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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- La avaricia acarrea destrucciónCuando vieron a los tres hombres emprender camino hacia las montañas que se perdían en el infinito, muchos pensaron que jamás volverían a saber de ellos y lamentaron que las herramientas y abalorios que llevaban sobre sus hombros, terminaran perdidas en la espesa selva, en la que no entraba ni siquiera la luz del sol. Pero estaban equivocados. Cinco meses después los vieron regresar. Estaban entusiasmados. Vinieron por más. Guardaban reserva pero antes que renuentes, estaban afanados por regresar. Los esperaba la manigua, decenas de metros más arriba, en camino hacia la cumbre. Después de mucho insistirles sobre la razón por la que anhelaban volver, uno pronunció colonos pronunció dos palabras que desataron una interminable ola migratoria hacia los cerros: "Encontramos oro". Tras ellos y con la fiebre del desespero brillando en sus ojos, se fueron muchos hombres y mujeres que soñaban encontrar una salida a la miseria que azotaba sus hogares. "Nosotros también seremos ricos", se animaban unos a otros. Cuando llegaron al lugar, varios días después de caminar por travesías innombrables, se encontraron con el rostro adusto de los descubridores. "Ustedes busquen donde quieran, pero no aquí esta loma. La mina la hallamos nosotros y es nuestra." Con desilusión, los que siguieron buscando con febrilidad, fundaron un pueblo abandonado en la nada al que nombraron Mina Agalla, como monumento al egoísmo de los pioneros en la minería del lugar. Se encuentra en el extremo norte de Colombia y lo habita una veintena de familias que no pierde las esperanzas de descubrir vetas de oro. Una actitud común en las personas La avaricia destruye y causa daño a quienes nos rodean, y de paso genera una sensación de desasosiego que difícilmente se supera. El afán de tener más y más, no se sacia jamás Es como una bola de nieve rodando cuesta abajo. Crece a cada instante. Y las consecuencias son desastrosas. A este tema se refirió el rey Salomón hace muchos siglos, cuando escribió: "Se apresura a ser rico el avaro, y no sabe que le ha de venir pobreza" (Proverbios 28:22). Es probable que usted haya lamentado encontrar personas que, a pesar de tener, quieren mayor volumen. Desean lo mejor de la vida, sin aportar nada. Y si está en sus manos, quitan lo que poseen los demás. Creen—erróneamente—que todo les pertenece. Y en su carrera desmedida, engañan, arrasan, roban y sientan las bases para sustraer aquello que desean, así pertenezca a otra persona. Sólo Dios puede librarnos de este terrible mal que tanto perjuicio provoca en la humanidad. Si descubre que hay en su ser una actitud de avaricia, vaya a Dios en procura de ayuda. Sin duda podrá cambiar. |
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