Pensó que era un juego. Rosa Libia y sus amigas de colegio. "Es un
juego que descubrí en casa de mi abuela", dijo alguien. En la parte
superior estaba el nombre: "Ouija". Otra alumna dijo que era
sencillo y explicó cómo podían participar. Pasaron toda una tarde, después
de la jornada académica, haciéndole preguntas a la Tabla, que guiaba sus
manos para desplazarse de letras a números, informándoles respecto de
aquello que querían saber.
Conforme se metían en ese mundo ocultista, más querían profundizar y
cuando Amanda les dijo que estaba tarde, respondieron casi al unísono: "Hagámoslo
por última vez".
Ese fue el inicio de todo un drama que tocó las fibras más sensibles de
Pueblo Rico, en Colombia. Dieciséis estudiantes de secundaria resultaron
poseídas por el demonio. El cura intentó echar fuera esos entes que las
dominaban, llevándolas a proferir gritos, lamentos e incluso, a expresarse
con voz gutural, que ora sonaba a la de un niño y otra, a una mujer muy
adulta.
El pastor Juan José, Pentecostal, ministró liberación a las jovencitas.
Una lucha que tardó cuatro horas, asistido por varios miembros de la
congregación, hasta que por fin quedaron libres de la posesión.
"Jamás volveríamos a jugar con esa Tabla", dijo horrorizada Karen
Tatiana, una de las más afectadas.
Los habitantes del pueblo, que se limitaban a decir que el demonio era
cuento de viejas, comprendieron que era real; pero algo más: entendieron
que en el nombre de Jesucristo era posible que se rompieran todas las
ataduras.
A Satanás lo exhibieron derrotado
Una de las estrategias de Satanás para procurar desánimo o un revés
espiritual en el cristiano, es recordarle los pecados del ayer. Al más
mínimo error, desata pensamientos derrotistas: "¿Cómo que eres
cristiano y mira el pecado que cometiste? Yo que tú, ni siquiera volvería
a la congregación. ¡Eres un hipócrita?" Y hay creyentes que en su
ignorancia le otorgan "poder" a lo que dice el diablo y se estancan o
vuelven atrás.
Pues le tengo una excelente noticia: Satanás y sus huestes ya fueron
vencidos, como anota el apóstol Pablo cuando escribe: "Y cuando
estabais muertos en vuestros delitos y pecados y en la incircuncisión de
vuestra carne, nos dio vida juntamente con El, habiéndonos perdonado todos
los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en
decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en
medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y
autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos
por medio de Él" (Colosenses 2:13-15. La Biblia de Las Américas).
Los niños, que por su inmadurez a veces resultan crueles, solían
escarnecer a una mujer demente a quien apodaban "Tabaquera". Le
gritaban "Esa ropa es mía...".
La señora se despojaba de sus prendas y protagonizaba un evento
bochornoso, no solo por sus lamentos sino por la desnudez que
escandalizaba a los transeúntes.
Un día alguien le hizo entender, pese a que la mujer no estaba en sus
facultades, que nadie podía quitarle lo que le habían regalado. Desde
entonces, cuando la hostigaban, ella respondía no con dolor sino con
alborozo: "Están locos… Está ropa es mía"
Igual con usted y conmigo. Ya el Señor Jesús pagó por nuestra maldad y
yerros del ayer. Todo pensamiento que arroja en nuestra meta Satanás, está
orientado—como parte de su estrategia sucia-a ganar terreno para llevarnos
a una crisis personal y espiritual.
Recuerde que Cristo perdonó todos nuestros pecados. Algo
más: La Escritura, dice Él—nuestro amado Salvador—anuló todo lo que había
en contra nuestra. A este hecho debemos ligar otro elemento, y es que
Jesús exhibió públicamente derrotado a Satanás y todos sus secuaces.