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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- Deje de lado la maldad¡Por supuesto que lo embargó la indignación! Imagínese si no: Ser asaltado apenas comenzaba la jornada. No era para menos. El muchacho arrebató unos papeles que llevaba en la mano y que se desperdigaron por el piso. Cuando iba a recogerlos, aprovechó el descuido para sustraerle la billetera y emprendió veloz huida. Mil pensamientos pasaron por su mente en la fracción de segundos que tomó conciencia de lo ocurrido. ¿Recoger los documentos?¿Ir en búsqueda del adolescente que se alejaba a grandes marchas?¿Y si regresaba con espíritu vengativo para herirlo?¿Y si lograba capturarlo?. Un impulso irracional lo llevó a emprender también la carrera. Lo hizo con fuerza, poniendo todo su corazón en cada paso. Cada metro recorrido lo acercaba al joven delincuente que corría delante. Algunos curiosos se sumaron a la persecución. No estaba solo. Y ese descubrimiento lo alentó a seguir su curso. Por fin lo agarraron, dos cuadras arriba. Lo vio con los ojos angustiados de quien no sabe qué pasará en adelante. Levantó el brazo. Deseaba propinarle todos los golpes que le permitieran sus fuerzas. Alguien lo animó para que lo hiciera: "Es la única forma de detener a estos ladrones". Pero esos ojos, cuya mirada jamás olvidará, lo llevaron a comprender que no era obrando con maldad y bajo un espíritu de venganza como se resolvían las cosas. Recuperó la cartera y lo entregó a un agente de la policía. Aun cuando su mayor deseo era herirlo, no se dejó arrastrar por las emociones incontroladas. Una naturaleza que nos persigue Todos los cristianos enfrentamos las secuelas de una vida pasada, en la que la venganza y el tomar justicia por mano propia, eran las reacciones apenas previsibles frente a cualquier provocación. No obstante, cuando meditamos en nuestra nueva condición de creyentes, redimidos por la obra redentora de Cristo, comprendemos que no podemos seguir obrando igual. Somos nuevas criaturas. A este elemento fundamental se refirió el apóstol cuando escribió: "Hermanos, no piensen como niños. Sin embargo en cuanto a la maldad, sean inocentes como bebés; y en su modo de pensar, sean adultos y maduros" (1 Corintios 14:20. La palabra de Dios para todos). Es probable que haya descubierto en su ser fallas que son producto de su vieja naturaleza. Descubrirlo es importante. Ahora resta que –con ayuda del Señor Jesucristo—proceda a corregir aquellos aspectos que usted sabe, no honran ni glorifican a Dios. |
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