Como
nos dice el versículo anterior, la muchacha servía en calidad de
cautiva, o como podría decirse, de esclava. En aquellos tiempos había
gran cantidad de sirvientes en una casa principal, y de diversas
categorías. Recordemos a Agar y a Zilpa, que eran como dueñas, o
doncellas personales. Esta era la ocupación de la muchacha a que nos
referimos.
Naamán
era el comandante en jefe del ejército del rey de Siria. Había ocupado
una posición semejante a la de ministro de la guerra. Después de
realizar campañas victoriosas en el territorio, de Israel había
regresado a su pueblo cargado de botín: entre los despojos se hallaba
esta muchacha judía, por medio de la cual iba a recibir su curación. La
naturaleza exacta de la enfermedad de Naamán no la conocemos, aunque es
llamada en el libro de Reyes lepra. Sin duda, era una enfermedad de la
piel muy severa, aunque no le impedía cumplir sus deberes militares. La
muchacha, viendo en la intimidad del hogar, en que las sirvientas entonces
vivían, y han venido haciéndolo durante siglos, no pudo por menos que
llegar a conocer la condición de su señor. Sin duda, sentiría afecto
por sus amos y tenía bastante confianza en la señora para sugerirle que
en Samaria había un profeta que podría curar la enfermedad. La historia
es de las más conocidas del Antiguo Testamento. Naamán fue a Siria y
Eliseo fue instrumento de Dios para que su «lepra» fuera curada. Sólo
el Dios de Israel podía hacer milagros así. Su nombre, a partir de
entonces, fue celebrado en Damasco. Podemos suponer que Israel no fue
atacado por partidas armadas procedentes de Siria en tanto que Naamán fue
el jefe supremo del ejército.
Queda
un aspecto que se puede hacer notar en el relato. Es la influencia que una
doncella puede tener en una casa. Aunque el número de casas con
sirvientas se ha venido reduciendo, en una forma u otra, siempre hay
personas que prestan sus servicios, sea a horas, o por lo menos con un
cierto tipo de regularidad en otras casas. Niñeras o cuidantes de niños
que ya no son tampoco muy comunes. Las posibilidades de influir en la casa
de los amos, sean en los mismos señores o en los hijos, o en el ambiente
total de la familia por parte de la sirviente son muy grandes. Una
sirviente cristiana que teme a Dios y tiene un sentido apropiado de su
responsabilidad aprovechara las numerosas oportunidades que se le
presentarán para dar testimonio del Señor, como hizo esta muchacha
judía.