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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- Un Reino diferenteHace algunos años crucé la frontera entre Ecuador y Perú, por el puente de Aguas Verdes. Iba en compañía de otros quince pastores, camino a un congreso internacional de evangelismo que tendría lugar en Lima. El asunto es que, por espacio de varias horas debimos esperar en un puesto de control. Los documentos que habían sido más que suficientes en territorio ecuatoriano, no lo eran así entre los peruanos. Alguien les llamó la atención sobre el particular: --En Ecuador además de válida la documentación, era suficiente y sobraba... ¿Por qué aquí no?— La respuesta lacónica fue: --Porque nuestro gobierno es diferente y las leyes que nos rigen, también... — Con pocas palabras hizo énfasis en que nos encontrábamos en tierra ajena y que, si queríamos desplazarnos por ella sin mayores problemas, debíamos sujetarnos. Nuevos principios que traen vida Con frecuencia medito en el asunto. Razono: tenían toda la razón. Si nuestra aspiración era disfrutar los atractivos y beneficios que ofrece aquella tierra hermosa del sur del continente, debíamos acoger las leyes dispuestas por su gobierno. ¿Ha meditado en el hecho de que igual ocurre con el Reino de Dios? En la Biblia leemos que Dios tiene un reino distinto de todo gobierno humano: "El Señor ha puesto su trono en el cielo, y su reino domina sobre todo" (Salmo 103:19. Versión Popular). También en las Escrituras se revelan las características que rodean el Reino de Dios, tal como lo anunció a través de su profeta Daniel:"Durante el gobierno de estos reyes, el Dios del cielo establecerá un reino que jamás será destruido ni dominado por ninguna otra nación, sino que acabará por completo todos los demás reinos, y durará por siempre" (Daniel 2:44. Versión Popular). Nuestro Supremo Hacedor inauguró esa dominación con el ministerio terrenal del Señor Jesucristo. Ser parte del Reino implica permitir que sea Él quien tome el control de todo nuestro ser; aprender y poner en práctica sus enseñanzas, contenidas en la Biblia. Si lo hacemos, avanzamos en el crecimiento personal y espiritual que tanto anhelamos. |
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