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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23 |
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Ps. Fernando Alexis Jiménez- Si Dios guía su camino, no tema a los nuevos retosOcurrió con Abraham. Dios le dijo: --Vete de tu tierra y de tu parentela a la tierra que te mostraré. Igual con Moisés: --Sacarás a mi pueblo de Egipto y los llevarás a la tierra que te mostraré. Dos escenas diferentes en espacios de tiempo absolutamente distintos, pero con un elemento común: el Señor les asignó una misión aunque no les entregó el itinerario completo del viaje. Algo así como un Rally, ¿los ha visto? Los competidores encuentran, en cada objetivo cumplido, una nueva pista que los conducirá a la meta. Ese hecho determinada que debieron aprender a desarrollar confianza en el Creador. Esa confianza iba acompañada de varios elementos: el primero, reconocer su imposibilidad humana de poder cumplir la tarea a menos que acudieran a las fuerzas de Dios. Este es sin duda uno de los aspectos de mayor trascendencia en la vida de todos aquellos que sirven al Rey de reyes y Señor de señores. El segundo aspecto radica en vivir el presente sin afanarse por los compromisos que vendrían mañana. En muchas ocasiones deseamos desarrollar la tarea pastoral en un solo día, nos agotamos sin razón y terminamos rendidos a la desesperanza. Cumpla su labor hoy. Si tiene forma, adelante algo de mañana, pero si solamente cumplió lo dispuesto para este día, ¡Gloria a Dios!. Un tercer elemento interesante lo representa asumir que, si estamos en el centro de la voluntad de Dios, las cosas saldrán bien. Por último, asumir el hecho de que Dios dará una salida cuando, en cumplimiento de la misión, encontramos grandes obstáculos a nuestro paso. Forjados en la Escuela de Dios En conjunto estos principios deben conducirnos a uno que sintetiza estas enseñanzas que se desprenden de liderazgo en la "Escuela de Dios": quien ocupa una posición relevante en el servicio de la obra, debe estar preparado para hacer ajustes a los planes. Generalmente tenemos una visión de las cosas y sobre cómo podrían terminar. Eso forma parte del empeño equivocado de tener todo bajo nuestro control. Cuando algo se sale de las manos, entramos en crisis. De ahí que, cuando encontremos inconsistencias con aquello que esperábamos que ocurriera, antes que salir corriendo presa de la angustia, es necesario prepararnos para introducir modificaciones a los planes iniciales. Esta pauta de vida tiene aplicación en la vida secular pero también en el desenvolvimiento eclesial. |
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