Los primeros experimentos fueron un fracaso. En una ocasión casi quema la
casa, cuando los cables que pretendía generarían un sonido metálico en la
guitarra conectada a un amplificador, produjeron corto. Las luces
invadieron toda la estancia, con el mismo brillo de un relámpago en una
noche de tormenta.
Sergio Jordá tenía entonces veinticinco años y el sueño de avanzar en la
producción de música electrónica. Se limpió en sudor con una toalla, y
ayudado por un periódico, sacó el humo que se resistía a salir del taller.
"Estás loco…", le gritó su esposa desde la cocina, aterrorizada de
que el estruendo estuviera asociado con un daño en la estructura de la
casa.
Luego vino la experimentación con computadoras. Una fascinación. Varias
veces pasó la noche en vela, pegado a la pantalla del ordenador, ensayando
con uno y otro programa hasta escuchar melodías, creadas a partir de la
informática, que le despertaron la convicción de que se podría interpretar
toda una sinfonía con un simple equipo.
Error, acierto. Una cadena. Identificar las fallas y corregirlas. Hasta
una de sus invenciones más fantásticas: la tabla musical. Una composición
de piezas de acrílico que emiten un sonido cristalino cuando se deslizan
por un tablero traslúcido, iluminado por una cámara.
A sus cuarenta y seis años, se le considera un genio. Un español con una
creatividad que se adelanta en el tiempo. Su originar aparato permite que
hasta cuatro participantes, moviendo o situando los objetos de diferentes
formas, produzcan efectos sonoros difíciles de emular.
--Creo que la clave de todo ha sido la perseverancia--, asegura
Sergio Jordá quien visitó una feria de novedades tecnológicas en mi amada
Santiago de Cali.
Perseverancia, la clave
La perseverancia es clave para vencer los problemas. El apóstol Pablo lo
explicó en los siguientes términos en una carta magistral a los creyentes
de Corinto: "¿No saben que en una carrera todos los corredores
compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que
lo obtengan. Todos los deportistas se entrenan con mucha disciplina. Ellos
lo hacen para obtener un premio que se echa a perder; nosotros, en cambio,
por uno que dura para siempre. Así que yo no corro como quien no
tiene meta; no lucho como quien da golpes al aire. Más bien, golpeo
mi cuerpo y lo domino, no sea que, después de haber predicado a otros, yo
mismo quede descalificado" (1 Corintios 9:24-27. Nueva Versión
Internacional).
Para vencer los problemas y, como lo aprendemos en el pasaje, debemos
someter nuestra naturaleza carnal a Dios. Llevar a la práctica aquello que
aprendimos. Perseverar. No dejar que las dificultades nos conduzcan al
abismo de la desesperación. Si caemos, debemos levantarnos de nuevo.
Tenga presente siempre, por encima de las situaciones difíciles por las
que esté atravesando, que en Dios fuimos concebidos para ser vencedores y
no dejarnos amilanar ante los problemas. ¡Desarrolle esa condición en su
vida! Permítale a Jesucristo manifestarse con poder en su existencia.