La Biblia
¿Cree Ud. en la inspiración verbal de la Biblia?
Sí, la creo. Es decir, creo que los escritores de los diversos
libros de la Biblia fueron guiados por el Espíritu Santo, no sólo en el
pensamiento al que daban expresión, sino también en la selección de las
palabras con las cuales daban expresión a este pensamiento. "Hablaron
siendo inspirados del Espíritu Santo" (2a Pedro 1:21).
Era el Espíritu Santo el que hablaba (Hebreos 3:7;10:15-16; Hechos 28:25). La
palabra pronunciada era su palabra (2a Samuel 22:2). Las
mismas palabras usadas eran palabras que enseña el Espíritu Santo, (1a
Corintios 2:13). Pablo lo expresa de un modo clarísimo al afirmar: "No con
doctas palabras de humana sabiduría, mas con doctrina del Espíritu."
El mismo Espíritu Santo anticipó todas estas teorías
modernas, ingeniosas pero no bíblicas y falsas, referentes a su propia obra en
los apóstoles. Cuanto más detallada y cuidadosamente se estudia el lenguaje de
las afirmaciones hechas en la Biblia, más se llega al convencimiento. La
doctrina de la inspiración verbal puede aparecer como discutible y aun absurda
para el que la estudia superficialmente, pero toda persona regenerada y
enseñada por el Espíritu que considera las palabras de la Escritura día tras
día y año tras año, adquirirá día a día una mayor convicción de que la
sabiduría de Dios está en las mismas palabras usadas, así como en el
pensamiento que ellas expresan.
Es un hecho muy sugestivo el que nuestras dificultades con la
Biblia desaparecen cuando nos damos cuenta del exacto lenguaje que usa. El
cambio de una palabra, de una letra, del tiempo de un verbo, del caso o del
número, conduce muchas veces a contradicción y falsedad; pero tomando las
palabras exactamente tal cual están escritas, desaparecen las dificultades y
resplandece la verdad. Al estudiar la Biblia con detalle microscópico, brilla
más claramente su origen divino, en tanto que vemos su perfección de forma
como de contenido.
¿Están todas las partes de la Biblia igualmente inspiradas por
Dios?
La respuesta la encontramos en 2a Timoteo 3:
16: "Toda Escritura es inspirada divinamente." En su original, la
Biblia entera es verdad infalible, y la traducción de que disponemos nos da los
escritos originales con exactitud suficiente y substancial.
Pero no todas las partes de la Biblia son igualmente
importantes. Por ejemplo, las genealogías dadas en 1a
Crónicas 1 a 9 tienen bastante más importancia de la que el lector corriente
de la Biblia acostumbra a concederles, pero sin duda no son tan importantes para
el creyente de hoy como las enseñanzas de Cristo y los apóstoles.
Si es el Espíritu Santo el autor de las palabras de la
Escritura, ¿cómo nos explicamos las variaciones en el estilo y en el lenguaje?
Pablo, por ejemplo, y Juan, cada uno tiene un lenguaje propio y particular.
Aunque no nos pudiéramos explicar este hecho de un modo
satisfactorio tendría poco peso en contra de las afirmaciones explícitas de la
Palabra de Dios. Todo aquel que es suficientemente humilde y entendido para
reconocer que hay muchas y grandes cosas que no nos podemos explicar, aunque
podríamos hacerlo si nuestros conocimientos fueran un poco mayores, no vacila
nunca ante una dificultad aparente de este tipo. Pero en realidad es bastante
fácil explicar estas variaciones. La explicación clara y simple es la
siguiente: El Espíritu Santo es lo bastante sabio y tiene suficiente facilidad
en el uso del lenguaje al revelar la verdad a cualquier individuo, o al hacerlo
por medio de él, para usar palabras, frases, y locuciones que acostumbre
emplear esta persona, y lo mismo formas de pensamiento que le sean familiares,
es decir aprovechar las peculiaridades individuales de la misma. Es una de las
pruebas de la sabiduría divina de este libro el que las mismas realidades
divinas sean expresadas con absoluta exactitud en tan variadas formas de
expresión.
