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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- Y pasó algo... Con ayuda de Dios venció la tentaciónTentación. En su estómago sentía revolotear mariposas. Se iba a encontrar con una compañera de la oficina, pero no en un espacio laboral sino en un barcito cercano. "Podemos escuchar música y bebernos una cerveza. Después… Bueno, que pase lo que pase…" Él sabía el significado de esas palabras. Algo pudiera pasar. Sus compañeros la deseaban. Marcela era joven, linda y con una sonrisa pícara y una mirada traviesa que invitaban a pecar; por eso Leonardo se encontraba bajo tentación. En casa su esposa estaría mirando la televisión. La telenovela del momento. No se la perdía por nada del mundo y, como siempre, estaría esperándolo. Y él caminando presuroso hasta el lugar donde se encontraría con Marcela. ¿Qué hacer? Tentación. Una palabra que ahora se convertía en una poderosa realidad para su vida. La vio en la distancia. Hermosa. Angelical, según pensó. Temblaba. No podía pronunciar palabra. Podía ocurrir cualquier cosa… Pidió a Dios sabiduría. Y pasó… Se aproximó a ella, le dio un beso en la mejilla y sin más, le dijo: "Sólo una bebida gaseosa, Marcela. Mi esposa espera en casa. Es más, deseo llegar temprano para jugar con mi bebé." Palabras secas, cortantes, que elevaron un muro de separación. Definitivamente—con ayuda de Dios—pasó algo: pudo superar la tentación. Santidad: de las palabras a los hechos Cuando profesamos ser cristianos, debemos comprender que la vida cristiana tiene un componente esencial: la santidad. ¿Qué significa? Apartarnos de todo aquello que impide una buena relación con Dios. No significa irnos del mundo, porque sería una locura, pero sí experimentar una convivencia en la distancia. Una cosa es vivir en el mundo y otra, bien distinta, contaminarse con el propio mundo y lo que ofrece: la mundanalidad. Cuando vamos a las Escrituras encontramos que en el mundo espiritual, los seres angelicales exaltan por una eternidad la santidad de nuestro amado Creador: "Cada uno de los cuatro seres vivientes tenía seis alas, y estaba cubierto de ojos por fuera y por dentro. Y día y noche decían sin cesar: "¡Santo, santo, santo es el Señor, Dios todopoderoso, el que era y es y ha de venir!" (Apocalipsis 4.8). Si servimos a un Dios poderoso y santo, es necesario que vivamos en santidad—separados de todo cuanto nos lleva a un estancamiento o revés espiritual—y que nos fortalezcamos en el poder de Dios para afianzar la santidad en nuestra existencia. El Señor Jesús tuvo un desenvolvimiento terrenal exento de todo lo que fuera contaminación, porque Él mismo, era santo y vivenciaba esa santidad separado de todo lo que pudiera convertirse en pecado. |
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