El recuerdo más hermoso que por años llevó en su corazón Julia Buterfly,
fue la de una mariposa cuando se posó con delicadeza sobre su hombro, una
mañana soleada y risueña. La asoció con todo el tiempo que pasó sentada en
una silla, tras el accidente cerebral que la obligó a permanecer muchos
años apreciando los bosques y disfrutando el canto de las ramas mecidas
por el viento en el atardecer.
No se llenó de amargura, por el contrario, disfrutó cada instante y logró
aprender sobre la hermosura de los instantes, segundos, minutos y días
rodeada de la naturaleza y extasiada por la esencia de los jazmines en
flor cuando caía la noche.
Nació en el seno de una familia cristiana de Arkansas, en Estados Unidos.
Su padre era un pastor itinerante y a pesar de las condiciones económicas
difíciles, jamás perdió ni la alegría ni las ganas de vivir. Por el
contrario, se fijó metas loables, una de la cual fue su graduación como
Administradora de Empresas, cuando apenas iba a cumplir 22 años.
Pero lo que le sacó del anonimato fue el hecho de pasar 738 días subida en
un árbol, a 50 metros de altura. Desde allí estudiaba, hablaba por
teléfono celular, atendió a los periodistas que le interrogaban sobre su
decisión e incluso, leía y escribía. Optó por esa medida extrema el 10 de
diciembre de 1997, para evitar que cortaran un árbol con más de sesenta
años, al que se subió sin temor alguno. Aquél fue su habitación hasta el
18 de diciembre de 1999. Lo hizo por convencimiento.
Finalmente las autoridades de la ciudad indultaron el bosque. "Valió la
pena el esfuerzo", dijo a un tele noticiero local, refiriéndose a su
esfuerzo de varios meses.
¿Tienes claro por qué vives?
Una frase que me ha impactado siempre, y que no voy a atribuir a nadie en
particular, la escuché en mi época de estudiante de secundaria: "Quien
no tiene un motivo para morir, bien poco puede asegurar que vale la pena
vivir".
Los cristianos, por ejemplo, tenemos una causa específica: la necesidad de
vivir a Cristo y permitirle que Él transforme nuestra forma de pensar y
actuar. Si nuestra fe es solo superficial y se circunscribe a hablar mucho
y obrar poco, tenemos graves problemas y debemos revisar nuestra
concepción de ser cristianos.
Julia Butterfly tenía claro no solo en qué creía, sino por qué actuaba
así. Esa fue la razón que le llevó a defender sus convicciones. Hace
recordar aquellos principios que aprendemos en la Biblia y que nos
conducen a ser hombres y mujeres de excelencia: "En los que fraguan
el mal habita el engaño, pero hay gozo para los que promueven la paz. El
justo es guía de su prójimo, pero el camino del malvado lleva a la
perdición" (Proverbios 12:20, 26. Nueva Versión Internacional).
¿Vive su fe?¿Comparte con hechos más que con palabras, aquello en lo que
cree?¿Es cristiano por conveniencia o por convicción? Tres interrogantes
que deben llevarlo a una profunda reflexión hoy.
Pienso en los miles de cristianos que han muerto por su fe en África,
China e India. Estaban tan profundamente arraigados en su condición de
cristianos, que no les importó ir hasta las últimas consecuencias. Y
usted, ¿qué haría por Cristo y por vivir en su condición de creyente?