El examen en la universidad fue un rotundo fracaso. José Simón recibió la
nota de mano del profesor de matemáticas. Impasible, como siempre; como
tomado de una fotografía en un museo de cera. Sin gestos. "El suyo",
se limitó a decirle. Para el joven fue un golpe demoledor. Alrededor
rostros que reflejaban alegría. En su corazón una profunda tristeza.
Pensó en su padre. Albañil Pasados los cincuenta años. Ojos cansados,
canas que emergían traviesas poblando sus sientes, y movimientos lentos,
dejando entrever que el tiempo no pasa en vano. "No puede ser que mi
papá esté enfrentando el sol, y yo aquí, tranquilo, perdiendo evaluaciones",
se quejó, molesto consigo mismo.
Al principio creyó que era un fracasado. "Mi abuelo sí me dijo que ésta
no era mi carrera", razonó, pero inmediatamente después recordó que
ser ingeniero industrial era su sueño desde niño, cuando le dijo a su
familia—en ese hecho incoherente que jamás se explicará--, mientras
visitaba un parque de diversiones: "Seré el que dirige empresas, como
aquella en que trabaja papá".
Perder el quid se constituyó en un enorme reto. Pidió explicaciones aquí,
comprobó allá. Y se enamoró de los números, los mismos que le parecían una
tortura. Desde entonces, le apasionaron más que las películas de Patrick
Swaize. No solo terminó su carrera como un aventajado estudiante, sino que
admitió que un aparente fracaso fue el que le llevó a convertirse en
ganador.
No se pregunte: ¿Por qué? Sino, ¿Para qué?
La vida está llena de sorpresas. Situaciones que tocan a nuestra puerta de
manera inesperada y que, si no estamos preparados para enfrentarlas, sin
duda nos moverá el piso. A una amable señora que me escribía desde Chile,
desesperada por los tropiezos que le presentaba la vida, le respondí: "Como
somos vencedores en Jesucristo, nos esforzamos en Él para vencer y no nos
preguntamos ¿Por qué? Sino, ¿Para qué?".
Cada circunstancia nos permite crecer. ¿La razón? Aprendemos, y cuando se
aprende, se avanza. Es un principio de éxito que aprendemos en la Biblia:
"El que ama la disciplina ama el conocimiento, pero el que la
aborrece es un necio. El Señor aborrece a los de labios mentirosos, pero
se complace en los que actúan con lealtad" (Proverbios 12:1, 22. Nueva
Versión Internacional).
Ahora, es posible que ante circunstancias adversas usted se oriente a la
queja y auto compadecerse. Puedo asegurarle que jamás dará un paso
adelante. Por el contrario, experimentará tremendos reveses que le
llevarán a sentirse derrotado.
Bien sea que se trata de hechos que nos tomen desprevenidos o que los
acontecimientos contrarios sean producto de nuestros errores, si somos
fieles a Dios y además, estamos dispuestos a aprender a partir de las
fallas, adquiriremos sabiduría en cada nuevo episodio y escalaremos
siempre hacia la victoria. Jamás olvide que en Jesucristo usted es un
vencedor.