Una rutina de siempre, antes de cada espectáculo. Israel revisaba el
sistema operativo del cañón. Verificaba con la delicadeza y dedicación de
un relojero, hasta los más mínimos detalles, velando porque los engranajes
funcionaran sin ningún inconveniente.
Actuaba como "hombre bala" en un circo. A él le emocionaba ver los
rostros expectantes e incluso los gritos de emoción o de terror—jamás pudo
explicárselo—cuando salía disparado a más de quince metros de altura.
Sentía un cosquilleo en todo el cuerpo, pero lo embargaba también la
sensación de libertad. Desafiar la ley de gravedad era su mayor reto, pero
también su más acariciada ambición.
Había nacido bajo las carpas del circo. Su madre también era artista.
Trapecista primero y luego, quien caminaba sobre la cuerda floja. Por eso
no le temía a los riesgos. Pero aquél día fue distinto. La bala humana
emergió del artefacto decorado con colores alegres. El impacto fue más
fuerte que de costumbre, recordaría después Israel, mientras se recuperaba
en una clínica de la ciudad.
En cuestión de segundos se estrelló contra el tablado. Un golpe seco,
fuerte, que le produjo un dolor indescriptible. "Una verdadera
pesadilla", relató al propietario del espectáculo circense.
A pesar de la gritería de los setecientos asistentes, la velada no se
interrumpió, y salieron los payasos a protagonizar un número en tanto
retiraban el cuerpo del muchacho. Afortunadamente no murió. Sólo unos
huesos rotos y un susto tremendo. "Dios guardó mi vida", susurró
con una sonrisa cuando la enfermera que dijo que volvía a vivir.
Dios nos fortalece y concede firmeza
La vida encierra peligros. Aunque no nos percatemos, en todo momento
estamos con una espada pendiente sobre nosotros. ¿La razón? La muerte
puede llegar en cualquier momento y debemos estar preparados. Lo mejor es
estar a cuentas con Dios.
¿Un consejo? Someta cada día en manos de Dios. Permítale que Él tome
control de cada instante de su existencia. Nuestro amoroso Padre celestial
nos guarda y protege, tal como anotan las Escrituras. "Por lo cual
no resbalará jamás; en memoria eterna será el justo. No tendrá temor de
malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová. Asegurado está
su corazón; no temerá, hasta que vea en sus enemigos su deseo" (Salmos
112:6-8).
Usted y yo nacimos para vivir, y vivir a plenitud. Nada mejor para
lograrlo, que en una estrecha dependencia de Dios. Él no solo nos lleva a
la victoria sino que nos cuida cuando enfrentamos peligros; y si
enfrentamos una situación difícil, nos ayuda a encontrar la salida.