Noadías
se nos presenta en contraste con Hulda. Las dos
son profetisas: la diferencia es que Hulda
inspiró la reforma que se realizó en tiempo de Josías, y Noadías
contribuyó a obstaculizar la que se realizó en tiempo de Nehemías.
Hulda era un profetisa auténtica, Noadías era falsa. Hulda hablaba
inspirada por el Espíritu; en el caso de Noadías lo que decía era un
mero producto de su imaginación.
Los
profetas y profetisas recibían su inspiración de Dios, pero estaban
además sometidos a su temperamento natural, a su disposición y al efecto
de su propia formación voluntaria y personal. Sabemos, por ejemplo, que
había escuelas de profetas y que la música ocupaba una parte importante
en ellas.
Este
aspecto mediato de Ia profecía (en oposición al inmediato o divino) daba
por resultado la aparición de profetas falsos. Eran hombres y mujeres que
eran por naturaleza excitables, entraban en estados de fervor exacerbado,
y que iban por el país, con este estado de ánimo, imitando las palabras
de Dios. Aun hoy vemos conversiones de este tipo, llenas de éxtasis y
frenesí, en que todo es entusiasmo, espuma que es el mero producto
subjetivo o una exacerbación aguda de la imaginación.
Hemos
de considerar a Noadías como una mujer de este tipo. Pero, esta
característica la hacía una mujer peligrosa. Esta mujer pseudo piadosa y
nerviosamente excitable producía gran impresión por su pasión y celo,
por su sinceridad. Las masas eran arrastradas a creer que ofrecía una
revelación divina. Cuando ayudaba con sus exhortaciones a los aviesos
planes de Tobías y Sanbalat, para estorbar la reforma de Nehemías, su
palabra era efectiva.
La
situación, en lo esencial, puede reducirse a lo siguiente. Este era el
razonamiento, podemos suponer de Noadías: «El Templo está en ruinas y
los muros de Jerusalén destruidos. Es necesario instituir una reforma y
esto es lo que intenta Nehemías. Pero la voluntad de Dios es hacerla a su
debido tiempo no ahora. Ahora quiere que pasemos un periodo de
humillación y disciplina, pues ésta es la maldición y castigo de Dios.
Hemos, pues, de aceptar esta carga de Dios contentos y de buena voluntad,
pues es el resultado de nuestros pecados. La reforma inmediata son meros
esfuerzos humanos, no los planes divinos. Dios estorbará estos esfuerzos
y Nehemías caerá a cuchillo si prosigue con su orgullosa reforma.»
Esto
parecía a muchos un lenguaje piadoso. «Apartaos de los esfuerzos
humanos, son el fruto del orgullo. Dios hará su reforma, ésta es Ia que
necesitamos, no la de los hombres.»
Nehemías
no hizo caso alguno de sus admoniciones. A un profeta de Baal se le
habría opuesto por Ia espada. Pero esta falsa charla pseudo piadosa eran
causa de desánimo para el pueblo, e incluso socavaba probablemente su
propio ánimo. No entro en controversias con Noadías. Procuro evitar las
asechanzas y lazos de Tobías y Sanbalat, y oro contra todos ellos:
«Acuérdate, Dios mío, de Tobías y de Sanbalat...»
La
oración fue contestada. El muro terminado. La reforma fue llevada a su
cabo. En toda reforma hay en la Iglesia almas pseudo místicas que se
oponen a su progreso. Las había en abundancia en la Reforma del siglo