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           Sirviendo Al Cuerpo De Cristo

Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre
 tales adoradores busca que le adoren.
Jn..4:23

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MV#010408

El Cristianismo no apoya la supremacía masculina

Autor:

La afirmación de que en la Biblia se encuentra la base para la supremacía masculina y que contribuye a la degradación y menosprecio de la mujer, es totalmente incorrecta. Tampoco es cierto que el cristianismo sea el mayor obstáculo para la liberación de la mujer. La religión cristiana, tal y como la presenta la Biblia, no es sexista ni opresiva hacia la mujer. No cabe afirmar, por tanto, sin caer en inexactitudes o mala fe que el Cristianismo es una religión patriarcal que fomenta la opresión de las mujeres.

Lo que sí es cierto es que, mal interpretada la Biblia y mal practicado el cristianismo, dio lugar, a lo largo de la historia a que en un mundo caído, los hombres, lo utilizaran como excusa para someter a las mujeres a una inicua desigualdad.

La verdad es todo lo contrario. Entendido y practicado, correctamente, el cristianismo lleva al hombre a devolverle a la mujer el lugar que Dios le dio en la creación, y que Cristo restableció en la redención. La Biblia urge a los hombres a reconocer que históricamente han pecado contra Dios, marginando, oprimiendo, denigrando y causando sufrimiento a las mujeres, a quienes Dios creó con la misma dignidad que nosotros, para ser, no nuestras sirvientas o nuestro apéndice, sino para ser nuestro otro yo, nuestra ayuda idónea.

La religión cristiana, no sólo no es –como algunos erróneamente pretenden– el gran obstáculo para la liberación de la mujer, sino que es la verdadera iniciadora de la revolución feminista correctamente entendida. En ella encontramos el significado de la verdadera libertad, igualdad y diferenciación entre los sexos. Así, liberada en Cristo, la mujer no tiene ya por qué estar oprimida por el hombre, ni en rivalidad con él. Tampoco tiene por qué imitar al hombre para sentirse igual a él. Ni tiene por qué independizarse de él. Lo que hombre y mujer deben buscar es la complementariedad, la interdependencia y la mutua colaboración que se necesitan para vivir en igualdad y en armonía.

La verdadera liberación femenina no se consigue atacando al cristianismo sustituyéndolo por un feminismo hecho religión. Una libertad así lograda no contribuye ni conduce a una mejor armonía entre el hombre y la mujer; por el contrario, produce caos y rivalidad entre los géneros. La libertad sin interdependencia mutua es un rompimiento enajenante para ambos.

Marta Lamas, directora de la revista Debate Feminista, tratando de encontrar el equilibrio entre las dos tendencias dominantes del feminismo actual manifiesta en este sentido:

«Creo en una tercera vía para el feminismo. Hablo de equidad y no de igualdad porque la equidad busca que se reconozca la diferencia sin que ésta se traduzca en desigualdad.»

Autor: Antonio Estrada -en La familia: crisis y oportunidades
Editado por CLIE

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