Se sentó con la sensación de derrota pesándole en los hombros. "Yo no
puedo cambiar, definitivamente". Todo alrededor lucía gris,
desalentador. Pocos minutos antes había sostenido una dura discusión con
su jefe inmediato. La habitación vacía era evidencia inequívoca de que
tampoco su esposo y los hijos lo soportaban.
--Mira a ver qué vas a hacer con tu vida—le gritó Lorena, su mujer,
el día que tuvieron la diferencia que le motivó a irse.
Él se encogió de hombros, lo que ella interpretó como un reto. En cajas de
cartón y en la cajuela de un taxi, se llevó hasta el último vestido, los
zapatos de tacón alto, algunos cosméticos y las revistas de modas que
solía coleccionar.
La soledad lo hizo volver a la realidad. No tenía familia y, sin duda,
después del incidente, tampoco trabajo.
Pero no era algo nuevo. Por el contrario, la consecuencia de numerosas
explosiones de ira y a veces de frustración que experimentaba en su
existencia. Se había hecho el propósito de ser diferente no una sino en
varias ocasiones, pero todo había sido en vano. Siempre terminaba riñendo
con aquellos con quienes interactuaba.
--Sólo podrás cambiar el día que le permitas a Dios ser soberano en tu
vida—le recomendó un vecino, cuando lo vio triste mirando hacia el
infinito, sentado en un parque cercano mientras caía una llovizna
pertinaz.
Aunque al principio rechazó la idea, se decidió por abrirle las puertas
del corazón al Señor. Hoy es diferente. Ha cambiado. Y puede asegurar,
como lo ha comentado en varios espacios, que ahora sí es feliz con una
familia a la que comprende y por la que está dispuesto a luchar.
Es hora de cambiar
Todos los seres podemos lograr el cambio en nuestras vidas. Es algo
esencial. Cuando experimentamos transformación, logramos paz interior pero
a la vez, generamos hacia los demás un clima de relaciones interpersonales
mucho más satisfactorio. Por eso es tan importante que revise su vida y
examine cómo se encuentra en su mundo interno.
Aquellos que viven a su manera, sin duda tendrán un destino lamentable.
Producto, al fin y al cabo, de su perspectiva de lo que es la vida. Sin
embargo, cuando le abrimos el corazón a Jesucristo, todo cambia. Un autor
de la antigüedad describió lo que ocurre cuando le damos a Dios el primer
lugar en nuestras vidas: "Fueron destruidos nuestros adversarios, y
el fuego consumió lo que de ellos quedó. Vuelve ahora en amistad con él, y
tendrás paz; y por ello te vendrá bien. Toma ahora la ley de su boca, y
pon sus palabras en tu corazón" (Job 22:20-22).
Usted y yo no podemos ni repetir ni asimilar la infelicidad que rodea a
quienes están muy cerca. Por el contrario, estamos llamados a vivir
plenamente y a experimentar cada día nuevos cambios. Mi sincera invitación
es para que se auto evalúe y concluya algo que es esencial: Usted necesita
cambiar, no solo por su propia vida sino para bien de su familia, del
lugar donde se desenvuelve, de la iglesia y en general, de aquellos con
quienes interactúa.
Hoy es el día para comenzar a cambiar. Ah, y no podría despedirme sin
antes invitarle para que reciba al Señor Jesucristo como Señor y Salvador.