Hulda
«Entonces
fueron el sacerdote Hilcías y Ahicam, Acbor, Safán y Asaya a la
profetisa Hulda, mujer de Salum, hijo de Ticva, hijo de Harhas, guarda de
las vestiduras, la cual moraba en Jerusalén en la parte nueva de la
ciudad, y hablaron con ella» (2 Reyes 22:14).
LEASE:
2 de Reyes 22:14-20; 2 de Crónicas 34:21-33.
Hemos
visto a varias mujeres ocupando posiciones eminentes en la historia de
Israel. Incluso el trono de Judá fue ocupado por una reina durante varios
años: Atalía. No hemos visto a ninguna mujer
que fuera llamada profetisa, sin embargo, excepto a Débora.
Débora subió a su cargo militar en una época
en que los hombres parecían haber perdido el vigor. Ella les sirvió de
inspiración. En esta época de desbarajuste en Israel y Judá, vemos a
dos mujeres asumiendo posiciones clave en los asuntos del estado. Josabat,
preservando el linaje real en una acción atrevida, cuando los hombres no
daban la cara. Hulda, testificando el nombre de Jehová.
En
el culto de Israel sólo los hombres podían ser sacerdotes. Incluso el
cordero sacrificial tenía que ser macho, no hembra. En el mundo pagano
las mujeres han ocupado lugares prominentes en los círculos religiosos,
adivinadores, pitonisas y sibilas. El oráculo en Delfos y en Pitia estaba
a cargo de una mujer. La mujer tiene una poderosa imaginación y
sensibilidad. Tiene una mayor intuición que el hombre, y al parecer puede
recibir raptos y éxtasis con tanta o mayor facilidad que los hombres. En
la historia del pueblo judío hay muy pocas mujeres que descuellen como
profetisas. Vemos una en el reino de Josías.
Los
esfuerzos de Hulda parecen haber sido bendecidos. Ezequías había,
finalmente, reaccionado contra la disolución moral y espiritual que
había seguido después de Atalía. Pero esta
reacción se había ido ya desvaneciendo. Bajo Manasés había
desaparecido y el clima moral era pésimo. A su muerte la reforma era
necesaria.
Entonces
aparece la figura de Josías, un reinado largo y hermoso, probablemente
bajo la inspiración de Jedida pero de modo especial de la profetisa
Hulda, que animó al rey a reformar las condiciones paganas del estado.
Hulda era una mujer campesina corriente. Estaba casada con Salum, del cual
no sabemos nada más. A pesar del humilde origen de Hulda, tenía gran
reputación, pues el rey envió al sumo sacerdote y otros ministros a que
inquirieran de ella cuál era la voluntad de Dios. Y el relato nos indica
que gracias a su profecía Josías fue inducido a renovar el pacto con
Jehová.
Aun
hoy quedan Huldas, mujeres que se han hecho líderes de causas que
parecían del todo perdidas. En nuestros días de decaimiento de la
iglesia necesitamos nuevas Huldas que hagan la misma magnífica labor.
Preguntas
sugeridas para estudio y discusión
1.
¿Por qué las mujeres, entre ellas Hulda, adquirieron prominencia en
ciertos casos en Israel?
2.
¿En qué forma servía Hulda?
3.
¿En qué forma es un ejemplo para nosotros?
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