Cuando le hablaban de la Biblia, Silvio se enfurecía. "No tengo tiempo
para asuntos de religión", repetía con rabia y destellos de fuego en
su mirada. Estaba convencido que su mundo, aquél al que estaba
acostumbrado y que representaba una realidad distinta de la que vivían los
demás, era lo mejor y no quería intromisiones.
--Debes cambiar, hijo—le dijo su madre un día, mientras tomaban el
desayuno. Se veía cansada--. Temo que, una vez solo, no sepas manejar
tu vida y tengas problemas con todo el mundo--.
--Despreocúpate, mamá—le dijo él--. Creo que el problema no está
en mi sino en los demás que no me comprenden--.
Cuando terminaron la conversación, la mujer que arrastraba con pesadez
todo el cúmulo de sufrimientos producto de un esposo borracho que falleció
en un accidente de tránsito, totalmente embrutecido por el alcohol, y el
desaliento por un hijo rebelde, le extendió un ejemplar de la Biblia.
--Descubrirás que es un libro maravilloso—comentó, mientras le
extendía el ajado texto.
Él lo guardó en un cajón donde almacenaba aquello que se repetía, iba a
botar apenas tuviera tiempo. Y no tomó conciencia de que estaba ahí, sino
cuatro meses después de fallecida su madre. Fue entonces que descubrió en
la Biblia un infinito tesoro que le ayudó en su proceso de tener paz
interior y de llevarse bien con Dios y con quienes le rodeaban.
Para muchas personas, la Biblia es un libro filosófico o de carácter
religioso. Sin embargo, cuando profundizamos en su estudio descubrimos
principios prácticos y sencillos, que nos ayudan al crecimiento en dos
dimensiones, la personal y la espiritual
Asumir esas pautas bíblicos, nos ayudan a alcanzar y conservar la paz
interior: "Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos
tropiezo" (Salmo 119:165).
¿Cuál es la razón? Cuando aprendemos, asimilamos y ponemos en práctica los
principios bíblicos, se produce una transformación en nuestra forma de
pensar y de actuar.
No podemos resolverlo todo
Otro aspecto que le invito a considerar, es que hay situaciones que usted
no podrá cambiar. Con frecuencia nos llenamos de preocupaciones porque
queremos resolver todos los problemas. ¡Tremendo error! Es necesario
aceptar que hay situaciones que son ajenas a nuestra voluntad y cuya
resolución no depende de nosotros; muchos asuntos se salen de nuestras
manos.
Asumir este principio de vida, nos ayuda en el proceso de alcanzar y
conservar la paz interior, como enseñan las Escrituras: "Tú
guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque
en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el
Señor está la fortaleza de los siglos" (Isaías 26:3, 4).
Si hay problemas que nos parecen verdaderos gigantes, debemos ir a alguien
cuyo poder es ilimitado, mucho mayor que cualquier capacidad que usted y
yo tenemos: ese alguien es Dios. Confiar en Él. Depositar toda nuestra
esperanza en Él, que todo lo puede y nos ayuda a encontrar salida al
laberinto.
No podría despedirme sin antes invitarle a que reciba a Jesucristo en su
corazón como Señor y Salvador… ¡Su vida cambiará!