Los atardeceres representaban para Raúl el anticipo de lo que siempre
llamó: "Buenos momentos". Generalmente se iba a jugar billar con los
amigos. Una costumbre que había tomado fuerza en su vida y que, solía
repetir, le llenaba de satisfacción. "¿Para qué trabaja uno sino es
para beber y divertirse?", proclamaba a los cuatro vientos.
A la celebración religiosa iba una vez por año: cuando moría alguien, lo
invitaban a un bautismo o sencillamente, en semana santa.
Sin embargo volvió su mirada a Dios cuando todo comenzó a derrumbase
alrededor. La esposa lo abandono, llevándose con ella a los dos niños.
Sintió que el mundo se hundía bajo sus pies. Nadie le ayudó en ese momento
de crisis, y por el contrario, sus amigos de farra le volvieron la
espalda.
Fue entonces, y sólo entonces, cuando Raúl volvió su mirada a Dios y
comenzó a clamar, creyendo que Él podía hacer un milagro. Y se produjeron
dos, en lugar de uno. El primero, comenzó a experimentar cambios en su
forma de pensar y de actuar, y además, sintió la alegría de ver a su
esposa y sus hijos cruzar el umbral de la casa donde habían vivido por
años.
"Tuve conciencia de cuál era la función e importancia de los bomberos,
el día que un corto circuito incendio mi casa. Los llamé al teléfono y en
quince minutos estaban atendiendo la emergencia", me dijo María del
carmen al explicarme sobre la oportuna ayuda que recibió en el momento de
calamidad.
Igual ocurre con muchas personas. Sólo acuden a Dios en el momento en que
atraviesan por desiertos o se encuentran inmersos en problemas. Lo buscan
cuando están en un callejón sin salida. El resto del tiempo lo ignoran en
su existencia o dudan, simplemente, de que pueda ayudarlos.
Dios atiende nuestras oraciones
Revise lo que hay dentro de usted, en su forma de pensar y de actuar. ¿Le
embarga la incertidumbre? ¿Considera que su problema es mucho más grande
que el poder de Dios? La duda no honra ni glorifica a Dios. Deséchela en
su corazón.
Tener fe en los milagros se fundamenta en tener la firme convicción de que
Dios escucha y responde a nuestras oraciones. La mejor explicación la
encontramos en la expresión del autor sagrado: "