A
los ojos de Jesús, Sidón y Tiro fueron calibradas como equivalentes a
Sodoma y Gomorra. Eran ciudades dedicadas al comercio, ricas y prósperas,
centros de vicio y de impiedad. Jezabel procedía de Sidón. Era una
princesa, la hija del rey de Sidón. Ya se puede comprender su reacción,
acostumbrada a una vida licenciosa y refinida, cuando se trasladó a un
ambiente rural, Jezreel, ciudad en que la vida era simple y austera en
comparación, donde se hacían esfuerzos para vivir al servicio de
Jehová.
La
religión judía no era pura. Jeroboam había vuelto a organizar el
servicio al becerro de oro pero también había el culto a Jehová.
Samaria era intolerable para Jezabel, tal como era. Por ello, al ver que
Acab, su marido, era un hombre sin carácter, ni voluntad, decidió tomar
las cosas bajo mano. Sustituyó poco a poco el culto de Jehová por el
culto a Baal. Suprimió el primero, simplemente, eliminando a los
profetas. Y con ello empezó la lucha a muerte entre Elías y Jezabel.
Jezabel era la que instigaba el mal que Acab permitía.
Aparecieron
templos a Baal por todas partes, con sacerdotes vestidos en preciosos
atuendos. Banquetes, festividades, y el pueblo seguía ávidamente todos
estos festejos. Entretanto, el culto de Jehová quedó prácticamente
suprimido. Los profetas fueron asesinados. Elías tuvo que huir, y no
creía que hubiera en Israel ningún hombre que no hubiera doblado su
rodilla ante Baal, excepto él mismo.
La
lucha inexorable contra Jezabel llevada a cabo por Elías, que culminó
con el milagro del Carmelo, es bien conocida y ahora no nos afecta. Pero
si podemos decir unas palabras más sobre Jezabel. Era una mujer sin
conciencia y sin corazón. Su arrogancia y su sensualidad no conocían
límites; habían acallado la voz de su conciencia. Persiguió a muerte
sistemáticamente los profetas de Jehová. Puso a muerte a Nabot para apo-
derarse de su viña, con acusaciones falsas. y cuando Acab fue herido
mortalmente por una flecha y Jehú se dirigió a Jezreel se posó
indiferente a la ventana (2.a Reyes 9:30) con aires seductores. Jehú
ordenó que la echaran ventana abajo.
Jezabel
se nos aparece como una mujer repulsiva. Todo su refinamiento sólo le
sirvió para comportarse de modo más brutal. Para hundirse más en el
pecado. Incluso el malvado Acab queda pálido ante la perversidad de
Jezabel. El eterno juicio será sobre ella peor que el que recibió en la
tierra: defenestrada, pisoteada por los caballos y comida por los perros.
Cuando intentaron sepultarla no hallaron de ella más que los huesos de la
calavera, los pies y las palmas de las manos.