RAHAB
"Por fe, Rahab la ramera, no pereció
juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz."
(Hebreos 11:31)
LEASE:
JOSUE 2:1; 6:17-25; HEBREOS
11:31; SANTIAGO 2:25
Los rabinos, desde tiempo inmemorial y luego
muchos intérpretes del Cristianismo han intentado demostrar que Rahab era
una mujer distinta de lo que nos describen las Escrituras. Niegan que
fuera una ramera. Rahab se casó con Salmón, fue la madre de Booz y, por
tanto, está incluida en la línea materna de los antecesores de Cristo.
El apóstol Pablo la nombra entre la gran "nube de testigos" Es
la única mujer, junto con Sara, que es
designada como un ejemplo de fe. Además, el apóstol Santiago la menciona
como una persona digna por sus buenas obras (2:25). ¿Cómo, se preguntan
algunos, puede una mujer así haber sido una ramera? Es demasiado
escandaloso. Especialmente difícil de creer para las personas pagadas de
sí mismas, y que miran con desdén a los pecadores flagrantes. Repugna
también a los que quieren hacer modelos de piedad y virtud a todos los
carácteres de las Escrituras.
En consecuencia ha habido mucha discusión
sobre el significado de la palabra hebrea "zoonah" traducida en
nuestra versión como ramera. Algunos dicen que era la dueña de una
posada, simplemente. Otras que Rahab había sido una concubina, como Agar
y Zilpa. Otros conjeturan que podía haber caído en su juventud,
pero que cuando vivía en Jericó era una mujer de buena reputación.
Todas estas suposiciones se han hecho por no entender el consejo de Dios
para la redención de los pecadores. Deforman la historia de Rahab porque
quieren establecer un esquema de salvación a base de la bondad humana.
Pero las conjeturas no alteran los hechos.
Rahab era una ramera. No hay manera de cambiar el significado de
"zoonah", ni el del griego "porne". Aunque nos repugne
admitirlo, hemos de recordar que no sólo Rahab, sino Tamar
y Betsabé eran mujeres pecadoras, aunque constan en la genealogía de
nuestro Salvador.
"Todos pecaron y han sido destituídos de
la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia."
Esta es la gran verdad que hemos de recordar al considerar la materia, y
esto se aplica a Rahab o a toda mujer virtuosa hoy. Las Escrituras no
hacen excepciones. Pero Rahab tuvo fe y se arrepintió de su pecado.
Después que cayeron los muros de Jericó y ella fue salvada, se casó con
un príncipe de Israel. Por su fe, que nació cuando todavía vivía una
vida de pecado, su nombre ha sido inmortalizado por el apóstol.
Rahab, probablemente, oiría del extraño
pueblo que se estaba acercando a Jericó, por algunos mercaderes, gente
que. frecuentaban una casa como la suya. Por otra parte hemos visto que en
el pueblo escogido el pecado era frecuente, había una murmuración
constante. (Recordemos a María la
hermana de Moisés, nada menos.) Recordemos también a Sípora,
la esposa de Moisés. Incluso el mismo Aarón pecó en numerosas
ocasiones. Entretanto, Dios tuvo compasión de esta mujer y le concedió
su gracia. Es indudable que había centenares de mujeres incomparablemente
más virtuosas en Jericó que Rahab. Todas ellas fueron pasadas por alto y
el toque de gracia recayó sobre Rahab.
Es posible que la fe ya hubiera estado
creciendo en su alma. Que hubiera oído de los milagros extraños que se
realizaban entre aquel pueblo que peregrinaba por el desierto, cercano ya
a Jericó. En este momento de su fe la visitaron dos representantes de
Dios. Su entrada en la casa fue parte de la preparación para el camino de
Dios en favor de su pueblo. Ahora la fe de Rahab se vuelve decisiva.
Considera a sus visitantes como embajadores de Dios. Arriesga su vida por
ellos. El peligro en que incurrió era grave en extremo. Sin embargo salva
a aquellos dos hombres, no por simpatía humana, no porque le convino para
su propia seguridad, sino porque habían sido enviados por el altísimo
Dios. -
Rahab hizo lo que hizo por amor a Dios. Los
primeros frutos de su fe se hacen evidentes al instante. Su corazón antes
de hielo se derrite y piensa en su padre y su madre, y pide si pueden ser
salvados.
Los ejércitos de Israel se estacionaron
alrededor de Jericó. Pero en toda la ciudad sólo hay una persona que
reconoce en aquel ejército a los enviados de Dios. Abre la ventana y hace
descender un cordón de grana. Rahab cree, y su redención es segura. Dios
la incorpora en la línea santa de su Hijo unigénito. Con ello Dios no
aprueba los actos pecaminosos. Lo que hace es decirnos que El es
omnipotente y que puede redimir incluso al más profundamente pecaminoso.
Y nos dice, además, que por el hecho de que haya puesto fin al conflicto
agudo del pecado en nosotros, no hemos de tenernos por santurrones, y
mirar con desdén a los otros porque pecan.
Preguntas
sugeridas para estudio y discusión
1.¿ Por qué las vidas de tantas mujeres qué
no pertenecieron a Israel son consignadas en la Palabra de Dios?
2.¿ Podían ser salvas estas mujeres, incluso
en los días del Antiguo Testamento?
3.¿Cómo podemos explicar el hecho que Rahab
tuviera conocimiento del verdadero Dios?
4. ¿ Cuál fue el premio de su fe? ¿Reciben
"las buenas obras" su recompensa?
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