Argumentó que tenía las hormonas alborotadas. "No puedo dejar pasar la
oportunidad", comentó a sus amigos. Nadie dijo nada, porque igual:
todos compartían el deseo de tener intimidad con aquella mujer, la más
avezada y conocedora de los artilugios de los amores furtivos. Cuando ella
pasaba por algún lugar, las comadres comentaban por lo bajo que era una "perdida"
y si iban con el marido, le daban tremendo pellizco por "andar mirando
lo que no debes".
Ese día fue inolvidable para Jairo, no solo por los momentos de pasión de
los que se enteraron los ocupantes de cuartos vecinos en el motel, sino
porque esa noche de jueves quedó contagiado de Sida.
Un secreto que aquella mujer no compartió con él, y que a la postre, tres
años después, le llevaría a una muerte inevitable en medio de una gripe
que al principio creyó era "por el cambio de clima" y que el médico
especialista atribuyó a una "baja de las defensas".
El sepelio duró más de lo previsto, porque tan solo en el velorio pasaron
dos días. El cuerpo permaneció expuesto a mitad de la calle, sobre una
mesa de madera vieja, con cuatro velones en los extremos y unas rosas que
se secaron por el calor de la tarde. ¡No conseguían ni para comprar el
ataúd ni para financiar la bóveda en el cementerio!
"Mi muchacho cometió una locura con esa mujer, pero era buen muchacho",
se lamentaba Rosaura ante las amigas que venían a consolarla. La causante
de su desgracia huyó ante la amenaza de que iban a lincharla, y dejó en la
habitación dos cajas de cartón con ropa olorosa a húmedo, unos zapatos de
tacón alto y dos ollas en las que preparaba café y arroz.
El mayor problema vino después del funeral, porque nadie más volvió a
comprarle a Rosaura los sancochos de gallina, de los cuales derivaba su
sustento y el de su hijo. "Tiene Sida", decían los otrora
compradores. Además de que perdió a su muchacho, al que siempre recordaba
jugando a las canicas, lo perdió todo y debió marcharse a otro barrio
donde no la conocieran para emprender nuevamente su venta de comidas.
¿Cuál es el plan de Dios?
La intimidad sexual en el plan de Dios solo es concebible al interior del
matrimonio. Tener este tipo de contactos solo para dar rienda suelta a los
deseos de vivir el momento, como ocurre con muchos adolescentes y jóvenes,
va en contravía del propósito divino y acarrea vacío espiritual,
sentimental, emocional y lo más grave: la transmisión de graves
enfermedades. Incluso, muchos casos de cáncer en la mujer están vinculados
a su iniciación sexual temprana.
El asunto fue esbozado claramente por el apóstol Pablo cuando escribió:
"Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos»; así
es, y Dios los destruirá a ambos. Pero el cuerpo no es para la inmoralidad
sexual sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo" (1 Corintios 6:13,
Nueva Versión Internacional) Obrar contrario a este principio está
llevando a nuestra juventud al abismo.
Aun cuando el panorama luce ensombrecido ¡Todavía hay esperanza! Está en
el Señor Jesucristo. Si le permitimos que reine en nuestros hogares,
sociedad, lugar de trabajo e iglesia, y aplicamos los principios que Él
enseñó y que están contenidos en la Biblia, habrá cambio. Son los mismos
principios que aprendieron nuestros padres y que las nuevas generaciones
desecharon hasta llegar al caos que apreciamos hoy día.
¡Hoy es el día para que emprenda el cambio! Con ayuda del Señor Jesús
podrá lograrlo.