianos sinceros que creyeron en Jesucristo y no pudieron
ser bautizados, por circunstancias que no dependían de ellos. Sería un
absurdo y una fe supersticiosa en la eficacia de los sacramentos creer que
Dios habría de condenar a tales personas, simplemente, por faltarles la
práctica de un rito externo.
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La mayor parte de las iglesias evangélicas aplican a este texto la frase de
1a Pedro 1:22-23: «Habiendo purificado vuestras almas en la
obediencia y la verdad mediante el Espíritu, para un amor fraternal no
fingido:
Amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; habiendo nacido de
nuevo, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por medio de la
Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.» Dicen que como el agua
limpia y purifica, la Palabra de Dios aplicada a nuestras almas nos purifica
mediante la redención efectuada por Cristo, que esta Palabra nos anuncia, la
cual creída, nos limpia de todo pecado. No podemos negar que esta
interpretación parece algo sofisticada o forzada. Pero en el fondo es
cierta.
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Hay, finalmente, quienes razonan: «Jesús está hablando de dos nacimientos,
el de la carne y el del Espíritu. En el nacimiento de la carne el niño viene
envuelto en agua dentro del seno materno, así que puede llamarse a este
nacimiento natural, o carnal, nacimiento del agua. Nadie que no haya nacido
de esa manera puede tener existencia humana. Son necesarios los dos
nacimientos, primero como ser humano y luego el nacimiento del Espíritu,
para poder entrar en el Reino de Dios.
Quizá nos
parezca trivial o cruda esta última interpretación, puesto que estamos tan
acostumbrados a la segunda, los cristianos evangélicos. Sin embargo, no deja
de ser natural si tenemos en cuenta la franqueza y libertad con que la
Biblia habla de los temas de generación y de sexo, en contra de la hipócrita
reticencia de siglos posteriores por los escritores de cultura que podríamos
llamar, más que cristiana católica romana, sobre aquellos términos que
tienen que ver con el sexo o la generación. Aquí la palabra agua, sería un
seudónimo complementario de la palabra «carne» que también emplea Jesús en
el pasaje, para referirse al nacimiento natural. Es lógico que el que no ha
nacido de la carne, o sea no ha tenido vida humana no puede llegar a obtener
vida espiritual, porque nunca ha existido como ser consciente.