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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- ¿De qué sirven las preocupaciones?Como todos los días, despertó con ganas de vivir. Tenía mucho por hacer: abrir la tienda de comestibles, pagar una deuda pendiente con el proveedor, dirigirse hasta la Alcaldía del pueblo para recibir el desprendible de pago de los tributos y en las tardes, jugar con su nietecita, de apenas tres años. Pero así como pensamientos motivadores lo embargaron, le asaltó una preocupación: dos días después debía ir hasta la capital. Estaba pendiente una diligencia y era inaplazable. Le inquietaba todo lo que implicaba su desplazamiento: madrugar, esperar –haciendo una fila muy larga—hasta que abrieran las oficinas estatales, pedir una ficha, aguardar su turno y—finalmente—ponerse a merced del funcionario. La vez pasada lo había atendido pésimamente y no había recibido los documentos. Por una copia—una sola—lo hizo volver luego. --Qué pereza tener que ir hasta allá de nuevo...—murmuró bajo mientras buscaba las pantuflas con los pies, sabiendo de memoria dónde estaban. --Otra vez hablando solo—le recriminó su mujer. --Pensaba en el viaje a la capital...— --No te inquietes por eso. A lo mejor te va bien...--replicó ella. Y en efecto, todo salió distinto de cómo esperaba. El día de la diligencia todo salió a las mil maravillas. El funcionario al que temía con anticipación, estaba de muy buen genio y ni siquiera reparó en los documentos. Estaba pendiente de la conversación con un compañero de oficina sobre las incidencias del partido de fútbol, el día anterior. Algo bien diferente Curioso, pero cierto. Muchos de los temores que albergamos, jamás se materializan. Aquello que imaginamos, no se cumple. Es bien distinto de la realidad. Y lo que tal vez temimos sale bien, sin mayores tropiezos. Es un principio que debemos asumir: dejar de lado las preocupaciones. No sirven para nada; por el contrario, nos roban la paz y pasado el tiempo, descubrimos que no tenían fundamento. El evangelista escribió a los cristianos del primer siglo: "Tengan cuidado. No pasen el tiempo tomando y emborrachándose. No se dejen arrastrar por las preocupaciones de la vida, o no podrán pensar claramente. De repente llegará el fin y los agarrará por sorpresa."(Lucas 21:34, 35. La Palabra de Dios para todos.) Como anota Lucas, si nos dejamos arrastrar por las preocupaciones que son inevitables—pero sobre cuya incidencia solamente nosotros tenemos gobierno concediéndoles o no importancia—nos impedirán ver lo bueno que nos ofrece la vida, y las enormes oportunidades que Dios nos regala para salir airosos, triunfantes frente a los obstáculos de cada día. |
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