Estuvieron todos sus tataranietos. En la sala de velación no cabía una
persona más. Hacía un calor insoportable. Alguien se abanicaba con una
revista y un nuño jugaba alegre y ruidosamente a pesar de que su madre le
reñía para que guardara silencio. "Estás en un sitio de respeto",
le repetía molesta.
No era un deceso más, sino de aquellos que ocurren una vez cada siglo, que
convoca a las autoridades del pueblo y salen en las primeras páginas de
los diarios, a cuatro columnas y con letras grandes y rojas. Había
fallecido Margaret Fitzgerald en la ciudad de Moncton, una de las quince
personas con más edad en el mundo. Tenía 113 años, pocos días después de
su último cumpleaños.
--Vivió la vida plenamente.—comentó su sobrina Iliana, mientras que
su tataranieto Robert, atribuyó el hecho a su fe y a la tranquilidad en su
vida--. Amaba a Dios y se llevaba bien con todos. Era una mujer muy
tranquila--.
Cuando Margaret nació, la reina Victoria de Inglaterra seguía siendo la
monarca del Imperio Británico, y a los siete años vió asombrada, con ojos
que captaron para siempre la imagen aparecida en los periódicos, de los
hermanos Wright cuando realizaron el primer vuelo en un aeroplano
impulsado por un motor.
Sus progenitores murieron a los noventa años de edad, y algo curioso, ella
asistió al funeral de su único hijo. Las escenas más memorables de su
existencia quedaron plasmadas para la posteridad en flores color sepia que
se han ido desgastando con el paso de los años.
Un secreto para vivir
Vivir plenamente y por muchos años, es el mayor anhelo de los seres
humanos. Sin embargo, muchos no pueden lograrlo y los científicos
coinciden que hoy, la expectativa de vida en promedio no excede los
setenta años. Sin embargo hay quienes llenan su vida de amargura.
No es algo nuevo. Jacob, el gran patriarca de Israel, hizo muchísimos
siglos atrás una dolorosa y patética revelación cuando un alto gobernante
le preguntó por su edad: "Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los
días de los años de tu vida. Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los
años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido
los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años
de la vida de mis padres en los días de su peregrinación. Y Jacob bendijo
a Faraón, y salió de la presencia de Faraón" (Génesis 47:8-10).
Sus palabras revelaron la evaluación que él hacía de su existencia: días
pocos y malos. Ahora traslade ese mismo interrogante a su vida. ¿Cómo ha
sido su vida hasta hoy? Si descubre que no ha sido la mejor, es hora de
aplicar modificaciones a todo cuanto le rodea.
Lo primero es reconocer las fallas; lo segundo, que dios no lo concibió
para que viviera en amargura, y por último, decidirse por el cambio.
Recuerde que no será en sus fuerzas sino en las de Dios. Así permítale al
amado Señor Jesucristo tomar control de su ser. Todo será diferente y
puedo asegurarle, que dará pasos sólidos hacia el crecimiento personal y
espiritual, que es el fundamento para una vida plena de realización.