La cuenta de cobro del apartamento le llegó el sábado en la mañana, cuando
se alistaba para salir al ayuno en la congregación. "Es urgente",
le advirtió el mensajero. Por instantes él no quiso abrir el sobre. Sin
embargo lo venció la curiosidad. Lo hizo. Allí aparecía la noticia de la
enorme suma de dinero que adeudaba, incluidos los intereses, y la fecha
para un eventual lanzamiento jurídico.
"No puedo estar enfrentando esta situación, Dios mío", repitió
presa de la angustia. No quiso ir a la celebración en el templo. Su estado
de ánimo estaba por el piso.
El domingo siguiente, después de haber pasado la noche en vela, se dio a
la tarea de batallar por un milagro. Aun cuando llevaba cuatro meses sin
empleo, y las facturas se acumulaban junto a la alacena, se dispuso a
doblar rodilla en oración a Dios, creyendo por un milagro.
José Alberto Adamez, quien reside hoy en Tegucigalpa, vio colmado su
anhelo en el poder del Señor. Pero al compartir su testimonio en la
congregación, hizo énfasis en que había aprendido mucho e incluso, crecido
a partir de las dificultades.
¿De qué nos enfrentar problemas?
Aunque en medio de la zozobra en que nos sumen los problemas, no
encontramos razón para que existan, pueden beneficiarnos. Claro, es una
perspectiva que tal vez no comparta conmigo, pero puedo asegurarle que es
real. A partir de las dificultades aprendemos mucho. Los errores nos
permiten crecer.
Es evidente que no siempre los estamos en la cima de la victoria.
Enfrentamos tropiezos, generalmente inesperados. Y es así ya que, el
militar en los caminos de Cristo, no puede equipararse con estar en un
parque de diversiones.
El apóstol Pablo describe vívidamente esta situación cuando en su carta a
los creyentes de Corinto les explica: "Pero tenemos este tesoro en
vasijas de barro para que se vea que tan sublime poder viene de Dios y no
de nosotros. Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos,
pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero
no destruidos. Dondequiera que vamos, siempre llevamos en nuestro
cuerpo la muerte de Jesús, para que también su vida se manifieste en
nuestro cuerpo" (2 Corintios 4:7-10, Nueva Versión Internacional).
Tome nota de algo sumamente importante: no debemos desesperarnos ni
rendirnos aunque arrecie la tormenta a nuestro alrededor, y además, es
imperioso aprender a perseverar a través de los problemas. Con base en
esto podemos concluir que, en nuestro diario vivir al lado de Jesús, lo
que experimentamos es un proceso constante de aprendizaje y crecimiento,
tanto personal como espiritual en el que los contratiempos juegan un papel
importante.
¿Qué nos lleva a afirmar esto? La certeza de que los problemas son
naturales en la vida de toda persona y más cuando somos cristianos, porque
al aceptar a Jesús no compramos un seguro contra toda contrariedad.
Es importante que meditemos en el error que encierran cuatro premisas muy
comunes en la sociedad al hacer alusión a la vida de fe:
a.- "Si aceptamos a Cristo, todos los problemas se acaban". La
Biblia no dice eso. Es probable que aumenten.
b.- "La Biblia tiene la solución a todos los problemas". En
todos los casos desarrollamos fe y confianza en la guía del Señor.
c.- "Si tiene problemas como cristiano, seguramente está en pecado".
No podemos desconocer el hecho de que los grandes batalladores de la fe en
la historia han enfrentado problemas. Y por último:
d.- "La sana doctrina quita del camino los problemas". La
Biblia es como un mapa. Nos dice a donde llegamos, pero debemos emprender
el camino.
Si enfrentamos dificultades y avanzamos tomados d ela mano del amado Señor
jesús, desarrollaremos en nosotros la condición de vencedores con la que
Él nos creó. Recuerde, usted y yo fuimos concebidos para sobreponernos a
los problemas e ir siempre, de victoria en victoria.