La Biblia con la que andaba Jorge, tenía cubierta de piel, cantos dorados,
letras rojas cuando se trataba de las parábolas del Señor Jesús y una
amplia concordancia. La mostraba con orgullo cuando se movilizaba en el
Metro de la ciudad. "Se darán cuenta que soy cristiano", pensaba.
Cada vez que la portaba, se veía radiante. Su rostro dibujaba una sonrisa
que ni siquiera el freno intempestivo del transporte masivo lograba
quitarle. "Soy cristiano", repetía por lo bajo.
Pero, cuidado con decirle que debía trabajar unos minutos más, o que debía
limpiar las sillas del templo. ¡Nada de eso! Si su madre le pedía ayuda
para arreglar la casa, los fines de semana, se llenaba de molestia. Un día
que se le acercó un mendigo a pedirle un pan, arrugó el ceño, colocó la
Biblia a un lado y le explicó a otra persona que estaba junto allí en la
cafetería: "Uno debe ser desconfiado. Quién me puede asegurar que aquél
sujeto no sea un truhán".
Dos caras. Fases distintas. Dependía de si andaba o no con la Biblia
reluciente. Un día mientras colocaba un cuadro en su habitación, el
martillo dio con su dedo. Él miró a los lados, verificando que nadie la
viera, y profirió un grito acompañado de una palabra soez.
"Mauricio no es cristiano sino cristino", comentó un compañero de
trabajo. "Cristiano, querrás decir", le corrigió otro, a lo que el
primero acotó: "No, cristino… sin a… porque no da testimonio"
Nadie creía en lo que predicaba. Le calificaban de farsante, pero él
seguía firme, con la doble faz, sin dejar en casa su enorme Biblia que en
la distancia mostraba que se congregaba en una iglesia.
Hechos y no palabras
Si alguien le ha causado un enorme daño a la iglesia evangélica, son los
cristianos que no dan testimonio de vida. Predican una cosa, y hacen otra.
Solamente palabras, nada de hechos. Como en la vieja parábola del Buen
Samaritano, con la diferencia de que ellos son los fariseos.
Los valientes del Señor Jesús, sus seguidores, se deben caracterizar por
hacer más que por decir. En otras palabras, dejar tanta retórica y pasar a
los hechos.
El amado Salvador lo dejó claro cuando enseñó a sus discípulos respecto de
quiénes eran verdaderos creyentes y además, comprometidos: "Porque
tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui
forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y
me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le
responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te
sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos
forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos
enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá:
De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos
más pequeños, a mí lo hicisteis" (Mateo 25:35-40).
Es importante que revise cómo anda su vida de fe y que, de encontrar
falencias, se disponga a corregirlas con ayuda del amado Señor Jesús.
Recuerde que en nuestras fuerzas no es posible cambiar, pero sí con Su
divino poder.