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"Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren." Jn..4:23

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Meditación para Noviembre 07 -2009

Ps. Fernando Alexis Jiménez-

¿Siente que está muriendo el amor por su pareja?

Se conocieron en la universidad. Una tarde de martes, cuando Rocío se escapó de la clase de cálculo, la que tantos dolores de cabeza le provocaba. Ricardo estaba en la plazoleta. Junto a una palma. Leía un libro. A Mario Vargas Llosa, recordaría ella.

--¿Lees todavía "La ciudad y los perros"?—le preguntó, no solo extrañada sino con una risita, entre nerviosa e irónica, para añadir--: Es una novela que se lee en el bachillerato, no cuando uno cursa una carrera universitaria

El muchacho no dijo nada. Cerró el texto. Comprendió que aquella era la oportunidad de su vida para conocer a aquella chica de pelo castaño, cejas pobladas, pestañas que semejaban una gaviota volando junto al mar cuando cae la tarde, y una risa que evocaba una cascada cristalina.

--Apuesto que tú no lees...--la retó.

Los dos rieron porque él había dado en el punto, y desde ese momento iniciaron una amistad que en menos de dos meses se convirtió en noviazgo y antes del año, en matrimonio, en una ceremonia sencilla a la que únicamente asistieron unos pocos amigos, y por supuesto, los padres.

El problema, pasados diez años, es que ella sentía que ya no lo amaba.

Las diferencias en la pareja

Los seres humanos somos diferentes por naturaleza. Genéticamente y desde que Dios formó al primer ser viviente, hay un misterio maravilloso de la creación, y es que todos—absolutamente todos—somos distintos, tanto en nuestra constitución orgánica como en la forma de pensar. El asunto no es que haya diferencias entre unos y otros, y que tales diferencias apunten a desatar conflictos. El centro del asunto está en que encontremos puntos de coincidencia en medio de tales disparidades de criterio y de concepción del mundo que nos rodea.

Cuando en la pareja se presentan divergencias, que apuntan a ser más profundas hasta tal punto que se conciba lo que usted plantea: una separación, es imperativo revisar qué condujo a ese punto. Sin duda usted descubrirá que se dejó de lado algo muy importante. Se dejó de hablar el idioma del amor, el mismo que unió a la pareja, y que se convierte en común denominador para los matrimonios.

Todo parte de la niñez. Si en esa etapa maravillosa recibimos amor, lo replicaremos en nuestra etapa de juventud y adultez. Igual, si apreciamos a nuestros padres con una relación en la que priman el amor, la comprensión y la tolerancia, lo testimoniaremos cuando estemos bajo el esquema del matrimonio. Sin ir a los extremos, puedo asegurarle. De niños, entonces, sentamos las bases para—en un futuro—amarnos, amar al cónyuge, y a los demás.

Amar es un distintivo cuando somos creyentes en el Señor Jesús, tal como leemos en la Palabra: "Y en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos a los otros" (Juan 13:35, La Biblia de Las Américas). El amor, a sí mismo y a los demás, es más que cuatro palabras o un dibujo con un corazoncito. Amor es sentimiento. Satisface la necesidad primaria de todo ser humano: amar y ser amado, hasta el punto que el apóstol Pablo le concedió muchísima prelación al escribir: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor; pero el mayor de ellos es el amor" (Romanos 13.13, La Biblia de Las Américas).

Alguien que no ha recibido amor en la niñez, en su etapa adulta estará gobernado por la "imposibilidad" de amar, y los expertos coinciden, en que lo más probable es que será alguien inestable emocionalmente.

Una forma de contribuir a la tarea de ayudar a hacer reverdecer la relación, es compartir con nuestra pareja palabras de motivación así como de reconocimiento a los esfuerzos que hacen en nuestro bien, y en esa dirección que les orienta, y por qué no decirlo, a nosotros también, de procurar la felicidad mutua.

Si bien es cierto, nadie está obligado a enamorarse, sí se puede recobrar el terreno perdido. Es la fase que se conoce en sicología como la re-conquista. Parte de la decisión que toman las personas, de mirar los aspectos positivos del cónyuge. Sin duda, al transcurrir algún tiempo, las circunstancias cambiarán y se verá nuevamente floreciendo el amor.


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