Se lo dijo una tarde que llegó tras reñir con uno de sus amiguitos. Tenía
apenas cinco años, reía con la misma espontaneidad de un aguacero en
octubre, y la alegría brillaba en sus ojos, con la misma intensidad de un
sol cuando muere la tarde junto al mar. "¿Qué ocurrió?", le
preguntó alarmada.
El muchacho sólo atinó a señalarle una pelota de plástico que traía. Nada
excepcional. Grabada con letras y una serie de dibujos de animales
vistosos, que daban la sensación de que se había producido una desbandada
en el arca de Noé. "¿De quién es?", le interrogó de nuevo.
En esa amalgama de susto, en el que las palabras brotan melancólicas y
despaciosas, y el temor de una reprimenda, le dijo que pertenecía a Jaime,
uno de sus compañeros de juegos. "Devuélvesela ahora mismo", le
ordenó ella. Cuando el menor entró de nuevo a casa, le explicó el valor de
no quitarle nada a nadie.
Esas palabras quedaron grabadas para siempre en su corazón. Las recordaba
una y otra vez, y en cierta ocasión, tomando el café de la mañana, recordó
con su madre el incidente y, además de reírse de buena gana, coincidieron
en que fue prudente tomar aquella decisión.
Ese principio de honradez fue el mismo que le sirvió, años después y
cuando trabajaba como supervisor nocturno del departamento de empacado de
una fábrica, para rechazar de manera tajante la propuesta que le hizo un
superior de comenzar a sustraer parte de la producción. "No puedo
hacerlo porque sería robar", le dijo. Y aunque estuvieron a punto de
despedirlo, por las insidias de aquél jefe, todo se aclaró cuando contó el
incidente. El día que salió triunfante de la empresa, recordó con una
sonrisa el valor de los principios y valores que le había sembrado su
madre.
Sólidos principios para sus hijos
La mayor riqueza que podemos legar a nuestros hijos, radica en sembrar en
ellos sólidos principios y valores. Con ellos debemos pasar buen tiempo,
de un lado para instruirlos en el camino de la rectitud, y de otro, para
corregirles cuando han fallado. Al respecto las Escrituras enseñan: "No
dejes de corregir al joven, que unos cuantos azote no lo matarán; por el
contrario, si lo corriges, lo libraras de la muerte" (Proverbios 23:13,
Versión Popular).
Recuerde que desentendernos del proceso de formación de los hijos, es una
demostración de que no nos preocupamos por ellos ni les amamos, aspecto al
que sabíamos se refiere la Biblia cuando enseña: "Quien no corrige a
su hijo, no lo quiere; el que lo ama, lo corrige" (Proverbios 13.24. Cf.
3:12, Versión Popular).
Dios nos ama, y nos corrige. Igual con nuestros hijos: si les amamos,
debemos corregirlos. Recuerde siempre que el fundamento para edificar
familias de éxito, es permitirle al Señor Jesucristo que ocupe el primer
lugar en nuestros hogares. Con su divina ayuda, formaremos en ellos los
principios y valores que necesitan para encarar exitosamente la vida, y
también las dificultades que se les presentan.