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MV#032808
¿Por qué debemos congregarnos?
Recibido por Email
“Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra
esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para
estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como
algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que
aquel día se acerca.” (Hebreos
10:23-25).
Un miembro de una iglesia escribió una carta al editor de una revista cristiana,
en la cual decía que no tenia ningún sentido ir a la iglesia cada domingo. “Yo
he estado yendo por 30 años”, escribió, “y en ese tiempo he oído alrededor de
30,000 sermones. Pero puedo asegurarle que no recuerdo uno solo de ellos. Así
que creo que estoy perdiendo mi tiempo en ir a la iglesia, y quizás deba
emplearlo en algo más productivo.”
Esto creó una especie de controversia en la sección “Cartas al Editor”, y muchas
personas comenzaron a escribir compartiendo sus opiniones al respecto. Esto
continuó por varias semanas, hasta que alguien escribió la siguiente carta, la
cual puso punto final a la discusión, “Yo he estado casado por 30 años. Durante
ese tiempo, mi esposa ha cocinado unas 30,000 comidas. Pero, actualmente, yo no
puedo recordar el menú completo de ni siquiera una de esas comidas. Sin embargo,
yo sí puedo asegurarle que todas ellas me nutrieron y me dieron la fuerza que
necesité cada día para hacer mi trabajo. Si mi esposa no me hubiera dado esas
comidas, yo estaría físicamente muerto en estos momentos. De la misma manera si
no hubiera ido a la iglesia a nutrirme, actualmente yo estaría espiritualmente
muerto.”
Ciertamente una magnífica ilustración de la necesidad de congregarnos. El pasaje
de hoy nos exhorta a hacerlo, con el fin de “estimularnos al amor y a las buenas
obras.” La única manera de mantenernos firmes, sin fluctuar, en aquello que
hemos creído es alimentando nuestras almas con la palabra de Dios y buscando su
presencia en todo momento, ya sea a solas en nuestra habitación, o reunidos con
un grupo de hermanos que persigan el mismo objetivo. La Biblia nos enseña que
debemos establecer una relación con los demás creyentes, pues todos somos parte
del cuerpo de Cristo y juntos tenemos una importante labor que llevar a cabo
aquí en la tierra. Romanos 12:5 dice: “así nosotros, siendo muchos, somos un
cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.” Y Efesios 4:11-13
completa la idea de esta función: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a
otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de
perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del
cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del
conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura
de la plenitud de Cristo.” Entonces estaremos listos para salir al mundo a
“predicar el evangelio a toda criatura.” (Marcos 16:15)
Cuando la iglesia de Cristo se reúne suceden cosas maravillosas. Hay un poder
adicional que se manifiesta en ese grupo, según declaró Jesús en Mateo 18:19-20:
“Otra vez os digo, que si dos de vosotros se pusieren de acuerdo en la tierra
acerca de cualquiera cosa que pidieren, les será hecho por mi Padre que está en
los cielos. Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy
yo en medio de ellos.” En Hechos capítulo 2, la Biblia nos narra la poderosa
manifestación del Espíritu Santo el día de Pentecostés. Comienza de esta manera:
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos...” Aquel
grupo de hombres y mujeres habían permanecido reunidos en el aposento alto,
perseverando en oración mientras esperaban que se llevara a cabo lo que Jesús
les había prometido justo antes de ascender al cielo. Entonces el Espíritu Santo
se presentó en medio de un fuerte estruendo y con lenguas de fuego, y todos
ellos recibieron el poder del cual el Señor les había hablado.
La presencia de Dios se manifiesta de manera evidente en toda reunión de sus
hijos que desean alabarle. El Salmo 22:3 declara que Dios habita en medio de las
alabanzas de su pueblo. Y el Salmo 133:1-3 dice: “¡Mirad cuán bueno y cuán
delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo sobre
la cabeza, el cual desciende sobre la barba, la barba de Aarón, y baja hasta el
borde de sus vestiduras; como el rocío de Hermón, que desciende sobre los montes
de Sion; porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna.” La dulce unción del
Espíritu de Dios se derrama sobre aquellos que se unen en armonía a alabar y
adorar a Dios.
ORACION:
Gracias, Padre amado, por tu presencia entre tus hijos que se congregan para
adorarte y alabarte y recibir de ti la fortaleza, la sabiduría y el amor que,
como un cuerpo, necesitamos para edificarnos y llevar a delante la misión que tú
has encomendado a tu pueblo. En el nombre de Jesús, Amén.
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