El problema vino cuando Aurora anunció que iba a vender su casa, en un
puerto cercano. "Necesitamos colocar un clasificado", les dijo a
sus hijas. Fue una mañana, mientras desayunaban. Los nietos jugaban en el
patio. El murmullo de sus vocecitas se podía percibir desde donde se
encontraban los adultos. El sol lucía prometedor para un día hermoso en mi
amada Santiago de Cali.
--Mamá, no se si se ha vuelto loca…--le dijo furibunda Lucila, su
hija mayor.—Esa propiedad era de nuestro padre, ya fallecido, y si la
vende, nos da la parte que nos corresponde--.
La madre no salía de su asombro. "Creo que no entienden lo que pasa.
¡Es necesario vender!".
--Usted es la que no entiende, mamá—repostó Sandra, la mayor--.
Si vende, me da lo que me corresponde--.
Ese fue el comienzo de una guerra campal en la que se mezclaron frases
hirientes hacia la progenitora, comentarios gobernados por la ambición,
proyectos de qué harían con el dinero, y por supuesto, las acciones
orientadas a sacarla del camino.
"No he hecho más que orar a Dios", me dijo Aurora cuando hablamos
del asunto. Aquella tormenta le sirvió para descubrir las ambiciones que
albergaban sus hijas, pero también, para prenderse de la mano del Señor
Jesús en oración.
Los problemas y el crecimiento
Aunque salen al paso, tomándonos muchas veces por sorpresa, los problemas
no deben impedir nuestro crecimiento personal y espiritual. Por el
contrario, debemos tener claro que la vida cristiana tiene una dinámica
que tiende a llevarnos nuevos niveles.
Siempre estaremos orientados al crecimiento. Al respecto el apóstol Pablo
escribió a los creyentes de Filipos: "No es que ya lo haya
conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante
esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.
Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa
hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está
delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios
ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús" (Filipenses
4:12-14. Nueva Versión Internacional).
Este pasaje es muy enriquecedor por que nos lleva a reflexionar en un
hecho fundamental y es que no somos perfectos. Por el contrario, estamos
creciendo siempre. La palabra meta proviene del término griego
Skopòs que traduce "Una marca sobre la cual fijar la mirada. Un
blanco" Es decir, usted y yo estamos de camino hacia un lugar
específico, Cristo, andar en Su voluntad y como Él, en quien debemos poner
la mirada. Las dificultades no deben desviarnos de ese objetivo.
Si Dios nos sacó del pasado, donde estábamos inmersos en miles de
problemas, eso no significa que podamos seguir atados al ayer. Los errores
pasados no deben amarrarnos. Si ayer vencimos, tampoco podemos gloriarnos
en esas victorias. Los nuevos logros deben alcanzarse hoy, y eso es
posible si nos mantenemos asidos de la mano de Jesucristo. Sólo de esta
manera avanzaremos en el crecimiento de la fe cristiana, asumiendo nuevos
pensamientos y actitudes conforme al Evangelio en el que estamos
creciendo.
El apóstol Pablo a quien hemos aludido una y otra vez, compara la
situación con una batalla y llama a los creyentes a pelear, con
constancia, asidos al amado Hijo de Dios (1 Timoteo 6:12).
Este batallar nos obliga a guardar el testimonio cristiano y a no desviar
nuestra mirada de la vida eterna, hacia la que estamos marchando. ¡Ánimo!
Usted puede vencer siempre, con ayuda del Señor Jesucristo.