Si la Biblia está inspirada verbalmente, ¿por qué los
escritores de los Evangelios no nos dan las mismas palabras de Jesús y de otras
personas exactamente? Yo comprendo que las descripciones de los hechos pueden
diferir, pero sus palabras no pueden ser expuestas de una forma por Mateo y de
otra por Lucas, si es que existe la inspiración verbal, tal como se aplica por
ejemplo en Gálatas 3:16 al precisar: "simiente" y no
"simientes."
Los escritores de los Evangelios dan "las mismas palabras
de la persona" exactamente cuando dicen hacerlo. Cuando sólo pretenden
decir lo sustancial de las palabras dichas por la persona, pueden no darlas con
exactitud. Pero aunque dicen las palabras de Jesús de un modo exacto, no
siempre pretenden decir todo lo que Jesús pronunció. Así Mateo puede darnos
una parte y Lucas otra, y para obtener el conjunto deben juntarse las dos
referencias. Mateo nos da la parte que se adapta a su propósito y Lucas la que
se adapta al suyo. Está muy bien que nos sean dadas de este modo, porque esta
es una de las muchas pruebas incidentales de que los Evangelios fueron escritos
independientemente y no compuestos a base de arreglos uno del otro.
Además debe recordarse que las palabras pronunciadas por Jesús
lo fueron en arameo y Mateo y Lucas nos las dan en griego. Hay razones que
abonan la suposición de que las palabras registradas por Mateo, Marcos y Lucas
fueron las que Jesús pronunció en arameo, en tanto que las recogidas por Juan
fueron las que pronunció en griego, porque hay que recordar que en tiempos de
Jesús la población era bilingüe.
¿Puedo fiarme de las fechas dadas en los márgenes de la
Biblia?
En ninguna manera. Las fechas de los márgenes de la Biblia no
forman parte del texto original. Son el resultado de estudios del Arzobispo
Usher y eran aceptables en su tiempo, y de un modo general nos dan idea de la
época en que currieron los hechos; pero la investigación escrituraria ha hecho
grandes adelantos desde sus tiempos y ahora sabemos que algunas de sus fechas no
son de confianza. No sé de ninguna cronología que sea totalmente segura, pero
es muy probable que aparezca pronto alguna, ante la cada día creciente
información acerca de los tiempos bíblicos que se obtiene de las excavaciones
en Tierra Santa.
¿Cómo intentaría Ud. interesar a una persona indiferente
en el estudio de la Biblia?
Antes que nada procuraría que aceptara a Jesucristo como su
Salvador, y después le demostraría que la Biblia es la Palabra de Dios para
él, y que el único camino de crecer y afirmarse en la gracia es el estudio de
la Palabra. Después le explicaría algún método simple para estudiar la
Biblia y le estimularía a empezar. El mejor medio para que una persona
convertida se interese en el estudio de la Biblia es el de que empiece realmente
a estudiarla. Cuanto más se hace, más aumenta el afán de estudiarla.
¿Cuáles seis libros de la Biblia son los que un recién
convertido debería leer y estudiar primero?
Primero el Evangelio de San Juan. Es uno de los libros más
profundos de la Biblia, pero en él hay mucho para el creyente joven. Fué
escrito con el propósito específico de llevar a las personas al convencimiento
de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y que creyendo pudiera alcanzar
vida eterna por su nombre (Juan 20:31); y para el joven creyente nada es más
necesario que el alcanzar una fe firme e inteligente en Jesús como Cristo el
Hijo de Dios.
Después de leer el Evangelio de San Juan procuraría que el
recién convertido leyera el Evangelio de Marcos, después el de Lucas, y
después el de Mateo. A continuación, los Hechos de los Apóstoles, y después
la Epístola a los Romanos. Creo que después le haría leer el Nuevo Testamento
entero por el orden en que se encuentran sus libros.
Si quiere profundizar más sobre este tema vaya
a:
[ La Biblia:
Inspirada por Dios ] [La Biblia: Palabra de Dios]
[La Biblia: Como Revelación Divina]
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