Por años trabajar en la compañía le pareció un verdadero martirio. Días
que comenzaban calurosos y se perdían en horas que llegaron a parecerle
eternas. Andrés encontraba aburridos, no solo los lunes sino que después
de vacaciones, se resistía a iniciar de nuevo sus jornadas. Sólo Dios,
cuando entró en su corazón, transformó sus emociones y esas modificaciones
sustanciales, le llevaron a ver la vida desde una perspectiva diferente.
Un reciente estudio que difundió la Universidad de Harvard, revela de qué
manera las emociones afectan el desempeño laboral. Son responsables de que
tengamos éxito o fracaso. La forma de pensar—insisten los
especialistas—puede modificarse.
El tener éxito no es asunto de coeficiente intelectual, como se pensaba
hasta mediados de la década de los noventas. En alcanzar cada día nuevos
peldaños en la escalera hacia la realización personal, influyen la
motivación, el entusiasmo y plena conciencia de que con lo que hacemos,
afectados positiva o negativamente a los demás.
¿Desde cuándo se forman los ganadores? Tiene dos variables. La primera es
que Dios nos creó para ser ganadores, y la segunda, que es una condición
que se forja desde la niñez. Los triunfadores se hacen, y van de la mano
con Jesucristo.
A sus hijos debe prepararlos desde su tierna infancia para enfrentar y
resolver problemas. Sólo instruyéndolos, animándoles y haciéndoles sentir
que usted estará a su lado en los momentos de dificultad, logrará que
tengan menos problemas académicos, logren mayor rendimiento en sus
asignaturas, disminuyan el grado de violencia y agresividad propio de la
etapa de la adolescencia y que encaren el futuro con confianza.
Condición de ganadores
Todos los seres humanos fuimos concebidos por Dios con las potencialidades
para ser ganadores, cualquiera sea la circunstancia que enfrentemos.
Ganadores en el trabajo, en el estudio, en la vida familiar, en la
iglesia. El encaminarnos a la derrota, es una decisión personal.
Generalmente parte del distanciamiento de dios. Sin Él conquistamos
derrota tras derrota.
La excelencia se logra cuando permitimos que Él se manifieste en nuestro
ser. La Biblia enseña que: "El hombre bueno recibe el favor del
Señor, pero el intrigante recibe su condena. Nadie puede afirmarse por
medio de la maldad; sólo queda firme la raíz de los justos. En los planes
del justo hay justicia, pero en los consejos del malvado hay engaño. El
justo atiende a las necesidades de su bestia, pero el malvado es de mala
entraña" (Proverbios 12:2, 3, 5 y 10. Nueva Versión Internacional).
Dios bendice a quienes caminan en Su voluntad. Nos torna firmes,
victoriosos. Nuestras acciones siempre estarán rodeadas de benignidad. Es
algo que se hace real, porque Él—nuestro amado Señor—transforma nuestro
corazón que es la parte más profunda y significativa, y por ende, nuestra
forma de pensar y de actuar.
Le invito para que hoy de un paso hacia la excelencia. Reciba a Jesucristo
en su corazón como Señor y Salvador. Permítale obrar en su ser. Puedo
asegurarle que es la mejor decisión, que se reflejará en todas sus
acciones. Se lo agradecerá su familia, quienes le rodean e impactará al
mundo entero.