Por muchos años se dijo que un sacerdote maldijo la región, en el sur de
Colombia, porque en una fiesta patronal los hombres se dedicaron a beber y
sus mujeres a sacarlos a rastras de las cantinas. La historia, adornada
con nuevos detalles, pasó de generación en generación hasta convertirse en
una leyenda que nadie controvertía. De tanto repetirla tomó fuerza de
verdad, y llegó a trascender en todo el país.
--No creo que sea verdad—se atrevió a decir el primer cristiano
evangélico que llegó a la zona.—Quien provee la lluvia es Dios, y es en
él en quien debemos confiar—.
La dueña del restaurante donde estaba tomando sus alimentos, de paso hacia
otro poblado, se persignó y lo miró como si fuera un hereje:
--Estamos bajo el peso de una maldición—se limitó a decir.
Intrigado, volvió una semana después con otros creyentes. Fueron una
sensación en aquél caserío el que nunca llegaba un forastero y en cuyo
único vehículo de transporte intermunicipal, sólo traía algunas cartas de
lejanas tierras, y periódicos viejos que los pocos intelectuales que se
reunían en una cafetería, devoraban con avidez para conocer las últimas
noticias de la capital.
Además de compartirle la Palabra de Dios al grupo de curiosos que se
reunían en el marco de la plaza, oraron hacia el final de la reunión
rechazando todo ataque de maldad de Satanás y sus huestes, y declarando
que en adelante, aquél era un territorio para Jesucristo. Muchos rieron e
incluso, hubo alguien que se aventuró a tirarles agua. Pero siguieron
clamando.
Pero dos días después llovió. Y siguen cayendo aguaceros de cuando en
cuando. "No es mito—argumenta Zoila Beltrán Meneses, habitante del
pueblo--. Los cristianos hicieron una oración y volvió a llover--.
Desconozco cuál sea su opinión en torno a esta noticia que apareció en la
primera página de un diario de circulación nacional, pero lo que sí puedo
asegurarle es que hay regiones en las que domina Satanás, y es menester
ejercer autoridad en Jesucristo para recobrar esos terrenos.
Los demonios operan en las regiones
La Biblia presenta pasajes que son pruebas fehacientes de que algunos
demonios tienen dominio sobre territorios específicos. Un ejemplo lo
encontramos en la vida del profeta Daniel, quien se dispuso a escudriñar
las Escrituras y orar en procura del perdón de Dios por el pecado de los
Israelitas:
Un ángel se le apareció: "...y me dijo: "Levántate, Daniel, pues he
sido enviado a verte. Tú eres muy apreciado, así que presta atención a lo
que voy a decirte." En cuanto aquel hombre me habló, tembloroso me puse de
pie. Entonces me dijo: "No tengas miedo, Daniel. Tu petición
fue escuchada desde el primer día en que te propusiste ganar entendimiento
y humillarte ante tu Dios. En respuesta a ella estoy aquí.
Durante veintiún días el príncipe de Persia se me opuso, así que acudió en
mi ayuda Miguel, uno de los príncipes de primer rango. Y me quedé allí,
con los reyes de Persia. Pero ahora he venido a explicarte lo
que va a suceder con tu pueblo en el futuro, pues la visión tiene que ver
con el porvenir".
Y me dijo: "¿Sabes por qué he venido a verte? Pues porque debo volver a
pelear contra el príncipe de Persia. Y cuando termine de luchar con él,
hará su aparición el príncipe de Grecia. Pero antes de eso, te
diré lo que está escrito en el libro de la verdad. En mi lucha contra
ellos, sólo cuento con el apoyo de Miguel, el capitán de ustedes" (Daniel
10:11-21, Nueva Versión Internacional).
Observe el texto con cuidado. Comprobará que las oraciones de los
creyentes, no solamente son escuchadas por Dios, sino que en muchas
ocasiones, Satanás pone tropiezos para impedir las bendiciones del Señor.
La lucha que se relata por parte del ángel, es literal, y se libra en la
dimensión espiritual, en plena coincidencia con lo que anota el apóstol
Pablo (Cf. Efesios 6:12) Desde el mundo espiritual, se ejerce influencia
en el mundo físico, que encuentra su expresión en la territorialidad
geográfica.
Otro ejemplo de las acciones encaminadas a impedir el obrar de los
cristianos, lo hallamos en la comisión que hizo el Señor Jesús a sus
discípulos para que proclamaran las Buenas Nuevas. Al regresar
"Jesús les dijo: --Yo vi que Satanás caía del cielo como un rayo.
Yo les he dado poder para que ni las serpientes ni los escorpiones
les hagan daño, y para que derroten a Satanás, su enemigo. Sin
embargo, no se alegren de que los malos espíritus los obedezcan. Alégrense
más bien de que sus nombres estén escritos en el libro del cielo" (Lucas
10:18-20, Nueva Versión Internacional).
Nuestro adversario espiritual obraba de diversas maneras para impedir que
los seguidores del amado Maestro cumplieran la misión.
Igual en nuestro tiempo. Satanás, por el pecado del hombre, tiene puertas
abiertas para ejercer dominio territorial, y cuando vamos a
evangelizar—por ejemplo—es necesario retomar el control ejerciendo la
autoridad que nos dio Jesucristo, y atar toda fuerza del maligno. ¡Usted
nació para vencer! Es un vencedor, y en el amado Señor Jesús tiene
asegurada la victoria. Derrote al enemigo, no en sus fuerzas sino con
oración, ejerciendo la autoridad que delegó en su vida el Hijo de Dios.