Se aferraba a la agenda con sus manos, como si se tratara de una tabla de
salvación en medio de una marejada turbulenta. Lloraba copiosamente.
Incontenible. Las lágrimas arruinaban su maquillaje, cuyos vestigios se
evidenciaban en las mejillas húmedas y enrojecidas.
--Mi esposo y yo nos encontramos desesperados—dijo, desconsolada--.
Harold, nuestro hijo, está viviendo una situación terrible, en la
cárcel. Lo acusan de robo. Lo hizo con sus amigos, jóvenes al igual que
él.—Respiró profundo, por breves instantes--. No nos explicamos por
qué razón obra así. Mi esposo y yo nos hemos desvelado por trabajar,
incluso sin descanso, y mire usted la situación en la que nos encontramos--.
Guardó silencio, apenas roto por los raptos de llanto desconsolado. Cuando
se desahogó, dialogamos un poco respecto al problema.
Lorena es contadora profesional. Ramiro, su esposo, es abogado. Acordaron
trabajar para darle a su hijo todas las comodidades que ellos mismos
habrían querido en su niñez. Dejaban el chico bajo el cuidado de una
empleada. Cuando llegaban de la oficina, generalmente el niño dormía. Por
ese motivo los pocos domingos que les quedaban libres, los aprovechaban
saliendo de paseo con Harold.
--Pareciera que nuestros esfuerzos resultaron vanos—repetía Lorena
con un dejo de desilusión.
¿En dónde se origina el problema?
Los primeros años en la vida de los pequeños son decisivos. Viven
experiencias que los marcarán para siempre, especialmente cimientos tan
importantes como el amor, el afecto, el respeto y la aceptación.
Después de analizar el estilo de vida de 12.500 niños de cinco años,
investigadores del Instituto de Salud Infantil de la Universidad de
Londres encontraron que los hijos de madres que trabajaban, tenían mayores
problemas como inactividad, baja nutrición y sobrepeso. El 65% de los
progenitores encuestados, habían trabajado al menos 21 horas a la semana,
lo que se reflejaba entre los pequeños a una marcada tendencia a ingerir
más bebidas azucaradas y a consumir menos frutas.
La investigadora, Catherine Law, explicó que ante la ausencia de sus
madres, los menores usan sus computadores o ven televisión durante al
menos dos horas por día, porcentaje que se reduce a la mitad en el caso de
los hijos que disfrutan tiempo con sus madres. Igualmente juegan más
extensamente, con sus bicicletas, corren o caminan, situación que está
asociada a una estrecha relación madres-hijos.
Es importante recabar que las horas que pasamos junto a ellos, son muy
valiosas y no se pueden comprar con dinero, ni lo reemplazan los lujos,
las posesiones materiales, la posición social o un alto volumen de
ingresos.
Los hijos son un gran tesoro como anota la Biblia: "El hijo sabio
alegra a sus padres..."(Proverbios 15:20a, Nueva Versión Internacional).
Cuando no los edificamos sobre sólidos cimientos, esos mismos chicos
pueden convertirse en motivo de amargura, enojo y sufrimiento (Cf.
Proverbios 10:1; 17:25).
No obstante, sembrarles una adecuada cimentación, determina el grado de
relación que tendremos en un futuro con ellos. Hoy es el día de tomar
decisiones al respecto, permitiendo que el Señor Jesucristo ocupe el
primer lugar en su familia, y le permita construir con solidez, ese hogar
que honre y glorifique a Dios.