"Mi marido es un perdido borracho", le contó a Alicia, su mejor
amiga, el día que ella la sorprendió llorando, con un tremendo hematoma en
la cara. "Ayer, preso de la ira y en medio de una tremenda resaca, me
golpeó", terminó confesándole.
La respuesta de ella no fue: "Sepárate, ya has soportado bastante", ni
tampoco: "No te dejes agredir; respóndele con la misma moneda".
Simplemente le aconsejó: "Ora a Dios, que transforme a tu marido".
Por supuesto, le incomodó. No esperaba esa respuesta. Es más, hubiese
preferido que no le dijera nada. ¡Estaba tan molesta! Creía que ya no era
posible soportar a su marido. No obstante, después que se le pasó la
rabia, decidió acoger la sugerencia y fue al Señor Jesus en oración.
Los días siguieron grises por mucho tiempo, aun cuando el sol lucía
esplendoroso, se colaba travieso por las ventanas, e invadía todas las
estancias, con esa luz que no daba márgenes a duda: todo podía ser mejor.
Pero Rosalba enfrentaba la misma situación. Su esposo seguía bebiendo
todos los días, siempre con un nuevo pretexto, y generalmente después de
terminar su labor en la oficina.
Ella no dejo de buscar a Dios en oración. Se convirtió en su tabla de
salvación. Lo hacía apenas tenía tiempo. Una labor permanente. ¡Y el Señor
respondió! Orlando comenzó a experimentar cambios, primero en su forma de
pensar, que dejó de ser machista, y posteriormente en su trato con ella.
Las cosas comenzaron a ser diferentes. Hoy le acompaña en las reuniones de
la iglesia. Es fiel. Asiste todos los domingos y en semana, cuando sale
temprano del trabajo…
No hay límites para recibir
Ya sea que necesitemos un milagro de liberación, sanidad física, provisión
económica o resolución de un conflicto, hay una ruta que debemos seguir y
que la integran tres principios: pedir, creer y recibir. Así lo dejó
sentado el Señor Jesús cuando enseñó a sus discípulos: "Y todo lo
que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mateo 21:22).
Pregúntese por un instante: ¿Realmente pido la intervención de Dios en
momento de necesidad? Si le pido algo, ¿creo con sinceridad de corazón que
Él responderá?¿He comprobado que cuando pido a Dios y creo en Su poder,
recibo aquello por lo que he clamado?
Eso implica que, por supuesto, cambiemos nuestros paradigmas y dejemos de
lado, de una parte toda sombra de duda, y de otra parte, el tratar de
resolver los problemas a nuestra manera y en nuestras fuerzas,
desconociendo que a favor de quienes oran se libera el poder ilimitado de
nuestro amado Señor.
¡Hoy es el día para su milagro! Basta que se disponga a creer. ¡Tome la
decisión de orar y esperar en Dios! Verá como su vida experimenta un
cambio maravilloso.