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Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán
al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre |
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El amor preside la ética ministerialAutor: Rodolfo Loyola-(Ya en la presencia del Señor) Tenemos el deber de honrarnos Si partimos de la clamada regla de oro para aplicarla a la ética ministerial, (todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos). Nos honraríamos por encima de todas las reglas y estatutos. El siervo de Dios es un blanco exquisito para Ia crítica. Y lamentablemente, muchos de nosotros hacemos deliciosos bocadillos de murmuración y de juicios basados en conjeturas. Y mientras más disfrutamos en hacer largas tiras con la piel de la espalda del compañero ausente, más lejos estamos del amor de Dios. Muchas veces me he sentido tentado, no a conquistar, pero si a dar Ia bienvenida a personas que llegan descontentas con su pastor. Siempre traen buenas razones. Pero mientras les escucho pienso en aquel siervo de Dios que seguramente sufrirá hasta no poder dormir, de saber que se le quieren marchar dos o tres hijos espirituales. Y más que pensar en la ética que alguna vez aprendimos al respecto, lo que me invade es un profundo dolor, me descubro traicionándome a mí mismo, si es que me animo a apropiarme de ovejas ajenas enfermas. Le preguntaron a un pastor de ovejas: "¿Seguirá a otra persona alguna de sus ovejas?" Y el pastor respondió: "Si está enferma si es posible, pero sana no seguirá a nadie más que a mí". Tenemos el deber de darnos ánimo En mi primer tiempo de convertido, y con una buena dosis de inocencia pensaba que los pastores eran invulnerables. Les veía tan optimistas, con las ideas tan claras, que me hice la idea de que tenía que ser así. Pasaron los años, y en una reunión de obreros, un pastor dijo que estaba muy desanimado, y bajó la cabeza y lloraba. Muchos lloramos con él. Aquello fue para mí como un golpe inesperado; algo insólito. Después, la vida y el andar con el Señor me han mostrado que un pastor u otro cualquier obrero del Señor está más expuesto a los problemas, a los desánimos, las depresiones, etcétera. ¿Y quién puede aconsejar a un pastor? ¿Le dará vergüenza su situación? ¿Se sentirá acusado de falta de fe? Lo cierto es que muchos factores internos y externos le pueden llevar a la soledad y aun al fracaso total. Quiera Dios darnos discernimiento espiritual para acercarnos con amor a aquel hermano a quien he de entender mejor por empatía; no solo hemos escogido el mismo oficio, sino que tenemos un taller común, con un mismo "contrato" y un mismo Señor. Cuánto valen unas palabras de fe, una identificación en silencio, una oración en la que sinceramente usemos Ia primera persona del plural, quedando aclarado con esto que estamos llevando Ia misma carga. Permanecer con el consiervo Aunque parezca extraño, Jesús tuvo pruebas. ¿Y cómo ayudar a Jesús que tenía poder sobre lo natural y lo espiritual; que conocía el pensamiento de los hombres y tenia la respuesta para todas las preguntas? Leamos una declaración de El: "Pero vosotros que sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo pues os asigno un reino como mí padre me lo asignó a mí". Lucas 22:28-29 Habían estado discutiendo acerca de quién sería el mayor en el reino de los cielos, Jesús ilustra con su propia vida la grandeza del servicio. Es entonces cuando hace énfasis en el hecho de haber permanecido con él en sus pruebas. Es posible que ya Jesús sentía el dolor de la traición (Lucas 22:21-22), ya se acercaba a Getsemaní, podía mirar a su alrededor y ver a sus discípulos haciéndole compañía, fieles a El en las buenas y en las malas. conclusión: Ministraron con amor el corazón de Jesús. Tenemos la tendencia a despreciar a los amigos de Job, quizás sin molestarnos a estudiar este precioso libro de la Biblia. Es verdad que no tenían un mensaje claro para Job, quien se vio de la noche a la mañana con todos sus bienes perdidos; con Ia muerte de sus hijos y una especie de sarna que le cogía todo el cuerpo. La palabra que tenían era buena, pero no era para Job. Hay libros inclusive del Nuevo Testamento que citan palabras de los amigos de Job. El libro de Job está escrito en versos, excepto el prólogo y el epílogo. Y en esa primera parte en prosa, en el capítulo 2:11-13 dice así: "Y tres amigos de Job, Elifaz temanita, Bildad suhita y Zofar naamatita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían convenido en venir juntos para condolerse de él y para consolarle. Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron a gritos; y cada uno de ellos rasgó su manto, y los esparcieron polvo sobres sus cabezas hacia el cielo. Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno hablaba palabra porque veían que su dolor era muy grande". Job ha quedado en la más espantosa miseria y desolación, había caído en desgracia. Alguien dijo: Solo le quedaba el esqueleto, la respiración y la fe. Sus amigos ya no fueron atraídos por sus riquezas o por la adulación. a) Oyeron del mal ocurrido a su amigo y se pusieron de acuerdo en formar un equipo terapéutico de urgencia. b) El propósito de este equipo era condolerse, que significa compadecerse del pesar ajeno, y consolarle. c) Cuando lo vieron desde lejos, al no conocerle —tan desfigurado estaba— lloraron a gritos. Vaciaron sus almas en esta expresión de dolor. d) Cada uno rasgó su manto. Era una señal de desagravio, de espanto; de rechazo a una contradicción. e) Esparcieron polvo sobre sus cabezas: Que era señal de duelo. (Véase Josué 7:2 y Miqueas 1:10.) f) Se sentaron con él en tierra: A su mismo nivel. La aproximación es esencial para ministrar. Jesús imponía las manos y alguna vez usó su saliva. g) Estuvieron siete días y siete noches con él durmiendo poco o nada. Le dedicaron tiempo, algo que es muy duro, el estar con una persona que está sufriendo. h) Sin hablar palabra. Se identificaron con él en el silencio ante lo inefable de aquella gran tragedia. 0 sea primero le ayudamos y después le hablamos de teología. Es una lástima que se tome como proverbial lo molesto de los amigos de Job, y se dice que se tuvieron que arrepentir por lo que habían dicho, pero Job también se tuvo que arrepentir por lo que había dicho (Job 42:1-6). Estoy seguro que de aquellos siete días en silencio, mirando un espectro respirante nunca se tuvieron que arrepentir. El amor en ellos se hizo carne, identificación, humildad, fe, bondad, medicina, ejemplo. Recuerdo hace casi treinta años, un anciano de la iglesia que pastoreaba, de la noche a la mañana perdió un hijo de quince años. Era un muchacho modelo: Estudioso, creyente, de buenos modales. Un buen cardiólogo le había diagnosticado reuma cardiaca. Vivíamos a unos treinta kilómetros de la iglesia y ellos muy cerca de la misma, serían las siete de la mañana, cuando un diácono llegó a nuestra casa con la triste noticia de que el "niño" de Cándido Valdés había muerto. Enseguida partí para el lugar con mi esposa y mi suegra. Por el camino me preguntaba: "¿Qué le diré al padre, qué le diré a la madre? No tenía experiencia sobre algo así. Llegamos a la casa y no podía decir nada. Encontré al padre y nos abrazamos y lloramos largamente. Luego me fui lado del joven difunto y no sé cuanto tiempo permanecí junto al féretro con la boca cerrada. Poco tiempo después cuando ya estaban más consolados, Cándido me dijo: "Me di cuenta que aquel día usted no me dijo nada cuando llegó pero su abrazo, su presencia y sus lágrimas me trajeron una paz que era de Dios". El respeto al ungido: En algunos pasajes de los evangelios y el apóstol Pablo, la base para el significado teológico de llamamiento es el hecho de que Dios llama al hombre en Cristo para un propósito que El mismo determina. Si yo caigo en la irresponsabilidad de juzgar al llamado por Dios, estoy criticando a Dios "¿Tú quién eres que juzgas al siervo ajeno...? dice Pablo. El siervo ajeno es el siervo de Dios con respecto a otro. Los romanos tenían potestad de juzgar a sus propios siervos terrenales. De ahí toma el apóstol la comparación. Respecto al ungido, a partir del rey David la unción toma un sentido espiritual de gran relevancia. Cuando Saul cae en desobediencia y se convierte en enemigo del joven David, éste tuvo dos oportunidades de eliminarlo, pero no lo hizo, aunque sus hombres se lo aconsejaron. Veamos lo que dice David a sus valientes: "Jehová me guarde de hacer tal cosa contra mi señor el ungido de Jehová, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido de Jehová" (1 Samuel 24:6). No había en David odio ni temor, sino amor, por eso cuando David le habló diciendo mi mano no será contra ti... Jehová será el juez y juzgará entre tú y yo... Saul dijo: ¿No es esta Ia voz tuya hijo mío David? Y alzó Saúl su voz y lIoró. Se le llama ungidos a los profetas, Salmo 105:15:" No toquéis, dijo, a mis ungidos, ni hagáis mal a los profetas". A los sacerdotes, Salmo 133 (la unción de Aarón). Jesús en brazos de Simeón: "Y le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería Ia muerte antes que viese el ungido del Señor". (Lucas 2:26) Jesús es el ungido por excelencia. El Cristo, quiere decir el ungido. Creo que se puede decir con toda propiedad que alguien llamado para su servicio, separado para El, lleno del Espíritu Santo, es un ungido del Señor. La mies es mucha —Se Iamentó Jesús— y los obreros pocos. De las universidades salen cientos de miles de graduados de cualquier profesión o disciplina, pero en la universidad del negarse a sí mismo, en la universidad cuyo título es la cruz, en la universidad donde se aprende a morir para dar vida, siguen siendo pocos. Dios está llamando y ungiendo a cuantos quieran pagar el precio, pero aún los matrimonios cristianos con hijos, no les gustaría tener un hijo pastor. No hace mucho le dijo una persona un tanto retorcida a un joven pastor: "Estoy cansado de predicadores, de pastores, de sermones, no aguanto más..." y el joven pastor (Julián) le respondió: "Pues yo ando por muchos lugares y te digo que cada día quiero más a los siervos de Dios, a los cristianos; sigo creyendo que es de lo mejor que queda en Ia tierra a pesar de sus imperfecciones". Todo ser humano merece respeto, solo por ser un ser humano, pero si esta persona es un llamado y ungido de Dios, merece no solamente nuestro respeto, sino también nuestro amor, nuestro respaldo. Por encima de las reglas de cortesía y otras cosas buenas que se aconseja a los siervos de Dios como la ética pastoral, seguro olvidaremos alguna, quizás para reflejar nuestro propio carácter, pero sí, no olvidemos que el amor preside la ética ministerial. |
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