«Dios es el que
obra en vosotros.» (Fil. 2:13.)
Fácilmente: mirando cada texto a la
luz de su contexto. Dice el primero: «Dios es el que en vosotros obra
así el querer como el hacer por su buena voluntad»; en otras palabras: es
Dios que obra en vuestras almas, filipenses, haciendo que deseéis hacer su
voluntad, haciéndoos capaces también de ponerla en práctica.
Dice el otro
texto: «De manera que la muerte obra en nosotros», a saber: en
nuestros cuerpos, porque somos afligidos y en su caso, aun perseguidos hasta
la muerte. Nuestro hombre exterior, el cuerpo, se va desgastando. Siempre
estamos entregados a muerte por Jesús (vers. 10-11) dice en otro lugar.
En otras
palabras: Hay un doble proceso en cada hijo de Dios, uno exterior
descendente y otro interior ascendente, como lo declara en II de
Corintios 4:16.
Pablo sufría el
desgaste material de su cuerpo, acelerado, particularmente, por sus
esfuerzos misioneros en favor de sus convertidos, en los cuales empezaba el
proceso espiritual ascendente. Se mataba (podríamos decir) a su favor para
que ellos tuviesen vida espiritual.
Pero él mismo
ascendía espiritualmente en virtudes espirituales y en valía delante de
Dios; no solamente a causa de los frutos que iba acumulando como preciosos
tesoros para el día que tuviera que rendir cuentas, sino que su propia
persona se iba transformando; su «hombre interior» se renovaba de día en
día.
Por esto puede
decir el apóstol: por un lado «la muerte obra en nosotros»; y a sus
convertidos: «Dios es el que obra en vosotros.»