El día que Osvaldo Valencia me dijo que estaba dispuesto a renunciar a la
pequeña iglesia de la que era pastor desde hacía seis meses atrás, no pude
menos que mirarlo de frente, fruncir el ceño y repetirle lo que a muchos
que están en su caso "Un hombre o una mujer de Dios jamás renuncian a
la obra que tienen a su cargo".
--Creo que no me entiende, Fernando—interrumpió--. Llevo meses
predicando y nada parece ocurrir. Siguen asistiendo las mismas siete
personas, entre ellas mi esposa y dos hijos. Creo que ya cumplí mi ciclo—concluyó
abrumado.
Osvaldo regresó a su congregación. No iba muy entusiasta. Tampoco alentado
en su propósito de desistir. En su vieja Biblia subrayó una frase sobre la
que le insistí una y otra vez:"
No volvimos a hablar mucho. El joven predicador se enfrascó en su labor.
Estaba dispuesto a dar la última batalla. Y lo hizo en medio de las calles
polvorientas y de las casas de madera, cartón y lámina que a duras penas
se sostenían, y que amenazaban con volar al infinito cuando la brisa de la
tarde bañaba aquel suburbio en el oriente de Santiago de Cali.
Ayer que nos encontramos, lucía otro semblante. Sus esfuerzos han
comenzado a rendir frutos. Está optimista. El panorama está despejado...
No podemos renunciar ahora
Quizá está enfrentando una difícil situación como pastor o líder. Siente
que no da más. Una y otra vez le asalta la idea de renunciar...
Antes que lo haga, permítame unas palabras. No es hora de volver atrás.
Mire alrededor. Hay gente que ha confiado en su labor. Aunque fuera por
una sola vida, es necesario seguir adelante. También por aquellas almas
solitarias, así sean muy pocas las que asisten a nuestra congregación, es
necesario luchar. La sangre preciosa del Señor Jesús se vertió en la
sangre por todos ellos.
Inténtelo una vez más. Los vencedores no renuncian. Siguen adelante sin
mirar las tormentas que les rodean. Usted es un ganador. Cristo ganó la
batalla por usted. Es hora de que revise sus metas y, tras reconocer que
es Dios quien nos fortalece, reemprenda el camino. Adelante. Usted fue
llamado a vencer...