EL
CIELO.
¿Es el cielo un lugar o un estado del alma?
Jesucristo nos enseña de un modo claro que el
cielo es un lugar. En Juan 14: 2 dice: "Voy, pues, a preparar un lugar para
vosotros", y para hacerlo más claro todavía, añade en el siguiente
versículo que, cuando el lugar nos haya sido preparado volverá para recibirnos
a sí mismo, para que allí donde él esté, estemos también nosotros.
Además, se nos dice de un modo claro que, cuando
Jesús mismo dejó la tierra, fué al cielo, desde donde había venido. (Juan
13:3; Hechos 1:9, 10; Efesios 1:20-21; y muchos otros lugares)
La bienaventuranza del cielo no será debida al
carácter del lugar de un modo total. Será mayor todavía por el estado mental
en que se hallarán los que habitan en él. Sin embargo el cielo es un lugar, un
lugar más bello que cualquiera pueda concebir. Todas las comparaciones
terrenales deben ser por necesidad insatisfactorias. En este nuestro lado
presente todos los sentidos y facultades naturales de percepción están
embotados por el pecado y la enfermedad que sigue al pecado. En nuestros cuerpos
redimidos cada sentido y facultad será ampliado y será perfecto. Puede que
haya nuevos sentidos, pero lo que hayan de ser naturalmente no nos lo podemos
imaginar. Lo más bello que hayamos contemplado en esta tierra no es comparable
en nada a la belleza de lo que nos espera en esta bendita "ciudad con
fundamentos". El cielo estará libre de todas las maldiciones y pesadillas
que nos atormentan aquí. No habrá penosos trabajos serviles, ni habrá dolor
ni enfermedad (Apocalipsis 21:4), ni muerte ni entierros ni separación
Especialmente no habrá pecado. Será un sitio de conocimimiento universal y
perfecto, (1a.Corintios 13:12), de amor universal y perfecto, (1a.Juan 3:2;
4:8), de perpetua alabanza (Apocalipsis 7: 9-12). Será un país de melodías y
cánticos.
¿Qué es necesario hacer para llegar al cielo?
Sólo hay una cosa que se debe hacer para llegar
al cielo, a saber, aceptar a Jesucristo como Salvador personal, entregarse a él
como Señor y Maestro y confesarle abiertamente delante del mundo como tal.
Jesucristo dice "Yo soy el camino, y la verdad y la vida: nadie viene al
Padre sino por mí" (Juan 14:6). En otra parte dice: "Yo soy la
puerta: el que por mí entrare, será salvo" (Juan 1:9). Todo aquel que
recibe a Jesús es hecho al instante hijo de Dios, heredero de Dios y coheredero
con Cristo (Juan 1:12; Romanos 8:16-17)
Toda persona puede saber si está ya en el camino
del cielo o no, haciéndose simplemente estas preguntas:
-
¿He recibido a Jesucristo?
-
¿Lo he aceptado como
expiación de mi pecado, como el que llevó mis pecados en su cuerpo sobre el
madero? (Isaías 53:6; 1a.Pedro 2:24; Gálatas 3:13).
-
¿Estoy confiando en él
para que me perdone mis pecados, porque Jesucristo los llevó por mí?
-
¿He
recibido a Jesucristo como mi Señor y Maestro?
-
¿He rendido mi mente a él para
que me enseñe, y mi vida a él para que la guíe en todo?
-
¿Estoy confesándole
como mi Salvador y Maestro delante del mundo cuando tengo oportunidad para
hacerlo?
El que pueda contestar afirmativamente a estas
preguntas puede saber que se halla en camino del cielo. Naturalmente el que ha
recibido a Jesús como su Señor y Maestro lo demostrará estudiando día tras
día su Palabra para conocer su voluntad, y lo demostrará también haciendo su
voluntad tal como la encuentra en la Biblia.
¿Es la Biblia una guía suficiente para ir al
cielo?
Sí, lo es. Nos enseña a todos qué clase de
lugar es el cielo y cómo podemos llegar allá. Nada hay que un hombre necesite
saber acerca del camino del cielo que no se especifique claramente en la Biblia.
Es el único libro del mundo que revela a Jesucristo, y Jesucristo mismo es el
camino del cielo (Juan 14:6).
¿Reconoceremos a nuestros amados en el cielo?.
Con toda seguridad. Pablo al escribir a los
creyentes de Tesalónica les dice que no se aflijan por sus amados, de los
cuales han sido separados por un tiempo, como lo hace los que no tienen ninguna
esperanza, porque (continúa diciendo) Jesús mismo volverá, y nuestros amados
que han dormido en Jesús serán levantados primero, y luego nosotros que
estemos vivos seremos transformados y arrebatados con ellos para
encontrar al Señor en los aires. La base principal de esta exhortación es que
cuando seamos arrebatados juntamente con nuestros amados los veremos otra
vez. Además, Moisés y Elías aparecieron a los tres discípulos que estaban
con Jesús en el Monte de la Transfiguración fueron reconocidos por ellos
(Véase Mateo 17:3 y los versículos que siguen). Si podemos reconocer a los que
no hemos visto nunca en la carne, mucho más reconoceremos a nuestros amados.
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